dijous, 30 de juny del 2022

Un incòmode alè

El rastrejador del cel # 1


You'll Never Walk Alone, mai caminaràs sol, canten els aficionats del Liverpool per animar els jugadors del seu equip, un himne que en sentir-lo corejat per una gran multitud de seguidors arriba a estremir. El poeta Francis Thompson ens parla d'Algú que sempre està pendent de cadascú de nosaltres, malgrat ser obviat, marginat, silenciat per l'estrèpit d'una vida atrafegada, negat implícitament o explícitament, maltractat de paraula o d'obra… El seu alè pot resultar incòmode i estimula una resposta rebel, a espolsar-se aquesta presència com sigui, com expressa l'autor en els primers compassos dels 182 versos que empra a The hound of heaven.

Desconeixia el poema que el Venerable Fulton Sheen utilitza per teixir l'argument d'una de les seves al·locucions radiofòniques recollides en Déu i l'home (1). Vaig pensar que valia la pena aprofundir-hi. Ho aniré fent a poc a poc, compartint allò que m'inspiren aquests versos encadenats amb mestratge. Començo aquest recorregut amb els primers quinze, que exposo en versió original i tradueixo, com veureu, sense cenyir-me a la literalitat, per tal de copsar el sentit metafòric que el poeta imprimeix a les paraules. Desitjo que la vostra lectura en qualsevol de les versions us enriqueixi.


THE HOUND OF HEAVEN / 1

1 I fled Him, down the nights and down the days;

2 I fled Him, down the arches of the years;

3 I fled Him, down the labyrinthine ways

4 Of my own mind; and in the mist of tears

5 I hid from Him, and under running laughter.

6 Up vistaed hopes I sped;

7 And shot, precipitated,

8 Adown Titanic glooms of chasmèd fears,

9 From those strong Feet that followed, followed after.

10 But with unhurrying chase,

11 And unperturbèd pace,

12 Deliberate speed, majestic instancy,

13 They beat---and a Voice beat

14 More instant than the Feet---

15 'All things betray thee, who betrayest Me.'

 

EL RASTREJADOR DEL CEL / 1

1 Fugia d'Ell, nits i dies;

2 fugia d'Ell, any rere any;

3 fugia d'Ell, pels laberíntics camins

4 de la meva pròpia ment; i encegat pel plor

5 m'amagava d'Ell, i per sota reia.

6 Mirant de lluny amb esperança vaig accelerar;

7 i vaig disparar, precipitadament,

8 a les titàniques tenebres de pors abismades,

9 d'aquells forts Peus que em seguien, i continuaven després.

10 Em perseguien sense pressa,

11 a un ritme constant,

12 deliberada velocitat, majestuosa urgència,

13 ells van copejar-i una Veu va sonar

14 més ràpid que els Peus-

15 'Totes les coses et delaten a tu, que Em traeixes.'


El poema complet el podeu trobar als següents enllaços:

http://www.houndofheaven.com/poem

https://warwick.ac.uk/fac/arts/english/currentstudents/undergraduate/modules/fulllist/second/en227/texts/thompson-hound.pdf

(1) Fulton Sheen: Dios y el hombre. Título original: Your life is worth living. Editorial Rialp – Colección Patmos, número 292 – 1ª edición (2020). Traductora: Gloria Esteban. 253 páginas. Capítulo: 4. La invasión divina



diumenge, 12 de juny del 2022

Un tesoro por descubrir

Hay Alguien ahí

Hace algunas semanas que no veo a Torín. Mendigaba sentado en el suelo o de rodillas junto a la verja de entrada a la iglesia los domingos. Le daba siempre alguna moneda, a pesar de las advertencias del párroco respecto a la mendicidad profesional. A otros que ocupaban su lugar en ocasiones no les daba, pero a él sí. Varias veces me entraron ganas de decirle que el tesoro estaba dentro. No llegué a hacerlo por esos remilgos amparados en la oportunidad que tantas veces son un freno injustificado. Mi madre, que no era lo que se viene en llamar mujer de misa, no tenía reparo en hablar con naturalidad y desparpajo de sus devociones a las personas con las que se relacionaba, mientras yo me sentía algo incómodo a su lado en determinadas circunstancias.

No pretendía hablar a Torín de los objetos materiales que hay en el templo, sino de la presencia de Jesús sacramentado en el sagrario. A veces le veía acercarse al umbral del templo, supongo que para inspeccionar por dónde iba la Misa, pero en una ocasión le vi dirigirse al Cristo crucificado situado a la izquierda de la entrada. El tesoro al que quería referirme es el que diferencia un templo católico de otros espacios cerrados destinados a congregar personas –auditorios, salas de actos o conferencias, otros templos…-. La presencia real y actual de Cristo es el fundamento de la fe cristiana: «No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva», dice el papa Benedicto XVI (1).

Sin esa presencia real de Cristo en nuestras vidas la fe se convierte en algo banal o cultural o reglamentario o meramente racional. ¿Lo tenemos claro los que nos consideramos católicos, independientemente del grado de práctica pública o privada de la fe? ¿Lo tenemos claro cuando entramos en el templo? ¿Lo tenemos claro como para acercarnos a orar junto al sagrario al margen de las celebraciones aunque solo sea unos breves minutos? ¿Lo tenemos claro como para darnos cuenta que la vivencia de la fe no se reduce a un conjunto de prácticas externas y comunitarias? ¿Lo tenemos claro como para saber que la benemérita actividad asistencial será fructífera si sirve para acercarnos a Él cualquiera que sea la relevancia social que adquiera?

Me contaron que a un chico de catequesis le preguntaron dónde estaba Dios y contestó: ‘Estar, estar, está en todas partes, pero donde más para es en el sagrario’. Otro chaval expresaba con sencillez ‘para quererlo hay que rozarlo’. No basta con la formación catequética o intelectual y la práctica ritual, es necesario tratarlo personalmente para crecer, una actividad que no precisa de un espacio o un momento determinado. Un poema de Santa Teresa de Jesús nos orienta: “Vuestra soy, para Vos nací: / ¿Qué mandáis hacer de mí?”


Me sorprendió el comentario de un joven periodista que relataba su proceso de conversión al preguntarle qué les diría a los que, como a él le había ocurrido, estaban alejados de la fe: ‘que entren en una iglesia, se pongan unos minutos delante del sagrario y abran su corazón; a ver qué pasa’. Un consejo que puede aplicarse a los que ya transitan en ella: buscar el sagrario, abrir el corazón y dejar espacio para que se Él manifieste en ese momento o en otro. El esfuerzo que hacen las parroquias por mantener abierto el templo durante un buen número de horas ha de ser un estímulo para que delante del sagrario siempre haya alguien dispuesto a entablar ese diálogo.

(1) Benecdicto XVI: Encíclica Deus caritas est, número 1