dimecres, 29 d’agost del 2018

Objetivos loables, presupuestos cuestionables


Resoluciones pretenciosas y altaneras


Aunque se aprobó en septiembre de 2015, hasta que no se lo oí mencionar a la ministra portavoz desconocía la existencia de la Agenda 2030. Desde hace algunos años tengo la sensación de que muchas iniciativas y decisiones políticas que nos afectan directamente son teledirigidas, proceden de un ámbito supranacional que las ampara. Cada directiva o resolución de estos organismos de los que forma parte nuestro país, entre ellos la UE y la ONU, cuenta con un aparato burocrático que promueve y hace seguimiento de su cumplimiento.

Ban Ki-moon
La Agenda 2030 se propone unos objetivos ambiciosos y en su denominación muy loables pero parte de un prejuicio de carácter adanista * según se desprende de las palabras del Secretario General de la ONU en ese momento, Ban Ki-moon, en su informe: “Debemos adoptar con decisión las primeras medidas que nos encaminen hacia un futuro sostenible, con dignidad para todos. Nuestro objetivo es la transformación. Debemos transformar nuestras economías, el medio ambiente y nuestras sociedades. Debemos cambiar nuestra forma de pensar, nuestra conducta y nuestros hábitos destructivos. Debemos apoyar la integración de ciertos elementos esenciales: la dignidad, las personas, la prosperidad, el planeta, la justicia y las alianzas.” (1) Parece dar a entender que la herencia de las generaciones pretéritas ha sido nociva y que todos andamos por una senda errática que las bondades de la Agenda tratarán de corregir.

En algunas de sus afirmaciones el documento es pretencioso: “Estamos resueltos a liberar a la humanidad de la tiranía de la pobreza y las privaciones y a sanar y proteger nuestro planeta. Estamos decididos a tomar las medidas audaces y transformativas que se necesitan urgentemente para reconducir al mundo por el camino de la sostenibilidad y la resiliencia. Al emprender juntos este viaje, prometemos que nadie se quedará atrás.” (2) ¿Cómo pretenden hacerlo? ¿Van aplicar los mismos criterios y ejercer idéntica presión con todos los países para exigir su cumplimiento?

Otro aspecto a tener en cuenta es que el fin, por muy bueno que sea aparentemente, no justifica los medios. Los buenos propósitos de la Agenda no pueden justificar medidas arbitrarias que conculquen las libertades básicas de los ciudadanos. A modo de ejemplo me ha llamado la atención la siguiente afirmación: “estamos decididos a poner fin al hambre y lograr la seguridad alimentaria como prioridad, y a eliminar todas las formas de malnutrición.” (3) La malnutrición no solo es debida a la dificultad o imposibilidad para acceder a los alimentos básicos. También es consecuencia de los hábitos de vida que por motivos diversos deciden llevar personas que cuentan con recursos suficientes. ¿Se les va a obligar a seguir una ‘dieta sana’ para cumplir el objetivo?

La altanería también hace acto de presencia en el documento junto a afirmaciones de dudosa verosimilitud: “ya se han comprometido con esta Agenda millones de personas que la asumirán como propia. Es una Agenda del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, y precisamente por ello creemos que tiene el éxito garantizado.” (4) Puedo comprender que les encante su trabajo, pero ponerse la medalla preventivamente parece cuanto menos precipitado y poco decoroso.

Impulsar y velar por un desarrollo sostenible es una tarea que merece la pena llevar a cabo y la ONU es plenamente competente para liderarlo. El problema reside en cómo se pretende realizar y los presupuestos en los que se sustenta. El lenguaje grandilocuente más bien contribuye a restarle crédito a las propuestas, que en algunos casos pueden quedarse en simples fuegos de artificio y en otros impulsar medidas que restrinjan las libertades básicas de los ciudadanos. Consciente de las limitaciones que su propia historia ha puesto de manifiesto, la ONU debería ser más comedida y realista en sus resoluciones. Quizá desde la atalaya en la que están instalados sus dirigentes no sean capaces de ver con suficiente nitidez la realidad cotidiana en la que viven los seres humanos que dice estar comprometida a proteger.

Para concluir quiero hacer mención a unas palabras del papa Benedicto XVI que vienen al caso. Corresponden a la encíclica Caritas in veritate, un documento “sobre el desarrollo humano integral en la caridad y en la verdad” que puede ser muy útil como herramienta de consulta a todos aquellos que tengan responsabilidad de aplicar la Agenda 2030: “El desarrollo nunca estará plenamente garantizado por fuerzas que en gran medida son automáticas e impersonales, ya provengan de las leyes de mercado o de políticas de carácter internacional. El desarrollo es imposible sin hombres rectos, sin operadores económicos y agentes políticos que sientan fuertemente en su conciencia la llamada al bien común.” (5)

*Adanismo: Tendencia a comenzar una actividad sin tener en cuenta los progresos que se hayan hecho anteriormente.

(1) El camino hacia la dignidad para 2030. Informe de síntesis del Secretario General sobre la agenda de desarrollo sostenible después de 2015. Naciones Unidas, A/69/700. Citado en Plan de acción para la implementación de la Agenda 2030. Hacia una Estrategia Española de Desarrollo Sostenible. Fuente: http://www.exteriores.gob.es/Portal/es/SalaDePrensa/Multimedia/Publicaciones/Documents/PLAN%20DE%20ACCION%20PARA%20LA%20IMPLEMENTACION%20DE%20LA%20AGENDA%202030.pdf
(2) Resolución aprobada por la Asamblea General el 25 de septiembre de 2015. Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Fuente: http://unctad.org/meetings/es/SessionalDocuments/ares70d1_es.pdf. Preámbulo
(3) Ibídem, punto 24
(4) Ibídem, punto 52
(5) Benedicto XVI: Caritas in veritate (29 de junio de 2009). Fuente: http://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/es/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html . Punto 71

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