divendres, 27 d’abril del 2018

Per què amargar-se?

La influència dels cerca-raons


Només hi ha una manera de ser feliços: deixar de preocupar-nos per les coses que no podem controlar” (1), és una sentència d’Epictet que aniria bé que s’apliquessin tots aquells que estan patint davant la possibilitat de que el Madrid guanyi la Champions.

Els jugadors del Barça
celebrant la darrera
Copa del Rei
El Barça ens ha malacostumat darrerament a guanyar sovint la Lliga i la Copa del Rei, i això ha implicat que l’efervescència emocional que produïa en altres temps la consecució d’aquests campionats hagi minvat aclaparadorament. Aquesta manca de tremp dóna peu a que alguns les qualifiquin com a competicions menors, de pa sucat amb oli, malgrat el gran esforç que suposa conquerir-les. Es vol vendre que el que realment fa patxoca ara és la Champions, la resta són gairebé complements per adornar les vitrines del ‘Museu de l’Estadi’ i poc més. Quina manera tan grollera de distorsionar l’activitat esportiva!

Trofeu del Campionat de Lliga
El més greu, però, és que el que més amoïni no és que enguany no es pugui guanyar la Champions, sinó que la torni a guanyar el Madrid. Caldria preguntar-se aleshores si paga la pena neguitejar-se per això. ¿Què els hi va o els hi ve als seguidors dels Barça un cop eliminats de la competició? Convé molt no deixar-se entabanar pels creadors d’opinió que són més aviat generadors de conflictes artificials i inoculadors d’angúnies que no tenen solta ni volta.

Diu Rafael Santandreu que l’estoic “Epictet ensenyava a tenir força emocional, la qual cosa no vol dir ‘no sentir emocions negatives’, sinó ‘no sentir emocions negatives exagerades’” (2), és a dir, no és una qüestió d’impassibilitat sinó de no treure les coses de polleguera.

Trofeu Champions League
Quan acabi la temporada el Barça, com tots els altres equips, hauran de fer balanç de com ha anat tot i posar-se a treballar –ja ho estaran fent- per planificar la següent. Mentre tant l’afició que celebri el que s’ha aconseguit i renovi la il·lusió per al curs vinent. I si el Madrid guanya la Champions? Que els aprofiti als madridistes, però no per això la resta ens hem d’amargar la vida.

(2) Rafael Santandreu: L’art de no amargar-se la vida (2011) – Cossetània edicions – Col·lecció Prisma número 29 – 222 pàgines. Primera part. Les bases. II. Pensa bé i et sentiràs millor. Pàgina 21

dimecres, 18 d’abril del 2018

Títulos y competencia

De la teoría a la práctica

¿Me puede explicar cómo funciona la máquina?’, algo así le pregunto a mi padre el ingeniero recién llegado a la fábrica para ocupar un cargo de responsabilidad. Era su jefe y había visto durante la carrera muchos planos de máquinas parecidas pero todavía no había entrado en contacto directo con ninguna. Probablemente aprendió con rapidez el funcionamiento de aquellos artefactos necesarios para que la empresa, que ya hace bastantes años que ha desaparecido, fabricase los motores para motocicletas. El título había permitido al joven licenciado acceder a un puesto de directivo pero su competencia estaba aún por demostrar.

La formación académica aporta conocimientos y procedimientos (parte visible) y, por otra parte, abre la mente, amplia horizontes y agiliza el intelecto (parte invisible); herramientas de gran utilidad en el ámbito profesional, aunque el trabajo que se realice tenga poco que ver con lo que se ha estudiado.

Tener un título es tan solo es una expectativa de aptitud, una evaluación estática de unos saberes determinados. No basta para la competencia profesional, porque para ello es necesario saber aplicar las habilidades adquiridas a las circunstancias que rodean la tarea encomendada. La experiencia (el saber práctico) y la buena actitud son elementos esenciales para la capacitación y cuando a ellas se une la perspicacia (la destreza para atar cabos sueltos) se puede llegar a la excelencia.

