dimarts, 26 de juliol del 2016

Tacticismo, miedo o excusas

Querer influir sin arriesgarse

Andaba mosqueado el portavoz parlamentario de Ciudadanos tras lo ocurrido en la constitución de las Mesa del Congreso, parecía obviar sin embargo que su grupo había obtenido dos puestos en la misma gracias al apoyo del PP.
Juan Carlos Girauta
Le preguntaron sobre la posición de su grupo ante la probable investidura de Rajoy y reiteró la decisión de abstenerse en la segunda votación. ‘¿Qué haría falta para que cambiaran al sí?’, le preguntó un periodista. ‘Que el candidato no fuera el que es’. ¿Tacticismo? ¿Miedo? Excusas?...


En la anterior legislatura Ciudadanos apoyó a Pedro Sánchez, que intentó infructuosamente ser investido presidente. Sabían ambos que no tenían apoyo suficiente y cada socio intentó presionar hacia el lado más afín para conseguir sumar los escaños que faltaban. No dio resultado porque el PP no se dejó engatusar y para el resto de grupos, a pesar de haber expresado aversión al PP y Mariano Rajoy, el candidato no les mereció suficiente confianza.

Me pregunto qué le pasa a Ciudadanos. ¿Quieren influir sin arriesgar? ¿Temen ser abducidos por Rajoy? ¿Piensan que apoyar al actual presidente supone un estigma que lastrará su vida política? ¿O son simples excusas para no mojarse?


Asumir el poder supone estar en el disparadero. Quien quiera que haya gobierno tendrá que estar dispuesto a comerse ‘marrones’: aguantar presiones, descalificaciones y opiniones arrogantes e interesadas desde la barrera… Agazaparse, querer hacer una tortilla sin romper huevos, no lleva a ninguna parte.

En los primeros años del actual periodo democrático, algunos nostálgicos proclamaban que ‘contra Franco se vivía mejor’. Sería una pena que en este momento lo que primase entre los grupos minoritarios de la Cámara fuera que ‘contra Rajoy se está más cómodo’.

Ningún grupo está obligado a actuar de una manera determinada, pero sí se les puede pedir que sean consecuentes y responsables con la decisión que tomen, sin buscar subterfugios. 

dissabte, 23 de juliol del 2016

Política en blanco y negro

Pasa el tiempo y siguen en sus trece

Ha pasado un mes des de las últimas elecciones y parece que la situación política apenas avanza. Más bien emerge una gran dosis de susceptibilidad, como el ocurrido tras la constitución de la mesa del Congreso de los Diputados. Parece que buena parte de nuestros políticos más que interesados en ‘Juego de Tronos’, serie que no sigo, se encuentren más cómodos con los ‘Juegos de niños’  -“con éste no juego”, “no me ajunto”, “que salga el que ha sido que no le pasará nada” (?)…- obviando lo que debería ocupar el lugar preferente: trabajar para hacer factible la formación de gobierno.

Si hay una actividad en la que está claro que no debe dominar ni el blanco ni el negro, al menos en democracia, es la política. Nunca lloverá a gusto de todos, ni hay decisiones o fórmulas mágicas que sean eficaces y perdurables indefinidamente, ni todo lo que hacen los gobernantes está mal –pese a los recurrentes mensajes descalificantes de los  opositores-. Es más, la mejor manera de crecer socialmente es aprovechar las experiencias positivas de los predecesores –seguro que las hay-, actualizándolas si es preciso, y corregir o eliminar lo pernicioso, infructuoso u obsoleto. Las tabulas rasas, además de injustas y muestra de soberbia de quien se cree superior, son causa de mucho sufrimiento, provocando divisiones y enfrentamientos.


Nuestros políticos han de ser conscientes que manteniéndose en sus trece la situación continuará enquistada e instalada en un bucle del que será imposible salir. Habrá que dejar de lado el blanco o negro y considerar que tonalidad de gris es posible para que se produzca el desatasco. Los que no quieran asumir riesgos sería mejor que se dedicasen a otra cosa por el bien de los ciudadanos. Los que estén dispuestos a dar el paso para desencallar la situación es posible que, pese a las dificultades, consigan que vayan apareciendo en el horizonte los colores que revitalizan y alegran la vida social.

dissabte, 9 de juliol del 2016

Gobierno de consenso

Un lema de Kubala como referente

Muchos ciudadanos se estarán preguntando si el enredo político surgido tras las pasadas elecciones tiene solución. Porque algunos políticos parecen no haber digerido los resultados y siguen instalados en la ensoñación de sus añorados proyectos y más preocupados por su imagen que ocupados en resolver los problemas de los ciudadanos y favorecer un clima de convivencia pacífica.

Kubala
De lo que se trata ahora y cuya responsabilidad recae en los diputados y senadores electos es hacer viable la formación de un gobierno. Sobran las alusiones a los supuestos mensajes de los ciudadanos, interpretándolos en consonancia al discurso que se pretende transmitir.

Ladislao Kubala popularizó un lema que aplicaba al ámbito futbolístico: ‘saber, querer y poder’. Si nuestros representantes políticos fueran capaces de asimilarlo para sus competencias, las posibilidades de que surja un gobierno de la nueva legislatura aumentarían considerablemente.

En un entorno globalizado conviene saber cuáles son los retos más acuciantes para nuestro país y las distintas maneras de afrontarlos. Hay que querer asumir el riesgo que comporta cualquier decisión que se tome, donde debe prevalecer lo que beneficia al conjunto de los ciudadanos sobre lo que le interesa al partido. En estas condiciones y con mucho diálogo de amplio espectro, se puede llegar a conformar un gobierno mínimamente estable.


Con la configuración actual del arco parlamentario no tiene sentido un gobierno monocolor. El miedo a pringarse de los grupos minoritarios para formar una coalición podría superarse con la incorporación al ejecutivo de personas con competencia contrastada vinculadas o afines a partidos de la oposición que en este momento no desempeñen cargos en los órganos de dirección. Permitiría a las formaciones disponer de margen de maniobra para elaborar su propio discurso sin estar condicionados por una alianza de gobierno. Es una posibilidad entre otras que podría contemplarse para salir del enquistamiento.