Impuestos más sociales
Ligado a la crisis económica
ha emergido con fuerza el término “pobreza energética”. He encontrado esta
definición*: “la pobreza energética es la incapacidad de un hogar de satisfacer
una cantidad mínima de servicios de la energía para sus necesidades básicas”.
Se deduce de ello que la energía hasta un determinado límite de consumo es un
bien de primera necesidad para los ciudadanos y la consecuencia lógica sería
que la fiscalidad se adaptara a esta constatación. Sin embargo, en la factura
de la electricidad aparecen dos impuestos: uno especial de electricidad (5,11%)
sobre la suma de la cuota de suministro (potencia contratada) y el importe del
consumo, y el IVA al tipo general (21%) aplicado a la suma de todos los
conceptos. Por lo que se refiere al gas se le aplica un impuesto sobre
hidrocarburos de 0,00234 €/KWh y el IVA también al 21%.
¿Cómo se podría resolver
esta incongruencia? Ciñéndonos a la factura eléctrica, para todos los hogares
se podría establecer un nivel de potencia y un tramo de consumo básicos al que
se les aplique exclusivamente el IVA a tipo reducido o superreducido. A la
potencia y consumo excedentes se le aplicaría el impuesto especial y el IVA a
tipo general. Algo similar se podría aplicar al suministro de gas, adaptándolo
a sus características específicas.Ante la objeción de que el abaratamiento de la factura pueda estimular un consumo irresponsable la administración tributaria tiene el recurso de subsanarlo modificando al alza los impuestos especiales.
El problema de la
pobreza energética, que se hace más patente con la llegada del frío, no se
resuelve exclusivamente con estas medidas, porque hay otros ingredientes a
tener en cuenta. Sin embargo, ayudarían a que en muchos hogares el consumo de
energía sea menos gravoso y que la fiscalidad tenga una dimensión más social.
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