dijous, 26 de gener del 2023

Alma frente a espíritu

Merece la pena distinguir

En Una Guía para los perplejos E. F. Schumacher describe cuatro grandes “niveles de ser”: mineral, vida, conciencia y autoconciencia, de manera que cada nivel superior asume las características propias de los anteriores. Solo el nivel inferior es completamente visible, de los otros tres únicamente observamos su manifestación, no su esencia.

La ciencia moderna impulsada por la búsqueda de la plena certeza se ha centrado principalmente en la materialidad, es decir, en el nivel inferior que comparte con todos los niveles, una de cuyas consecuencias es la miopía con que se afronta el conocimiento de la realidad en su plenitud. Escribe Schumacher: A medida que las personas dirigieron sus intereses cada vez más hacia el mundo visible, la distinción entre alma y espíritu se volvió más difícil de mantener y tendió a abandonarse por completo; el hombre, por lo tanto, fue representado como un ser compuesto de cuerpo y alma. Con el surgimiento del cientificismo materialista, finalmente, incluso el alma desapareció de la descripción del hombre. ¿Cómo podría existir si no podía pesarse ni medirse? -excepto como uno de los muchos atributos extraños de arreglos complejos de átomos y moléculas-. ¿Por qué no aceptar a la llamada “alma” -un haz de poderes sorprendentes- como un epifenómeno de la materia, tal como, digamos, se ha aceptado como tal al magnetismo?” (1)

Para Schumacher el alma es, ante todo, el principio vital, de la misma manera que lo define la primera acepción de la RAE: ‘Principio que da forma y organiza el dinamismo vegetativo, sensitivo e intelectual de la vida’; es una característica compartida por todos los seres vivos, aunque no sea de la misma manera. Sin embargo, el espíritu lo reserva para el nivel más alto: la autoconciencia propia de los seres humanos. Si acudimos a la RAE, en la segunda de las acepciones el espíritu se asimila a una cualidad asociada al alma: ‘Alma racional’ y la tercera a una energía o fuerza interior: ‘Principio generador, carácter íntimo, esencia o sustancia de algo’.

El Catecismo de la Iglesia Católica en un apartado dedicado al ser humano se hace eco de la confusión lingüística al referirnos al alma o al espíritu. El punto 363 indica: ‘A menudo, el término alma designa en la Sagrada Escritura la vida humana o toda la persona humana. Pero designa también lo que hay de más íntimo en el hombre y de más valor en él, aquello por lo que es particularmente imagen de Dios: "alma" significa el principio espiritual en el hombre’. En un punto posterior, el 367, aclara: A veces se acostumbra a distinguir entre alma y espíritu… La Iglesia enseña que esta distinción no introduce una dualidad en el alma. "Espíritu" significa que el hombre está ordenado desde su creación a su fin sobrenatural, y que su alma es capaz de ser sobreelevada gratuitamente a la comunión con Dios (2).

Simplificando, se podría decir que el alma permite a los seres que la poseen un grado de autonomía para dirigir sus pasos; mientras que el espíritu aporta a los seres dotados de autoconsciencia, la capacidad para transcender a sí mismos, algo solo accesible a los humanos entre los seres terrenales.

(1)  Ernst Friedrich Schumacher: Una guía para los perplejos. Traducido de A Guide for the Perplexed (1977) de la edición de  Vintage Books – Colección: Vintage classics – Editado 2011. 166 páginas. Capítulo 3. Progresiones – Apartado V

(2) Catecismo de la Iglesia Católica. Primera parte: La profesión de fe, segunda sección: La profesión de fe cristiana, Capítulo primero: Creo en Dios Padre, artículo 1: «Creo en Dios, padre todo poderoso, creador del cielo y de la tierra», Párrafo 6: EL hombre, Epígrafe II “Corpore et anima unus”, puntos 363 y siguientes.

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