Venanci Castellanos
Mientras confeccionaba este escrito pensaba en lo que me contaba mi madre de un médico que atendía a su numerosa familia en las casas baratas del barrio barcelonés de Horta (1). Mi abuela recurría a él con frecuencia y él acudía presto a la llamada, por intempestiva que fuera la hora, sin pensar siquiera en los emolumentos que recibiría a cambio -la economía familiar era precaria-. Mi madre me ha contado muchas anécdotas de su buen hacer, que podían resumirse en una sentencia: “era verle entrar por la puerta y ya estábamos medio curados”.

Era un gran profesional al que le avalaban los hechos, su proceder; como tantos otros que hay y que conviene aprender a reconocer, porque a veces nos creemos imbuidos de tantos derechos que nos volvemos incapaces de valorar adecuadamente el trabajo de los demás, sin apenas saber distinguir entre lo regular, lo correcto o lo excelente.

En el número 67 durant molts anys vivia el Dr. Castellanos, que  a més, passava consulta en el núm. 69 del mateix carrer. El Dr. Castellanos es traslladava a casa dels seus malalts molts cops en bicicleta i a l'hivern en el seu cotxe negre, la seva figura continua vigent en el record de molts hortencs que com jo mateixa el recordem pels carrer d'Horta amb el seu maletí instrumental negre fent les visites domiciliàries, cal afegir que la primera consulta del dr. Castellanos va estar situada en la plaça Eivissa, núm 9 bis, tal com ho demostra la tarja de visita del propi metge,  tan la foto del doctor com la seva tarja apareixen en el llibre d'en Mingo Borràs "HISTÒRIES D'HORTA".

divendres, 13 d’abril del 2018

El timón del devenir


Cascos para oírnos


El yayo Mariano nos leía el novelón”, así refiere mi madre las veladas en la casa familiar durante su infancia. Es para ella un recuerdo entrañable, donde resalta la declamación de su padrastro –ella se quedó huérfana cuando tenía un año y medio- que les introducía en la historia que estaba relatando. Una escena difícil de repetir en la actualidad donde las múltiples alternativas de entretenimiento al alcance de los miembros de la familia tienden a ejercer un efecto disolvente.

La dispersión también afecta al ámbito personal, como refiere Miguel Ángel Martí en La serenidad: “el mundo de la técnica nos sitúa más bien fuera de nosotros mismos, quizá demasiado lejos para retomar nuestro universo interior. Vivimos hacia fuera, cuando sabemos que sin tener el «corazón caliente», reconfortado, abrigado por nuestros propios pensamientos, de nada sirve situarnos en la vanguardia de la diversión.” (1)

El cardenal Osoro
en la intervención referida
Preguntado por la polémica generada en torno a la iniciativa de Hazte Oír el cardenal Osoro dijo: “Pongan este eslogan: '¿Qué nos pasa para no saber lo que nos pasa?'. Ese es el autobús que yo quiero, no quiero otro” (2). Una pregunta que se había planteado y contestado con un juego de palabras muchos años antes Ortega y Gasset (3). El prelado cántabro, sin embargo, parece invitarnos a un autoexamen, buscando una respuesta personal y social, como exponía en una homilía pronunciada en la fiesta de la Inmaculada Concepción: “¿Qué nos pasa para no saber lo que nos pasa? ¿Qué nos pasa para no ser capaces de vivir como hermanos? ¿Qué nos sucede para no construir la fraternidad? ¿Qué medidas han entrado a nuestra vida que no respetamos los derechos humanos más elementales que además hemos reconocido?” (4)

Es difícil contestar a estas cuestiones immersos en un entorno físico y mental ruidoso donde llegan innumerables mensajes por tierra, mar y aire que reclaman nuestra atención. Pendientes de lo de fuera -donde se incluye también la preocupación por el aspecto exterior, la imagen- puede marginarse inspeccionar lo de dentro; con tanto de lo que ocuparse, falta tiempo para la introspección, para la reflexión sosegada, y así es imposible encontrar respuestas a la pregunta.

