dilluns, 24 de febrer del 2020

El miracle dels aglans



La generositat sempre té premi


Algú va pensar que era un misteri de la naturalesa, que s’havia regenerat tota sola en aquell paratge que fins feia no gaires anys era erm e inhòspit; no cabia en la seva imaginació que un ésser humà en fos responsable. I tanmateix era fruit de la tasca pacient, constant i generosa d’Elzéard Bouffier, un home solitari que havia perdut –eren morts- el fill i la muller; un ramat d’ovelles i el gos eren la seva companyia habitual.

Durant un munt d’anys va anar plantant diàriament un centenar de glans per la contrada. Quan Jean Giono el va conèixer ja n’hi havia plantat cent mil en tres anys, dels que vint mil havien brotat i “calculava que se’n perdrien la meitat per culpa dels rosegadors o de tot allò que és imprevisible en els designis de la Providència. Quedaven deu mil roures que creixerien en un paratge en el qual, abans, ni hi havia res de res.” (1)

Jean Giono
La tasca d’Elzéard va continuar un munt d’anys més allunyant-se cada cop més del seu cau, introduint alhora llavors d’altres espècies arbòries; alguna d’elles no va quallar, inutilitzant la feina d’un any sencer. Malgrat el desànim que això pot produir no el va aturar i tot aquell indret gairebé mort va recobrar la vida, l’aigua va tornar a aparèixer, les fonts seques van tornar a brollar...

Elzéard no es va preguntar de qui eren aquells terrenys; ni el va arronsar adonar-se del poc rendiment aparent de la seva inversió -com a molt el deu per cent, dit d’un altre manera, el noranta per cent del seu treball es podia considerar debades-; ni va témer que algú podria arrabassar el que s’havia aconseguit amb el seu esforç; ni cercava notorietat, glòria humana o reconeixement; ni el va aturar el desgast físic que suposava -no era un xicot-; tan sols l’impulsava un servei a la natura que es convertí en un servei a la comunitat, perquè d’ençà l’activitat humana a l’indret tornà a revifar.

La solitud no va malmetre Elzéard, només el va fer parc en paraules; transmetia bonhomia i generositat. El seu exemple estimula a no deixar de procurar fer el bé encara que l’ambient no ajudi; són llavors que donen pau a l’esperit quan s’ofereixen amb generositat i deixen una empremta que s’escampa entre aquells que són capaços d’acollir-la; mai suposa una actitud ni un esforç debades, encara que el fruit tardi en veure's o, fins i tot, ens sigui velat.

Elzéard va inspirar Jean Giono a escriure una breu narració, prou sucosa per omplir l’ànima de goig i tendresa. Agraeixo a Alex Rovira que en parlés del llibre en una de les seves xarrades, tot i que l’associés erròniament a un altre camperol, Johnny Appleseed (John Chapman), que cent anys abans havia protagonitzat una gesta similar als Estats Units.

(1)Jean Giono: L’home que plantava arbres. Títol original: L’homme qui plantait des arbres (1953). Editorial: El cercle de Viena, número 3  - 2ª edició (2008). Traductora: Isabel-Clara Simó. 73 pàgines.





dimarts, 18 de febrer del 2020

Generosidad abierta

Buscando sentido a una expresión


Era una de las sesiones vespertinas de los lunes en las que los asistentes hurgamos en textos de la Biblia para ahondar en el contenido de los fragmentos que se leerán en la próxima misa dominical. J. llamó la atención sobre una expresión incluida en una de las citas propuestas por el mosén “amontonarás ascuas de fuego sobre su cabeza” (1) que chocaba con un contexto en el que predicaba el amor al prójimo sin excepciones.

Cuadro de El Greco *
Ninguno de los presentes teníamos claro qué significaba esa expresión. No parecía apropiado asociarla a una imagen como la de la impactante escena de La milla verde con la cabeza en llamas de un reo durante su ejecución en la silla eléctrica que he recordado posteriormente. J. mencionó una posible pista apuntando a lo sucedido en Pentecostés narrado en los Hechos de los Apóstoles: “se les aparecieron unas lenguas como de fuego, que se dividían y se posaban sobre cada uno de ellos” (2): fuego purificador, fuego como imagen de Dios en Pentecostés y en la zarza ardiente que no se consumía a través de la cual Dios se comunica con Moisés. Aunque el planteamiento no chirriaba, no acabó de convencernos del todo y dejamos de especular sobre ello, permitiendo que la sesión siguiese adelante por otros derroteros.

