Resoluciones pretenciosas y altaneras
Aunque se aprobó en
septiembre de 2015, hasta que no se lo oí mencionar a la ministra portavoz
desconocía la existencia de la Agenda 2030. Desde hace algunos años tengo la
sensación de que muchas iniciativas y decisiones políticas que nos afectan
directamente son teledirigidas, proceden de un ámbito supranacional que las
ampara. Cada directiva o resolución de estos organismos de los que forma parte
nuestro país, entre ellos la UE y la ONU, cuenta con un aparato burocrático que
promueve y hace seguimiento de su cumplimiento.
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| Ban Ki-moon |
La Agenda 2030 se propone
unos objetivos ambiciosos y en su denominación muy loables pero parte de un
prejuicio de carácter adanista * según se desprende de las palabras del
Secretario General de la ONU en ese momento, Ban Ki-moon, en su informe:
“Debemos adoptar con decisión las primeras medidas que nos encaminen hacia un
futuro sostenible, con dignidad para todos. Nuestro objetivo es la
transformación. Debemos transformar
nuestras economías, el medio ambiente y nuestras sociedades. Debemos cambiar nuestra forma de pensar,
nuestra conducta y nuestros hábitos destructivos. Debemos apoyar la
integración de ciertos elementos esenciales: la dignidad, las personas, la prosperidad,
el planeta, la justicia y las alianzas.” (1) Parece dar a entender que la herencia
de las generaciones pretéritas ha sido nociva y que todos andamos por
una senda errática que las bondades de la Agenda tratarán de corregir.
En algunas de sus afirmaciones
el documento es pretencioso: “Estamos resueltos a liberar a la humanidad de la
tiranía de la pobreza y las privaciones y a sanar y proteger nuestro planeta.
Estamos decididos a tomar las medidas audaces y transformativas que se
necesitan urgentemente para reconducir al mundo por el camino de la
sostenibilidad y la resiliencia. Al emprender juntos este viaje, prometemos que
nadie se quedará atrás.” (2) ¿Cómo pretenden hacerlo? ¿Van aplicar los mismos
criterios y ejercer idéntica presión con todos los países para exigir su
cumplimiento?
Otro aspecto a tener en
cuenta es que el fin, por muy bueno que sea aparentemente, no justifica los
medios. Los buenos propósitos de la Agenda no pueden justificar medidas
arbitrarias que conculquen las libertades básicas de los ciudadanos. A modo de
ejemplo me ha llamado la atención la siguiente afirmación: “estamos decididos a
poner fin al hambre y lograr la seguridad alimentaria como prioridad, y a eliminar todas las formas de malnutrición.”
(3) La malnutrición no solo es debida a la dificultad o imposibilidad para
acceder a los alimentos básicos. También es consecuencia de los hábitos de vida
que por motivos diversos deciden llevar personas que cuentan con recursos
suficientes. ¿Se les va a obligar a seguir una ‘dieta sana’ para cumplir el
objetivo?
La altanería también hace
acto de presencia en el documento junto a afirmaciones de dudosa verosimilitud: “ya
se han comprometido con esta Agenda millones de personas que la asumirán
como propia. Es una Agenda del pueblo,
por el pueblo y para el pueblo, y precisamente por ello creemos que tiene el éxito garantizado.” (4) Puedo
comprender que les encante su trabajo, pero ponerse la medalla preventivamente
parece cuanto menos precipitado y poco decoroso.
Impulsar y velar por un
desarrollo sostenible es una tarea que merece la pena llevar a cabo y la ONU es
plenamente competente para liderarlo. El problema reside en cómo se pretende
realizar y los presupuestos en los que se sustenta. El lenguaje grandilocuente
más bien contribuye a restarle crédito a las propuestas, que en algunos casos pueden
quedarse en simples fuegos de artificio y en otros impulsar medidas que
restrinjan las libertades básicas de los ciudadanos. Consciente de las
limitaciones que su propia historia ha puesto de manifiesto, la ONU debería ser
más comedida y realista en sus resoluciones. Quizá desde la atalaya en la que están
instalados sus dirigentes no sean capaces de ver con suficiente nitidez la
realidad cotidiana en la que viven los seres humanos que dice estar
comprometida a proteger.
Para concluir quiero hacer
mención a unas palabras del papa Benedicto XVI que vienen al caso.
Corresponden a la encíclica Caritas in
veritate, un documento “sobre el desarrollo humano integral en la caridad y
en la verdad” que puede ser muy útil como herramienta de consulta a todos aquellos
que tengan responsabilidad de aplicar la Agenda 2030: “El desarrollo nunca
estará plenamente garantizado por fuerzas que en gran medida son automáticas e
impersonales, ya provengan de las leyes de mercado o de políticas de carácter
internacional. El desarrollo es imposible sin hombres rectos, sin operadores
económicos y agentes políticos que sientan fuertemente en su conciencia la
llamada al bien común.” (5)*Adanismo: Tendencia a comenzar una actividad sin tener en cuenta los progresos que se hayan hecho anteriormente.
(1) El camino hacia la dignidad para 2030. Informe de síntesis del Secretario
General sobre la agenda de desarrollo sostenible después de 2015. Naciones
Unidas, A/69/700. Citado en Plan de
acción para la implementación de la Agenda 2030. Hacia una Estrategia Española
de Desarrollo Sostenible. Fuente: http://www.exteriores.gob.es/Portal/es/SalaDePrensa/Multimedia/Publicaciones/Documents/PLAN%20DE%20ACCION%20PARA%20LA%20IMPLEMENTACION%20DE%20LA%20AGENDA%202030.pdf
(2) Resolución aprobada por
la Asamblea General el 25 de septiembre de 2015. Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.
Fuente: http://unctad.org/meetings/es/SessionalDocuments/ares70d1_es.pdf. Preámbulo
(3) Ibídem, punto 24
(4) Ibídem, punto 52
(5) Benedicto XVI: Caritas in veritate (29 de junio de
2009). Fuente: http://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/es/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html . Punto 71

























