Un epílogo distorsionante
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| Rosa Regás |
La edición de la novela
Katrina de la escritora finlandesa Sally Salminen que he leído culmina con un
epílogo redactado por Rosa Regás titulado: ‘Katrina, mi heroína de ficción’ (1).
Un epígrafe que me llamó la atención, porque el patrón vital de la protagonista
de la novela no encaja con el estilo de vida que propugna la escritora catalana
–“mi heroína de ficción, para mi propia sorpresa y la de los que me conocen”-, aunque
indique que “lo que a mí me fascinó de esta mujer… su coraje”.
Pero la mayor sorpresa se
encontraba en el contenido, hasta el punto de llegar a preguntarme ¿hemos leído
la misma novela? No esperaba que la glosa de un libro insertada en la misma
publicación describiera una historia distinta de la que narra su autora. En los
fragmentos iniciales da la impresión que Regás ha empezado a escribir en base a
un recuerdo lejano sin haber tomado la precaución de repasar antes el texto,
pero a la vez se muestra renuente a reconocer en ello un desliz: “a partir de
una novela, pero también a partir de mi experiencia, de mis miedos, de mis
esperanzas, de lo que creía que era la vida a los catorce años, mi fantasía ha
fabulado una Katrina que apenas tiene que ver con la descripción que de ella
hace Sally Salminen. Y todo esto gracias a uno de los infinitos milagros de la
creación, esa mágica capacidad de los hombres de inventar un mundo coherente
con su propia evolución, con su propia vida.”
Con anterioridad a este
párrafo Regás hace un alegato: “La memoria, que es la base de la creación, lo
cambia todo, lo distorsiona todo. La memoria esconde lo que le interesa y hace
aparecer lo que creíamos olvidado; inventa y atribuye pensamientos y palabras a
personajes que siempre estuvieron mudos, los arrebata a otros que no callaron,
da más importancia a una cosa que a otra; cambia las dimensiones; cambia los
tiempos… Pero la memoria, que conserva impolutos nuestros recuerdos, nos los va
devolviendo incrementados, embellecidos, o desbaratados y convertidos en
monstruos que nos acechan en los sueños… Porque sin las trampas de la memoria…
no haríamos más que reportajes del pasado… En el caso de Katrina soy consciente
de que la memoria me ha jugado malas pasadas, pero también sé que sólo ella, en
sus infinitas transformaciones, habría podido revelarme lo que escondía la
conciencia, lo que estaba latente en algún rincón de la mente o donde se
guarden las emociones, las esperanzas y los proyectos inconfesados.”
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| Leonardo Polo |
La memoria es la facultad
de recordar. Dice el filósofo Leonardo Polo que “nos permite acumular
experiencia”, “engrosar el presente con el pasado de manera que el pasado no se
pierda, y no estemos siempre empezando”, que “no repite exactamente el pasado,
sino que conserva lo importante, selecciona”, porque si “no fuera selectiva, si
lo recogiera todo, en vez de ser una gran ayuda para la organización del tiempo
humano, sería un estorbo”, porque “una memoria exhaustiva no permite avanzar…”.
Además es “es flexible, se integra en nuestra vida, no es algo aislado” (2). Un
conjunto de aspectos que pueden servir de fundamento para la creación o
transformación, pero no para realizarla como defiende Regás. Es tarea más propia
de la imaginación, el razonamiento u otras facultades del intelecto,
procesando, si es preciso, la base de datos de la memoria.
En la disertación de Regas
hay otro aspecto sobre el que quiero detenerme: el respeto a la integridad de
la obra de arte. Cuando un artista pone a disposición del público un trabajo,
su valor no se circunscribe a su plasmación externa, sino también a aquello que
sugiere al usuario, que no tiene por qué coincidir con la intencionalidad del
autor al realizarla; lo que transmite la obra de arte trasciende al artista. Pero
ello no implica que el producto se pueda manipular, como parece insinuar Regás:
“lo que nosotros vemos en una pintura o lo que leemos en una novela casi nunca
tiene nada que ver con lo que ha querido expresar el autor, porque nosotros
fabulamos a partir de unas experiencias distintas a las de los autores. Y ésta,
me parece, es la grandeza de la obra de arte, la posibilidad, a partir de una
novela, a partir de un cuadro, a partir de una música, de recrear un nuevo
mundo de ficción, más propio pero tan verdadero y tan legítimo, absolutamente
tan legítimo como el del autor”.
El epílogo con un contenido adulterado, cuyo deterioro se ha pretendido enmascarar especulando sobre
la memoria; un flaco favor para una magnífica novela, cuyo relato me ha
emocionado como ninguna otra hasta ahora.
(1) Sally
Salminen: Katrina (1936) – Ediciones del Bronce – Clásicos del Bronce número 14
(1999) – Traductor: A. Vallés - 469 Páginas. El epílogo ocupa las páginas 461 a 469.
(2) Leonardo Polo - Quién es el
hombre ‘II.Las limitaciones del método analítico. La memoria humana y el
tiempo.