dilluns, 28 d’octubre del 2019

Encaminats a l’anarquia

Sense lideratge efectiu


El passat mes de juliol Jordi Juan es preguntava qui mana aquí (1). Aquest és el principal problema que ara mateix pateix Catalunya: la manca d’una direcció política efectiva. Sí, hi ha Govern. Sí, hi ha Parlament. Però, de fet un i altre es tornen inoperants, perquè han perdut l’autonomia per orientar l’acció política, hostatges d’aquells que tenen capacitat de mobilitzar pacíficament o violenta. Qualsevol decisió que es prengui, qualsevol intent d’arribar a un acord, qualsevol via de conciliació que es cerqui sentirà l’alè inquisidor de qui es creu que té el dret de donar el vistiplau, per la força que té al carrer i les xarxes. Això sí, tenint la paella pel mànec actuant com a grup de pressió, que és més còmode i menys arriscat.

El procés ha anat degenerant: se’ns prometia una Catalunya idíl·lica i al que s’està aconseguint és divisió, destrucció i una burocratització que detrau recursos per servir a la causa, comprometent els serveis bàsics a la ciutadania. Mentre no hagi al capdavant algú capaç d’alliberar-se de la cotilla fabricada per entitats sobiranistes i agitadors anirem de mal borràs. Sense lideratge ferm i cohesiu estem abocats a l’anarquia.

(1) Jordi Juan: Pero ¿quién manda aquí? Publicat a La Vanguardia el 15 de juliol de 2019. https://www.lavanguardia.com/politica/20190715/463469492125/pero-quien-manda-aqui.html

dijous, 24 d’octubre del 2019

Soportar la desgracia

Reflexiones jóbicas (2)


¡No te fíes! ¡Ve con cuidado, no vaya a liarte! Llamadas a la precaución que se hacen cuando se va a dialogar con alguien que despierta reparos en quien nos alerta. Eso mismo da ganas de decirle a Dios cuando el libro de Job (1) cuenta que se dirige a Satán *, el ángel caído, que ha venido con los otros ángeles a presentarse ante el Señor, una escena que se repite más adelante.

La acción del maligno se reconoce en sus manifestaciones, que a nivel individual se concretan en las tentaciones. Se aconseja no dialogar con ellas. ¿Por qué? Porque hurgan hábilmente en nuestra sensibilidad ofreciendo algo apetecible, atractivo, a corto plazo. Al mismo tiempo, esconden las consecuencias que conlleva -la resaca, en sentido amplio-, o las ensombrecen –no pasa nada por probarlo, nadie se va a enterar, todo el mundo lo hace…-. Como una bengala nos deslumbran con su fogonazo, pero tarde o temprano la huella que dejan es un palitroque chamuscado. Dialogar con la tentación es dar la iniciativa al elefante emocional que llevamos dentro, que difícilmente puede controlarse por la razón cuando se ve desbordada por la fuerza de la apetencia que la tentación ha suscitado. (2)

¿Qué notas destaca el libro de Job de Satán? Lo presenta primero como un merodeador, alguien que deambula por el planeta: “¿De dónde vienes?”, le pregunta el Señor. “De dar vueltas por la tierra, recorriéndola entera”, responde Satán. Más tarde el diálogo se repite. ¿Qué estaría tramando?

Cuando el Señor alaba la fidelidad de Job: “Nadie hay como él en toda la tierra; es íntegro y recto, temeroso de Dios y alejado del mal”, Satán se muestra envidioso y desconfiado, dando a entender que ‘con la privilegiada vida que tiene, así cualquiera’: “¿Acaso Job teme a Dios de balde?” Envidioso y desconfiado es el segundo aspecto destacado.

