dimecres, 20 de juny del 2018

Puritanismo asimétrico

La honorabilidad política según se mire


Alberto Núñez Feijóo
Hablaban hace unos días en la radio sobre las posibilidades de Feijóo de presidir el PP. Se hizo mención a la famosa foto en la embarcación de un narco. Las explicaciones el presidente gallego había ofrecido en su momento parecían haber zanjado un asunto. ‘Si hay algo más lo utilizarán cuando les convenga’, dio a entender uno de los contertulios. La renuncia a presentar su candidatura ha avivado la rumorología y, como suele ocurrir, se da menos importancia a las razones que expone el interesado que a las especulaciones que surgen, que no suelen pasar factura a quien las plantea a pesar del daño que pueden proferir al que las sufre.

Màxim Huerta
Tras dimitir Màxim Huerta escribía Enric Hernández que en estos tiempos la moral política dicta que “a la menor sospecha, cortar por lo sano” (1). Un veterano sindicalista advertía sin embargo que: “el que no puede acusar a alguien de algo es que no tiene un buen abogado”. A la facilidad para poner en entredicho la honorabilidad se une la lentitud de la justicia –aderezada con la impunidad de las filtraciones interesadas- y las bravuconadas dialécticas de algunos políticos que presumen de impolutos, aunque sea por el simple hecho de no haber tenido responsabilidades en la gestión pública. La competencia para ejercer los cargos queda relegada a un segundo plano.

Enric Hernández
Se da la circunstancia que la exigencia moral no acostumbra a percibirse del mismo modo para todos. Incluso aquellos que cuentan con el favor de los medios y activistas más beligerantes pueden gozar de algún grado de impunidad. Porque pesa más la posibilidad de mancillar al adversario político que el noble propósito de adecentar la vida pública. Así, cuando afecta a afines la comprensión se esconde tras silencios, distracciones, disimulos o maquillajes.

Prevenía el director de El Periódico: “mantengámonos vigilantes ante los puritanismos impostados que presagian inquisiciones venideras” (1). Además, el riesgo de hipocresía está tras la voluntad de una aplicación asimétrica.

(1) Enric Hernández: El listón moral de la política. Fuente: www.elperiodico.com/es/opinion/20180614/articulo-enric-hernandez-liston-moral-politica-6877421

dimarts, 12 de juny del 2018

El imprevisible señor Sánchez

Alcanzar el poder y ejercerlo


Bill McKay, tras ganar contra pronóstico las elecciones, le dice a su director de campaña: “Ya soy senador. Y ahora qué”. El guion de El candidato (1) lo deja ahí. En política es más fácil alcanzar el poder que saberlo administrar y gestionar, quizá porque en la elección a menudo los factores emocionales pesan más que los racionales. Y una vez encumbrado puede ocurrir, como glosaba con gracejo el malogrado Carles Capdevila (2), que el temor a perderlo se acreciente con el paso del tiempo hasta el punto de que la tarea de evitar ser removido del cargo se convierta en la principal ocupación.
Joan Tardà

Pedro Sánchez no ha necesitado presentar un programa de gobierno para llegar a ser Presidente. Ha aprovechado la oportunidad que se le presentaba para aunar el rechazo a Rajoy, como dejó patente el diputado Joan Tardà en el debate de la moción de censura (3).

Pedro Sánchez prometiendo el cargo
Más allá del tesón con que ha perseguido sus ambiciones políticas, salvando múltiples trabas, no se ha caracterizado hasta ahora el señor Sánchez por seguir un discurso coherente. Su oratoria está plagada rimbombantes clisés que regalan los oídos, pero faltos a menudo de fundamentos sólidos donde aposentarlos.

Ha logrado conformar un gobierno, que a decir de muchos analistas tiene buena pinta. Pero necesitará contar con un patrón de juego que permita a cada uno de sus miembros dar lo mejor de sí mismos en beneficio de la comunidad a la que sirven.

El Rey y el nuevo Gobierno
Pienso que el presidente no se encuentra cómodo ajustándose a un programa o línea maestra que le constriña y prefiere ir abordando los temas que le conciernen sobre la marcha sin temor a incurrir en contradicciones -la hemeroteca puede mostrar múltiples desajustes en su discurso-.

Marketing, propaganda, efectismo, oportunismo… pueden favorecer coyunturalmente la imagen, pero no sirven por sí solos para ganarse el respeto y la confianza de los interlocutores -nacionales e internacionales-. Cumplir con las exigencias del mandato que ha asumido exige cultivar una conducta fiable, creíble.

(1)El candidato. Título original: The Candidate. Año: 1972. Duración: 109 min. País: Estados Unidos. Dirección: Michael Ritchie. Fuente: www.filmaffinity.com/es/film910309.html
(2)Ver: Carles Capdevila - Viure amb humor - L'Atlàntida Vic - 23-05-17. Fuente: www.youtube.com/watch?v=ScxgPfvcS3M
(3)"Nuestro voto no es de apoyo al PSOE, sino de rechazo a la corrupción del PP. No es un 'sí' a Sánchez, es un 'no' a Rajoy". Fuente: www.elperiodico.com/es/politica/20180531/esquerra-mocion-censura-rajoy-6850335

divendres, 1 de juny del 2018

La autonomía de los diputados

Dignificar la labor del representante político


Le preguntaban a Aitor Esteban hace unos meses sobre su reacción al discurso del Rey en el Congreso de los Diputados –no había aplaudido-. Dijo sensatamente que había actuado con respeto levantándose del asiento tras la intervención del monarca, pero no tenía por qué exteriorizar aprobación. La cortesía no exige el aplauso, como si los diputados fueran miembros de una claque.

Aitor Esteban atendiendo la llamada
Durante el debate de la moción de censura –más bien de reprobación- a Mariano Rajoy, el portavoz del PNV protagonizó una de las imágenes del día al dejar momentáneamente su escaño para atender una llamada telefónica en el interior del hemiciclo, se supone que  para recibir las instrucciones de la dirección de su partido, que debían de servir de pauta para manifestar el sentido del voto de su grupo parlamentario. Esa instantánea parece propia de quien interpreta el papel de funcionario cualificado del partido.

Una de las paradojas de la democracia representativa española es que los diputados son dueños de su escaño, pero para obtenerlo necesitan estar incluidos en unas listas cerradas y esa dependencia inicial se traslada a su labor en el Congreso, que suele estar condicionada por las indicaciones y estrategias de los dirigentes de su formación, estén o no presentes en la Cámara. Su teórica autonomía queda en entredicho cuando, además, pueden ser sancionados por no seguir las órdenes del jefe de filas.

Desconozco cómo hubiera preferido actuar el señor Esteban si hubiera podido decidir por sí mismo. Espero que, al menos, haya tenido la oportunidad de exponer su opinión. Sería lamentable que no hubiera sido así, y todavía peor si ni siquiera él se hubiera planteado darla pensando ‘total para qué’.

La política de grupos que actúan homogéneamente puede ayudar a la estabilidad, pero convierte a nuestros representantes políticos en empleados del partido destinados en el Parlamento. Es la imagen que a menudo transmiten, a pesar de que muchos de ellos no se la merezcan.