Al ritmo que
demanda el objetivo
Piano piano si arriva lontano, poco a poco se llega lejos, dice
una popular expresión italiana. Lo experimentas cuando haciendo senderismo
subes a una montaña y observas desde un mirador el camino recorrido. La
impaciencia a veces nos juega malas pasadas y nos impide avanzar al ritmo que
exigen las circunstancias. El ávido deseo de llegar a la meta lo antes posible resulta
en muchos casos contraproducente, porque en lugar de ser un estímulo unas veces
atenaza y otras atolondra.En la
lectura bíblica que estoy realizando secuencialmente transito en estos momentos
por el libro del Eclesiástico o Sirácida. Hace unos días el capítulo 39 me soltó
una andanada de características que acompañan a quienes se esfuerzan en seguir
los caminos del Señor:
«No así el que se aplica de lleno a meditar la ley
del Altísimo. Indaga la sabiduría de
los antiguos y dedica su ocio a estudiar las profecías. Conserva los relatos de los hombres
célebres y penetra en las sutilezas de las parábolas. Busca el sentido oculto de los proverbios y se interesa por los
enigmas de las parábolas. En medio de los poderosos presta su servicio, se
presenta delante de los príncipes; viaja
por tierras extranjeras y conoce el bien y el mal de los hombres. De buena mañana, con todo el corazón se
dirige al Señor, su Creador; reza
delante del Altísimo, abre su boca para suplicar y pide perdón por sus pecados.
Si el Señor, el Grande, lo quiere, se llenará de espíritu de inteligencia; derramará
como lluvia sabias palabras y en la
oración dará gracias al Señor. Enderezará
sus planes y su ciencia, y meditará los misterios ocultos. Mostrará la instrucción recibida y se
gloriará en la ley de la alianza del Señor. Muchos elogiarán su inteligencia y
jamás será olvidada; no desaparecerá su recuerdo y su nombre vivirá por
generaciones. Las naciones hablarán de su sabiduría, y la asamblea proclamará
su alabanza. En vida, tendrá renombre entre millares, y cuando muera, esto le
bastará» (1).
¿Misión
imposible? En lo que depende de los demás, quizás; en lo que depende de uno, es
cuestión de emprender o enderezar el camino; en lo que concierne a Dios,
tendremos el auxilio que necesitamos en cada momento, basta que lo pidamos con
fe, aunque sea a regañadientes. Hay una frase significativa atribuida a san
Ignacio de Loyola: ‘trabaja como si todo dependiera de ti; reza como si todo
dependiera de Dios’. Un buen acicate para no perderse en cábalas o en lamentos
ojalateros o en fantasías etéreas.
(1) Libro del Eclesiástico, o Sirácida, capítulo 39,
versículos 1 a 11. Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/eclesiastico/
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