Como el gusanillo persistía una vez acabada la reunión, he buscado en internet una explicación plausible y he encontrado la siguiente: “Cuando se escribió este proverbio (Proverbios 25:22), la gente en Oriente calentaba sus casas y cocinaba con fuego. Pero durante la noche el fuego a veces se apagaba y debían ir a buscar carbones encendidos a las casas vecinas para prender nuevamente el fuego y cocinar el desayuno. Estos carbones eran transportados en braseros o en un recipiente sobre sus cabezas.” (3) Es decir, un rasgo de generosidad para atender la necesidad del prójimo, que en las lecturas que propone la Iglesia para el próximo domingo se extiende a cualquiera que sea éste; como dice el refrán: 'haz el bien y no mires a quién'.

Siendo todavía cardenal Joseph Ratzinger afirmaba en una larga entrevista publicada con el título Dios y el mundo: Sólo puedo entender la Biblia como palabra de Dios leyéndola dentro de un contexto unitario, interrelacionándola con el conjunto y no en palabras o frases aisladas... La Biblia contiene textos contradictorios, o al menos emocionantes, precisamente porque la fe no se nos presenta como un sistema acabado.” (3) Razón suficiente para que, sobre todo los cristianos, pongamos empeño en conocer más a fondo el texto sagrado y se convierta en un alimento provechoso como fuente de inspiración y camino para dotar de mayor sentido a nuestra vida. No ha de sorprender que el papa Francisco realce su importancia y nos anime a familiarizarnos con él.

(1) Libro de los Proverbios, capítulo 25, versículo 22 y Carta de san Pablo a los Romanos, capítulo 12, versículo 20. Se puede consultar en https://www.bibliatodo.com/la-biblia/La-sagrada-biblia-edicion-eunsa/romanos-12 y https://www.bibliatodo.com/la-biblia/Biblia-de-Jerusalen/proverbios-25
(2) Hechos de los Apóstoles, capítulo 2, versículo 3. Se puede consultar en https://www.bibliatodo.com/la-biblia/La-sagrada-biblia-edicion-eunsa/hechos-2
(3) Marco Antonio Ll.: ¿Cómo amontonas ascuas de fuego sobre la cabeza de tu enemigo? Se puede consultar en http://eltiempodegracia.blogspot.com/2018/07/como-amontonas-ascuas-de-fuego-sobre-la.html de donde procede también la primera imagen.
(4) Joseph Ratzinger: Dios y el mundo. Editorial DeBolsillo, número 20. Traductora: Rosa Pilar Blanco. 441 páginas
*La Venida del Espíritu Santo de El Greco extraída de https://rezarconlosiconos.com/granada/pag/60.html

divendres, 14 de febrer del 2020

Mi deseo, tu responsabilidad

Todo derecho supone una obligación

Cuando se trata de legislar, utilizar como argumento los sentimientos íntimos de una persona supone adentrarse en un terreno pantanoso o, como mínimo, resbaladizo. Porque cada ser humano no es un departamento estanco, aislado: lo que él quiera hacer con su vida repercute en su entorno personal y social.

El debate sobre la eutanasia se suele plantear desde el punto de vista del solicitante que desea que se ponga fin a su vida: no soporta seguir viviendo por su estado de salud u otra razón. Desde la perspectiva del sufrimiento que manifiesta y la firmeza de su decisión puede parecer comprensible atender a su deseo, incluso considerarse como un gesto humanitario. Pero la repercusión de esta decisión no solo le afecta a él.

Cuando se impulsa una ley que prescribe las condiciones en las que se puede hacer efectiva la eutanasia, el foco no recae exclusivamente en el solicitante, sino también en aquellos que tienen que autorizarla y ejecutarla. Todo derecho comporta una obligación para quien debe atenderlo, una o más personas. Se distorsiona el contenido del texto legal si ante la opinión pública se pone el énfasis en el derecho que se otorga -ser eutanasiado- y no se pone el mismo acento en la exigencia que ello supone para los profesionales que han de eutanasiar, colaborando o ejecutando. Si, además, se prevé que éstos últimos han de ser aquellos cuyo cometido primordial es cuidar a los enfermos, velar por su salud hasta donde sea naturalmente posible, se está pervirtiendo el fin específico de su profesión.

Una vez aprobada la ley, dictaminar la muerte del solicitante –real o presunto- pasa a ser un trámite burocrático, donde solo se comprueba que se cumplen los requisitos y protocolos previstos; los sentimientos ya no cuentan.