Satán desconfía de la excelencia de Job –extrapolable a la de cualquier ser humano- y duda de su entereza si van mal dadas. Sin embargo, el Señor confía en la fidelidad de Job a pesar de los pesares y arriesga su prestigio dejando margen de maniobra a Satán para que actúe: primero sobre su patrimonio y descendencia (“en tus manos dejo cuanto posee, pero a él no lo toques”); y luego sobre su salud (“te lo dejo en tus manos; eso sí, has de respetar su vida”).

Satán solo sabe provocar desolación, pero además con ensañamiento –expele odio y resentimiento por los poros-. Como no se sale con la suya a la primera, a pesar del destrozo que provoca, quiere más carnaza para doblegar la voluntad de Job: al dolor moral producido por la pérdida de sus posesiones e hijos añade un dolor físico extremo. Una actitud corrosiva que se plasma en la conducta de los psicópatas, los extorsionadores, los acosadores, los escrachadores, los calumniadores y difamadores… que se ceban con sus víctimas.

A pesar de todo lo que le ocurre, Job sigue confiando en Dios. Tras perder posesiones y descendencia: “Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré. El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó. Bendito sea el nombre del Señor. La crueldad que sufre sobre su propio cuerpo, se ve agravada por las palabras que le dirige su esposa: “¿Todavía te mantienes firme en ti integridad? Maldice a Dios y muérete”, pero no sucumbe: “Hablas como la más necia de las mujeres. Si aceptamos de Dios los bienes, ¿cómo no vamos a aceptar también los males?

¿Cómo responderíamos a tal cúmulo de desgracias concatenadas? La reacción de Job es admirable, aunque es lógico sentir resistencia a comprenderla: ¿Por qué Dios lo permite? Las reacciones ante tamaña desgracia no se anticipan y más vale no darle vueltas, para no amargarse con suposiciones trágicas. Cada día tiene su propio afán, y es ahí donde hay que centrarse.

Job es el icono de la paciencia, pero aflora también otra cualidad: la resiliencia.

* Satán, es uno de los nombres que se aplica al diablo. El vocablo procede del hebreo y significa «adversario» y «acusador».
(1) Libro de Job, versión de la Biblia de Navarra, edición popular. Fragmento considerado: del capítulo 1, versículo 6 al capítulo 2, versículo 10.
(2) En la publicación Dominar al elefante del blog Ver, oír y comentar se hace mención a la metáfora del elefante y el jinete. https://txukim.blogspot.com/2019/10/dominar-al-elefante.html

diumenge, 20 d’octubre del 2019

La grandeza de la nobleza

Perseguir un ideal


Dime de qué presumes;
repítelo una, dos, tres,
mil veces;
y cuanto más insistas,
más fácil me pones
decirte de qué careces

Los ideales, ¡que bonitos son!
Desperezan, entusiasman,
engrandecen el corazón;
pero hay quien en ellos tropieza
y se introduce en la sinrazón

Un buen profesional
era aquel compañero;
abrazó con pasión un ideal
y se olvidó de trabajar con esmero

Tan absorbido estaba
por aquello que anhelaba
que la atención se desviaba
y los errores abundaban

¿Es el ideal el problema?
Quizás
¿Es aquel que lo sigue?
Puede ser
¿Son ambos?
Tal vez

Entonces examina:
¿Cambió tu carácter?
¿Cumples con tu deber?
¿Adónde te encaminas?
¿A los demás acoges,
o, quizá, los discriminas?

Tendrás que enseñar, tal vez,
a aquellos que estrechan el cerco,
que mezquino es empequeñecer
tan alto anhelo.

Lo recordaba un alma grande,
Martin Luther King * se llamaba,
que pagó su rectitud con sangre.
Su ideal a todos abrazaba,
para formar un bello enjambre.

Vale la pena un ideal
que el alma vivifica,
da un impulso jovial
y torna la vida rica.

