¿Solo para adeptos?
¡Libertad de expresión! ¡Libertad de expresión! Grito en las calles, en universidades, en políticos, en medios de comunicación… Runrún en la opinión pública, sobre todo en la publicada. Sin embargo, ¿significa lo mismo para todos? ¿O quizá para algunos la libertad de expresión está exclusivamente reservada para los adeptos?
Sorprende que quien hace unos días sugería un control ‘ciudadano’ –o sea político- de los medios de comunicación privados, promueva una publicación que estigmatiza a periodistas no afectos, o participase en otro tiempo en algaradas para impedir hablar a un conferenciante que no era de su gusto en la universidad, sea uno de los que con mayor vehemencia reclame la libertad de un condenado por la justicia, alentando o justificando los disturbios que se han derivado de su encarcelamiento. Como suele ocurrir en los alegatos emocionales se resalta su faceta artística y se obvia o minimiza el conjunto de fechorías de distinta índole por las que ha sido o va a ser juzgado.