El ensimismado protagonista de Atrapado en el tiempo (5) tiene el privilegio de repetir una y otra vez la escena que se desarrolla en una jornada de su vida: ‘el día de la marmota’. Solo él puede modificar el escenario y el papel de los demás personajes con su actuación. Esa posición de ventaja, sin embargo, no le libera del bucle que le encamina una y otra vez al comienzo del mismo día cuando el radio-despertador se activa a las 6 de la mañana. Todo ello hasta que logra desembarazarse de la coraza que le aislaba de los demás y es capaz de reconocer en cada uno de ellos otro yo digno de ser respetado.

Nuestro tiempo ni se repite, ni se detiene, y depende en gran parte de nosotros hacia dónde deviene. Las circunstancias pueden ser favorables o adversas pero está a nuestro alcance controlar el timón para corregir, enderezar, retocar o mantener el rumbo. Solo hace falta empeñarse en dedicar tiempo a pensar si la dirección emprendida es la adecuada.

(1) Miguel-Ángel Martí García: La serenidad. Una actitud ante el mundo (2005) – Eiunsa. Colección Yumelia autoayuda. 4ª edición 2008 - 116 páginas. Prólogo, página 14.
(3) “No sabemos lo que nos pasa, y esto es precisamente lo que nos pasa, no saber lo que nos pasa”, publica Ortega en Esquema de las crisis, que luego formó parte de su curso En torno a Galileo, de 1933. Fuente: www.circunstancia.net/la-lucha-contra-los-gigantes/
(5) Atrapado en el tiempo. Título original: Groundhog Dayaka.  Año: 1993. Duración: 101 min. País: Estados Unidos. Dirección: Harold Ramis. Fuente: www.filmaffinity.com/es/film245798.html




dissabte, 7 d’abril del 2018

Un nou repte per l’UE

La justícia en el punt de mira


Foren unes lliçons de medicina improvisades les que uns quants vam rebre del metge del centre esportiu que freqüentava encuriosits com estàvem per desxifrar el contingut dels comunicats de ‘el equipo medico habitual’ durant la llarga agonia de Franco. Durant aquells dies vaig aprendre un xic més de com funciona el cos humà. Era una situació que des de la vessant política plantejava molts interrogants i expectatives, com passa hores d’ara a casa nostra amb l’embolic politico-social-judicial en que estem immersos.

La política catalana s’ha convertit en un reality show que amb més o menys espai i intensitat ocupa la graella dels mitjans de comunicació generalistes. Es para especial atenció a qualsevol esdeveniment que es produeix analitzant-lo fil per randa des de l’enfoc que a cadascú l’interessa destacar. Poc o molt, en funció del seguiment que hi fem, ens adonem de com funciona la justícia aquí i arreu, amb el seu enrevessat entramat legislatiu, amb valoracions contradictòries d’un mateix fet, amb la importància de comptar amb un qualificat equip d’advocats i un suport econòmic que ho permeti.

Pedro Pacheco
De tot aquest batibull que està condicionant la política catalana –se segueix sense govern i no s’albira que la dinàmica canvií, de tant encastellades que estan algunes posicions- potser aprenguem tots plegats un xic més de dret i legislació, i, probablement, variarà la consideració que ens mereix la justícia institucional nacional i internacional. Les comparacions es fan gairebé inevitables i la sensació que pot quedar és la que va expressar l’ex-alcalde de Jerez Pedro Pacheco: “la justícia es un cachondeo” (1).

La dimensió que ha adquirit el conflicte català és una experiència nova en el si de la UE que planteja uns interrogants que els països membres estan obligats a resoldre si no volen que l’escletxa judicial que s’està palesant acabi dinamitant el projecte comú per la desconfiança que genera. Un nou repte que, tant de bo, condueixi a una Europa més cohesionada.