*Martin Luther King: “cuando mis hermanos trazan un círculo pequeño para excluirme, yo trazo uno más grande para incluirlos.”

diumenge, 6 d’octubre del 2019

Gestionar el bienestar

Reflexiones jóbicas (1) *


Hojeaba la prensa a disposición de los clientes en el hotel de la Costa Dorada donde pasaba unos días con mi familia cuando me sorprendió el titular de un artículo de Pilar Rahola situado en un lugar destacado de La Vanguardia: “Libro de Job: el absurdo de una deidad que tolera la injusticia contra las buenas personas” (1). Dejé para más adelante la lectura del contenido con ánimo de replicarlo –la reacción emocional instantánea y prejuiciosa-, pero para poder hacerlo honestamente debería volver a leer el texto bíblico que tiene 42 capítulos y cotejar mis impresiones con la exposición de la articulista.

Pilar Rahola
Advertí que el llamativo titular del periódico trasladaba una visión reduccionista del artículo, extrapolando una frase de la autora, que finaliza su escrito con el siguiente párrafo: “Todo el libro de Job es, pues, un enigma fascinante, espiritualmente profundo, intelectualmente retador, literariamente maravilloso. Sólo hace unos 3.000 años que fue ­escrito.” También descubrí la gran riqueza que encierran los versículos de esta legendaria narración, hasta el punto de considerar que convenía leerlo poco a poco y, más tarde, que valía la pena escribir sobre lo que me iba sugiriendo su lectura, sin intención de hacer una exégesis para la que no estoy preparado, pero pensando que este ejercicio me ayudaría en su comprensión.

El relato presenta a Job como una persona ‘íntegra y recta, temerosa de Dios y alejada del mal’. Su situación era envidiable, se podría decir que gozaba de bienestar pleno: material, físico, emocional, espiritual… ‘Era el hombre más potentado de todo el Oriente y su amplia familia estaba unida, pero no se vanagloriaba por ello, sino que ofrecía sacrificios a Dios para reparar las posibles ofensas que pudieran cometerse en el seno de su familia.

La ostentación de poder o la riqueza material pueden derivar en un comportamiento altanero –mirar de arriba abajo-, excluyente –alternar solo con los de la misma clase social o superior-, sobrevalorador de uno mismo –soy el mejor, me lo merezco…-, desdeñador hacia Dios –tanto da si existe o no, no le necesito-… propio de quien está encantado de haberse conocido. Hay quien se piensa superior a los demás gracias exclusivamente a sus cualidades: no debe nada a nadie, ni tiene nada que agradecer.

Job no sigue ese criterio, es bueno con todos y agradecido con Dios a quien teme ofender con su conducta o la de sus allegados, de la misma manera que quien ama teme herir a su amado o amada. Su posición privilegiada no le convierte en presuntuoso.

El esfuerzo es crucial para conseguir nuestras metas. El azar no se improvisa, como dice Séneca: «suerte es lo que sucede cuando la preparación y la oportunidad se encuentran y fusionan». Tampoco las musas aterrizan en un erial, como recuerda Picasso: «La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando». Pese a ello, muchas de las cosas buenas que tenemos nos han venido dadas o no dependen de nosotros. ‘Es de bien nacidos ser agradecidos’, dice el refrán, por aquello que sabemos y por lo que ignoramos, como expresa la oración que rezaba y difundía Josemaría Escrivá, el santo barbastrense: «Gratias tibi, Deus, gratias tibi, pro universis beneficiis tuis etiam ignotis!» (te doy gracias, Señor, por todos tus dones, también por los beneficios que me concedes y que no conozco) (2). En nuestra vida hay muchos motivos para el agradecimiento, solo hace falta tener la humildad de reconocerlo.

* Fragmento considerado: Antiguo Testamento, Libro de Job, capítulo 1, versículos 1 a 5.
(1) En la edición digital el artículo se titula Job, el castigo del inocente. Fuente: https://www.lavanguardia.com/opinion/20190803/463819736263/job-el-castigo-del-inocente.html
(2) Una de las fuentes: https://rsanzcarrera.wordpress.com/2016/10/29/algo-sobre-las-acciones-de-gracias/