Dignificar la labor del representante político
Le preguntaban
a Aitor Esteban hace unos meses sobre su reacción al discurso del Rey en el
Congreso de los Diputados –no había aplaudido-. Dijo sensatamente que había actuado
con respeto levantándose del asiento tras la intervención del monarca, pero no
tenía por qué exteriorizar aprobación. La cortesía no exige el aplauso, como si
los diputados fueran miembros de una claque.
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| Aitor Esteban atendiendo la llamada |
Durante el
debate de la moción de censura –más bien de reprobación- a Mariano Rajoy, el portavoz
del PNV protagonizó una de las imágenes del día al dejar momentáneamente su
escaño para atender una llamada telefónica en el interior del hemiciclo, se supone
que para recibir las instrucciones de la
dirección de su partido, que debían de servir de pauta para manifestar el
sentido del voto de su grupo parlamentario. Esa instantánea parece propia de
quien interpreta el papel de funcionario cualificado del partido.
Una de las paradojas
de la democracia representativa española es que los diputados son dueños de su
escaño, pero para obtenerlo necesitan estar incluidos en unas listas cerradas y
esa dependencia inicial se traslada a su labor en el Congreso, que suele estar condicionada
por las indicaciones y estrategias de los dirigentes de su formación, estén o
no presentes en la Cámara. Su teórica autonomía queda en entredicho cuando,
además, pueden ser sancionados por no seguir las órdenes del jefe de filas.
Desconozco
cómo hubiera preferido actuar el señor Esteban si hubiera podido decidir por sí
mismo. Espero que, al menos, haya tenido la oportunidad de exponer su opinión.
Sería lamentable que no hubiera sido así, y todavía peor si ni siquiera él se
hubiera planteado darla pensando ‘total para qué’.
La política de grupos que actúan homogéneamente puede ayudar a la estabilidad, pero convierte a nuestros representantes políticos en empleados del partido destinados en el Parlamento. Es la imagen que a menudo transmiten, a pesar de que muchos de ellos no se la merezcan.


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