La orientación de la política
El
profesor le pregunta al alumno:
-
¡Rápido, rápido! Cuantos son dos y dos.
El
alumno contesta inmediatamente:
-
Cinco.
Sorprendido
el profesor le dice:
-
Pero hombre, ¡qué error!, dos y dos son cuatro.
Y
el alumno replica:
-
Usted qué pedía, ¿rapidez o exactitud?
La
respuesta ingeniosa del alumno mueve a la hilaridad, pero en el ámbito de la
política, a veces con la inestimable colaboración de los medios de
comunicación, no es extraño encontrarnos con episodios en los que se pretende
hacer ver lo contrario de lo que parece evidente. George Orwell lo ejemplifica
en 1984 en un fragmento que tiene
alguna relación con el chiste aunque no tenga ninguna gracia: “Al final, el
Partido anunciaría que dos y dos son cinco y habría que creerlo. Era inevitable
que llegara algún día al dos y dos son cinco. La lógica de su posición lo
exigía. Su filosofía negaba no sólo la validez de la experiencia, sino que
existiera la realidad externa. La mayor de las herejías era el sentido común, Y
lo más terrible no era que le mataran a uno por pensar de otro modo, sino que
pudieran tener razón. Porque, después de todo, ¿cómo sabemos que dos y dos son
efectivamente cuatro? O que la fuerza de la gravedad existe. O que el pasado no
puede ser alterado. ¿Y si el pasado y el mundo exterior sólo existen en nuestra
mente y, siendo la mente controlable, también pueden controlarse el pasado y lo
que llamamos la realidad?”*
¿Es
eso posible? Por supuesto, ejemplos notorios del mismo cariz no nos faltan en
la historia y no están muy lejanos en el tiempo, pero también los
encontraríamos en la actualidad. Es necesario, para ello, una adecuada dosis de
propaganda que repercuta en un estado de sugestión colectiva, como la que
formula Andersen en el cuento El nuevo
traje del rey, conocido también por El rey desnudo.
Es
el peligro que acompaña a la ideología cuando pretende desvirtuar la realidad
pasándola por un tamiz que la ahorme a sus postulados. Así lo denunciaba en un
artículo el periodista Carlos Esteban: "La ideología, cualquier ideología,
es una cárcel mental. Se parece a las antiguas herejías en que escogen una
parte de la verdad -a veces importante, a veces nimia - y la convierten en la
Causa de Todo. Los ideólogos son, así, monomaniacos. Su Idea lo explica todo,
aunque al final no valga la pena la explicación; su concepto de la realidad es
total, aunque se trate a menudo de una totalidad diminuta.”***
Cuando
oigo hablar a algunos políticos de transformar la sociedad o cambiar la
realidad, pienso ¡cuidado!: ¿qué nos van a vender? y ¿cuánto nos va a costar? No
es malo tener ideales y hacer de ellos bandera política, siempre y cuando actúen
como vectores que orienten pero no interfieran los objetivos que deberían ser prioritarios:
servicio a los ciudadanos y buena gestión.
*George Orwell (Eric Blair): 1984 (Nineteen
Eighty-Four) 1949 – Salvat – Biblioteca básica Salvat. Libro RTV 78 1970–
Primera parte, capítulo VII, página 69 - Traducción Rafael Vázquez Zamora
**El traje nuevo del emperador (Keiserens
nye Klæder) también conocido como El rey
desnudo, es un cuento de hadas danés escrito por Hans Christian Andersen y
publicado en 1837 como parte de Eventyr,
Fortalte for Børn (Cuentos de hadas contados para niños). Información
recogida de es.wikipedia.org/wiki/El_traje_nuevo_del_emperador
***Carlos
Esteban: Ideólogos - Alba del tercer milenio, del 14 al 20 de septiembre de
2007