divendres, 1 de juny del 2018

La autonomía de los diputados

Dignificar la labor del representante político


Le preguntaban a Aitor Esteban hace unos meses sobre su reacción al discurso del Rey en el Congreso de los Diputados –no había aplaudido-. Dijo sensatamente que había actuado con respeto levantándose del asiento tras la intervención del monarca, pero no tenía por qué exteriorizar aprobación. La cortesía no exige el aplauso, como si los diputados fueran miembros de una claque.

Aitor Esteban atendiendo la llamada
Durante el debate de la moción de censura –más bien de reprobación- a Mariano Rajoy, el portavoz del PNV protagonizó una de las imágenes del día al dejar momentáneamente su escaño para atender una llamada telefónica en el interior del hemiciclo, se supone que  para recibir las instrucciones de la dirección de su partido, que debían de servir de pauta para manifestar el sentido del voto de su grupo parlamentario. Esa instantánea parece propia de quien interpreta el papel de funcionario cualificado del partido.

Una de las paradojas de la democracia representativa española es que los diputados son dueños de su escaño, pero para obtenerlo necesitan estar incluidos en unas listas cerradas y esa dependencia inicial se traslada a su labor en el Congreso, que suele estar condicionada por las indicaciones y estrategias de los dirigentes de su formación, estén o no presentes en la Cámara. Su teórica autonomía queda en entredicho cuando, además, pueden ser sancionados por no seguir las órdenes del jefe de filas.

Desconozco cómo hubiera preferido actuar el señor Esteban si hubiera podido decidir por sí mismo. Espero que, al menos, haya tenido la oportunidad de exponer su opinión. Sería lamentable que no hubiera sido así, y todavía peor si ni siquiera él se hubiera planteado darla pensando ‘total para qué’.

La política de grupos que actúan homogéneamente puede ayudar a la estabilidad, pero convierte a nuestros representantes políticos en empleados del partido destinados en el Parlamento. Es la imagen que a menudo transmiten, a pesar de que muchos de ellos no se la merezcan.

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