De rapiñas y usuras
En situaciones de crisis
humanitaria como la que estamos viviendo se pone de manifiesto el alto grado de
generosidad que subyace en tantos de nuestros conciudadanos, prestos a dar lo
mejor de sí mismos para paliar los dañinos efectos de la pandemia en todos los
órdenes de la vida.
Junto a estos loables ejemplos
tan estimulantes, coexisten otros de mezquinos que tienen como objetivo sacar
tajada de una situación de debilidad de la población propiciada por el temor al
contagio y el efecto de las medidas preventivas que se han ordenado, para favorecer
sus propósitos políticos, económicos, o ideológicos.
La historia está repleta de
ejemplos de este cariz y para ilustrarlo me valgo de un par de ellos incluidos
en El maestro Juan Martínez que estaba
allí, una novela escrita por Manuel Chaves Nogales donde se narran las andanzas
de una pareja de bailaores españoles, Juan y Sole que, “después de triunfar en
los cabarets de media Europa… fueron sorprendidos en Rusia por los
acontecimientos revolucionarios de febrero de 1917. Sin poder salir del país,
en San Petersburgo, Moscú y Kiev sufrieron los rigores provocados por la
Revolución de Octubre y la sangrienta guerra civil que le siguió… Chaves
Nogales conoció a Martínez en París y asombrado por las peripecias que éste le
contó, decidió recogerlas en un libro.” (1)
Las actitudes carroñeras protagonizan
el primer relato:
![]() |
| Chaves Nogales |
»Aprendí entonces algo que
después iba a ser ley general de vida; la de que un hombre que cae de un balazo
en la lucha pasa a ser automáticamente como una pieza cobrada… lo mismo que un
zorro; vale… lo que valga su piel, y si uno se alegra cuando se le presenta la
ocasión de cobrar la piel de un buen zorro, ¿por qué no va a alegrarse también
cuando puede cobrar un buen capote de paño? En aquel tiempo, aquello no era más
que un negocio clandestino emprendido por unos cuantos tipos valientes y sin
escrúpulos. Más adelante vi muchas veces cómo se mataba a un hombre, no por
éstos o los otros ideales, no por defender la bandera de su patria o la de la
revolución, sino por cobrar su piel, sencillamente porque llevaba encima un
capote de paño en buen estado. Por lo mismo que se mata a los zorros.» (2)
La usura: aprovecharse de
la necesidad para acaparar para sí, es una característica emergente en
circunstancias dramáticas, como constata el siguiente fragmento:
«Se notaba una
contracción de la vida bastante desagradable. La gente se hacía reservada y
huraña. El ruso, que de por sí es muy irritable, lo estaba mucho más en
aquellos días…
»Casi todo el comercio de
Moscú estaba en manos de judíos, y desde que empezó a hablarse de movimientos
revolucionarios en Petrogrado comenzó a notarse la escasez de alimentos,
provocada por el acaparamiento de los judíos, con vistas a la especulación.
Entre ellos y los campesinos escondieron la harina y el pueblo se quedó sin
pan. Vi entonces por primera vez las colas a las puertas de las tahonas, que
durante tantos años habían de ser nuestro tormento.
»Claro es que, aunque
faltaba el pan, quienes tenían dinero lo tenían todo, porque la verdad es que
no faltaba de nada, sino que había sido escondido para especular. Yo creo que
si no hubiera ocurrido esto no habría habido revolución.
»Quien primero sufrió las
consecuencias de los movimientos revolucionarios fue el pueblo mismo. Los
señoritos, a pesar de lo irritados que estaban, se reían de la revolución. Cada
cual tenía acaparado lo suficiente para subsistir, mientras las pobres mujeres
de los barrios se pasaban las madrugadas en las colas.» (3)
El ser humano convertido en
un objeto en el corazón avaricioso y codicioso. Comportamientos que una vez
inoculados en la conciencia se convierten en insaciables –nunca se tiene
suficiente-. Sus consecuencias son siempre nefastas. Conviene no dejarse
arrastrar por estas conductas si la situación se complica aún más; tampoco ser
tan ingenuos para hacer seguimiento de quienes enmascaran su voraz ambición
personal aparentando perseguir un beneficio social generalizado. Una de las
actitudes más miserables del ser humano es encaramarse en un pedestal apoyándose
en el sufrimiento de sus semejantes.
Manuel Chaves Nogales: El maestro Juan Martínez que estaba allí.
Editorial: Libros del Asteroide.
(1) Prólogo de Andrés
Trapiello extraído de http://www.librosdelasteroide.com/-el-maestro-juan-martinez-que
(2) Capítulo 4: El
desvalijador de cadáveres. Páginas 37-38
(3) Capítulo 5: El gabinete
número dos. Páginas 46-47





