dijous, 25 de juliol del 2019

El cargo y sus fundamentos

No basta con llegar


Pedro Sánchez en el
debate de investidura
Algún malpensado anticlerical puede pensar que está hecho a posta, -ex profeso, intencionadamente-, pero cuando a estas horas todavía no se sabe si hoy Pedro Sánchez será investido Presidente del Gobierno la liturgia de la Misa de hoy, que corresponde a la festividad de Santiago apóstol –patrono de España- propone un fragmento del Evangelio (1) que expone un episodio muy sugerente para quienes tienen el encargo de representar a los ciudadanos y gobernar el país. Parte de una exigencia que le hace a Jesús una madre entusiasta y orgullosa de sus vástagos: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.» En el contexto de la política española, sería algo así como reclamar: «Hacedme o hacedle presidente.»

Representación de la
escena del Evangelio
Dejando de lado la respuesta directa a la pregunta, el planteamiento de Jesús tiene un enfoque que se aleja de lo que estamos acostumbrados a percibir en nuestros representantes políticos: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos

La dignidad del cargo al servicio de los ciudadanos, sin pensar exclusivamente en el encumbramiento y los honores que conlleva, porque ese lugar privilegiado también tiene sus amargas contrapartidas, como expresa Kolakowski: Al preguntársele a un ex ministro de Finanzas británico, durante una entrevista en televisión, si le gustaría ser Primer ministro, contestó, un tanto sorprendentemente, que, por supuesto, a todo el mundo le gustaría ser Primer ministro. Esto, a su vez, me produjo cierto asombro, porque no estoy en absoluto convencido de que a todo el mundo le gustase ser Primer ministro. Por el contrario, estoy seguro de que muchísimas personas jamás han albergado tal sueño, no porque crean que sus probabilidades de alcanzar la meta son muy escasas sino, simplemente, porque creen que debe de ser un trabajo espantoso: incesantes quebraderos de cabeza, enormes responsabilidades y el convencimiento de que, haga uno lo que haga, será blanco permanente de ataques y ridiculización y de que se le atribuirán siempre las peores intenciones. (2)

El poder es necesario, al menos para organizar la convivencia, y todos deberíamos ayudar en la medida de nuestras posibilidades a que ello fuera posible. Al gobernante le corresponde la tarea de servir al bien común, tener al conjunto como referencia y no solo a los de su cuerda, o a los que más gritan, o a los que más presionan… Necesita que la sociedad civil y las instituciones colaboren para que el colectivo al que dirige –un país, una región, un municipio, una institución, una empresa…- salga beneficiado de su gestión.

Papa Francisco durante una
de sus homilias en la
capilla de Casa Santa Marta
El texto que me ha servido de inspiración (3) venía acompañado de unas palabras del papa Francisco relacionadas con el fragmento evangélico que me parecen oportunas: “Hoy el peligro es ceder a la «tentación de un cristianismo sin cruz. Un cristianismo a mitad de camino». Es la tentación del triunfalismo: «Nosotros queremos el triunfo ahora sin ir por la cruz. Un triunfo mundano, un triunfo razonable». «El triunfalismo en la Iglesia paraliza a la Iglesia. El triunfalismo de nosotros cristianos paraliza a los cristianos. Una Iglesia triunfalista es una Iglesia a mitad de camino». Una Iglesia que se contentara con estar «bien organizada, con todas las oficinas, todo en su lugar, todo bonito, eficiente», pero que renegara a los mártires sería «una Iglesia que sólo piensa en los triunfos, en el éxito; que no tiene el estilo de Jesús: la norma del triunfo a través del fracaso. El fracaso humano, el fracaso de la cruz. Y esta es una tentación que todos nosotros tenemos». (4)

El triunfalismo, paraliza; la arrogancia, ciega; la avaricia, no sacia; la falta de colaboración, obstaculiza… Actitudes que impiden una cohesión razonable y alimentan la desconfianza y la desmotivación. Hay estrategias de vuelo corto que consiguen situar en la cumbre, pero una vez ahí tarde o temprano queda al descubierto en que se sustenta. Sin fundamentos sólidos que den empaque al cargo difícilmente el timón se dirigirá a buen puerto.

(1) Evangelio según san Mateo, capítulo 20, versículos 20-28
(2) Leszek Kolakowski: Libertad, fortuna, mentira y traición. Ensayos sobre la vida cotidiana. Título original: Freedom, Fame, Lying and Bretrayal (1997). Ediciones Paidós. Colección Biblioteca del presente número 15. 1ª edición 2001. Traductor: Víctor Pozanco Villalba. 108 páginas.
(3) José A. Martínez Puche: Evangelio 2019. Texto y reflexiones del jueves 25 de julio.
(4) Papa Francisco, homilía de la Misa en Casa Santa Marta del miércoles 29 de mayo de 2013: El triunfalismo de los cristianos. Fuente: https://w2.vatican.va/content/francesco/es/cotidie/2013/documents/papa-francesco_20130529_triunfalismo-cristianos.html

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