Exigencia mesurada
Todos somos
susceptibles de tener alguna manía, que puede tener efectos temporales o
permanentes. Una manía se traduce en una atención o un tratamiento desmesurado,
desproporcionado, desorbitado incluso, hacia algún aspecto de nuestra vida,
relacionado con cosas, actividades o personas. Cuando empecé a entrenar a uno
de los equipos de fútbol de una escuela deportiva interpreté que para ser justo
con los jugadores había de aplicar una estricta equidad cronométrica y dediqué
mucho tiempo a confeccionar unas tablas para hacer un seguimiento pormenorizado.
Este desvelo justiciero, además de producirme una inquietud añadida, me
distraía de atender otros cometidos más perentorios de mi labor; pronto me di cuenta de que era un esfuerzo banal y contraproducente para los jugadores y para mí.

Mientras
desayunaba el sábado pasado escuchaba la intervención semanal de Marián Rojas
Estapé en Fin de Semana de la cadena Cope (1); el tema escogido era ‘La cara B
del perfeccionismo’ y la psiquiatra daba algunas claves para identificar y
corregir este delirio que se nos presenta como un deseo inmoderado de hacer las
cosas muy bien. Marián dice que el perfeccionista vive constantemente en modo
alerta y, en consecuencia, segrega grandes dosis de cortisol*, que produce
somatizaciones que se transforman en dolencias corporales. Transcribo algunas
de sus frases: “El perfeccionista no se reconoce como tal. Piensa que está en
la verdad. (Los perfeccionistas) tienen un alto sentido de la responsabilidad,
un fondo rígido –las cosas le gustan como ellos quieren- son muy exigentes con
sus metas y las de los demás… Los logros no suelen verlos como éxitos… El
perfeccionista es el eterno insatisfecho, siempre está en modo alerta… Todo lo
que te hace vivir en modo alerta de forma constante te acaba enfermando… El
cuerpo se agota en esa búsqueda permanente de lo perfecto” (2).

Ese mismo
día en la homilía de la Misa el celebrante aludió a un pasaje evangélico en el
que Jesús les dice a los discípulos como conclusión a una serie de
recomendaciones: “sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto”. Si
esta frase se coteja con lo que había oído a la psiquiatra uno podría llegar pensar
que Jesús nos quiere mal y que seguirle en serio nos pone en riesgo de sufrir
ataques de ansiedad, pero la experiencia nos demuestra que no es así. ¿Cuál es
la diferencia entonces?El
perfeccionista es un maniático que se pone a él mismo como referente: él
decide, él evalúa y él es quien ha de dar la conformidad, se convierte en juez
y parte de sus acciones. Sin embargo, para un cristiano el referente es Jesús;
es a Él al que se ha de procurar imitar. Y eso, ¿cómo se hace? Conociéndole y
tratándole. ¿Cómo se le conoce? Leyendo y meditando el evangelio para descubrir
‘qué dice’ y ‘qué me dice’. ¿Cómo se le trata? A través de la oración, tanto en
la vocal y como en la mental, porque no es un ser extraño, sino Alguien con
quien podemos entablar un diálogo de tú a tú, especialmente si tenemos la
oportunidad de estar delante de un sagrario donde esté presente de forma
sacramental, aunque no es imprescindible ese lugar.

El recorrido
del perfeccionista acaba en sí mismo y fácilmente sus anhelos de perfección le
ponen de los nervios y esto afecta a su salud y al trato con los demás. Jesús,
sin embargo, nos anima a seguir sus pasos por el camino que tiene preparado
para nosotros, un sendero que hemos de ir descubriendo, un itinerario que nos
conduce a la paz interior, al servicio alegre a nuestro prójimo, a dar pasos
hacia la felicidad que Dios nos tiene reservada –“ni el ojo vio, ni el oído
oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman”
(3).*Cortisol: m. Fisiol. Hormona producida y segregada por la corteza suprarrenal, con importantes funciones metabólicas y antiinflamatorias (definición de la RAE).
(1) Marián
Rojas Estapé en Fin de Semana de la cadena Cope: La cara B del perfeccionismo.
Extraído de https://www.cope.es/programas/fin-de-semana/audios/cara-del-perfeccionismo-contracturas-insomnio-problemas-intestinales-cutaneos-caidas-pelo-20230204_2172549
Sobre el
mismo tema hay una intervención anterior con el título: Ser perfeccionista te
enferma, que se puede escuchar en el canal de youtube Podcast – Inspiración en
la siguiente dirección: https://www.youtube.com/watch?v=Q4wp2MkfAX4
(2) Evangelio
según san Mateo capítulo 5, versículo 48. Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/nuevo-testamento-mateo/
(3) 1ª carta de san Pablo a los Corintios, capítulo 2,
versículo 9. Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/1-corintios/