No basta con llegar
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Pedro Sánchez en el debate de investidura |
Algún malpensado
anticlerical puede pensar que está hecho a posta, -ex profeso,
intencionadamente-, pero cuando a estas horas todavía no se sabe si hoy Pedro Sánchez
será investido Presidente del Gobierno la liturgia de la Misa de hoy, que
corresponde a la festividad de Santiago apóstol –patrono de España- propone un fragmento
del Evangelio (1) que expone un episodio
muy sugerente para quienes tienen el encargo de representar a los ciudadanos y
gobernar el país. Parte de una exigencia que le hace a Jesús una madre
entusiasta y orgullosa de sus vástagos: «Ordena que estos dos hijos míos se
sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.» En el contexto
de la política española, sería algo así como reclamar: «Hacedme o hacedle
presidente.»
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Representación de la escena del Evangelio |
Dejando de lado la
respuesta directa a la pregunta, el planteamiento de Jesús tiene un enfoque que
se aleja de lo que estamos acostumbrados a percibir en nuestros representantes
políticos: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes
los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre
vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros,
que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le
sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.»
La dignidad del cargo al
servicio de los ciudadanos, sin pensar exclusivamente en el encumbramiento y
los honores que conlleva, porque ese lugar privilegiado también tiene sus
amargas contrapartidas, como expresa Kolakowski: “Al preguntársele a un ex
ministro de Finanzas británico, durante una entrevista en televisión, si le
gustaría ser Primer ministro, contestó, un tanto sorprendentemente, que, por
supuesto, a todo el mundo le gustaría ser Primer ministro. Esto, a su vez, me
produjo cierto asombro, porque no estoy en absoluto convencido de que a todo el
mundo le gustase ser Primer ministro. Por el contrario, estoy seguro de que
muchísimas personas jamás han albergado tal sueño, no porque crean que sus
probabilidades de alcanzar la meta son muy escasas sino, simplemente, porque
creen que debe de ser un trabajo espantoso: incesantes quebraderos de cabeza,
enormes responsabilidades y el convencimiento de que, haga uno lo que haga,
será blanco permanente de ataques y ridiculización y de que se le atribuirán
siempre las peores intenciones.” (2)
El poder es necesario, al
menos para organizar la convivencia, y todos deberíamos ayudar en la medida de
nuestras posibilidades a que ello fuera posible. Al gobernante le corresponde
la tarea de servir al bien común, tener al conjunto como referencia y no solo a
los de su cuerda, o a los que más gritan, o a los que más presionan… Necesita
que la sociedad civil y las instituciones colaboren para que el colectivo al
que dirige –un país, una región, un municipio, una institución, una empresa…- salga
beneficiado de su gestión.
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Papa Francisco durante una de sus homilias en la capilla de Casa Santa Marta |
El texto que me ha servido
de inspiración (3) venía acompañado de unas palabras del papa Francisco
relacionadas con el fragmento evangélico que me parecen oportunas: “Hoy el
peligro es ceder a la «tentación de un cristianismo sin cruz. Un cristianismo a
mitad de camino». Es la tentación del triunfalismo: «Nosotros queremos el
triunfo ahora sin ir por la cruz. Un triunfo mundano, un triunfo razonable».
«El triunfalismo en la Iglesia paraliza a la Iglesia. El triunfalismo de
nosotros cristianos paraliza a los cristianos. Una Iglesia triunfalista es una
Iglesia a mitad de camino». Una Iglesia que se contentara con estar «bien
organizada, con todas las oficinas, todo en su lugar, todo bonito, eficiente»,
pero que renegara a los mártires sería «una Iglesia que sólo piensa en los
triunfos, en el éxito; que no tiene el estilo de Jesús: la norma del triunfo a
través del fracaso. El fracaso humano, el fracaso de la cruz. Y esta es una
tentación que todos nosotros tenemos».” (4)
El triunfalismo, paraliza; la arrogancia, ciega; la avaricia, no sacia; la falta de colaboración, obstaculiza…
Actitudes que impiden una cohesión razonable y alimentan la desconfianza y la desmotivación.
Hay estrategias de vuelo corto que consiguen situar en la cumbre, pero una vez
ahí tarde o temprano queda al descubierto en que se sustenta. Sin fundamentos
sólidos que den empaque al cargo difícilmente el timón se dirigirá a buen
puerto.
(1) Evangelio según san Mateo, capítulo 20, versículos 20-28
(2) Leszek Kolakowski: Libertad, fortuna, mentira y traición.
Ensayos sobre la vida cotidiana. Título original: Freedom, Fame, Lying and
Bretrayal (1997). Ediciones Paidós. Colección Biblioteca del presente número
15. 1ª edición 2001. Traductor: Víctor Pozanco Villalba. 108 páginas.
(3) José A. Martínez Puche:
Evangelio 2019. Texto y reflexiones
del jueves 25 de julio.
(4) Papa Francisco, homilía
de la Misa en Casa Santa Marta del miércoles 29 de mayo de 2013: El triunfalismo de los cristianos. Fuente:
https://w2.vatican.va/content/francesco/es/cotidie/2013/documents/papa-francesco_20130529_triunfalismo-cristianos.html