dimarts, 22 de setembre del 2020

¿Por qué escribo?

Recomenzar

Ponerse a escribir de nuevo algo para publicar en el blog después de unas cuantas semanas sin hacerlo resulta costoso. Parece como si no fueras capaz de encontrar un hilo conductor suficientemente sólido sobre temas en los que piensas que vale la pena decir algo, entre otras razones porque es el mejor método que he encontrado para no dejarme llevar por impulsos primarios al juzgar situaciones, decisiones, acontecimientos, comportamientos… y, a la vez, para cuestionarme respecto a ellos.

Tengo la ventaja de poder realizar esta tarea sin una dependencia profesional; además, hace ya bastante tiempo que percibí que conviene no agobiarse por el número de lectores que sea capaz de aglutinar, en parte porque no sé hasta qué punto son fiables los datos que me ofrece el contador de blogger. Habiendo tanto donde escoger con propuestas muy atractivas, hay que agradecer que haya alguien que te preste atención.

Lo que he constatado es el aprendizaje que adquiero con ello, hasta el punto de considerarlo como un medio muy propicio de conocimiento propio. Cuando pones blanco sobre negro lo que te bulle en la cabeza, el asunto que se trata adquiere una nueva dimensión, intervienen factores racionales que moderan los emocionales. Si, además, lo expones en un escaparate al alcance de un público vasto e indeterminado se convierte en un acicate -cuando no se buscan parabienes- para expresarse de la manera en que uno entiende las cosas, con las limitaciones lingüísticas y literarias que arrastra, huyendo de convencionalismos y estereotipos sociales, con el propósito que pueda ser útil para alguien.

¿Por qué escribo? Necesito canalizar mis pensamientos e inquietudes y, en mi caso, es un medio provechoso para hacerlo.