De la teoría a la práctica
‘¿Me puede explicar cómo funciona la máquina?’, algo así le
pregunto a mi padre el ingeniero recién llegado a la fábrica para ocupar un
cargo de responsabilidad. Era su jefe y había visto durante la carrera muchos
planos de máquinas parecidas pero todavía no había entrado en contacto directo
con ninguna. Probablemente aprendió con rapidez el funcionamiento de aquellos
artefactos necesarios para que la empresa, que ya hace bastantes años que ha
desaparecido, fabricase los motores para motocicletas. El título había
permitido al joven licenciado acceder a un puesto de directivo pero su
competencia estaba aún por demostrar.
La formación académica aporta conocimientos y
procedimientos (parte visible) y, por otra parte, abre la mente, amplia horizontes
y agiliza el intelecto (parte invisible); herramientas de gran utilidad en el
ámbito profesional, aunque el trabajo que se realice tenga poco que ver con lo
que se ha estudiado.
Tener un título es tan solo es una expectativa de aptitud,
una evaluación estática de unos saberes determinados. No basta para la
competencia profesional, porque para ello es necesario saber aplicar las
habilidades adquiridas a las circunstancias que rodean la tarea encomendada. La experiencia (el saber práctico) y la buena actitud son
elementos esenciales para la capacitación y cuando a ellas se une la
perspicacia (la destreza para atar cabos sueltos) se puede llegar a la
excelencia.![]() |
| Venanci Castellanos |
Mientras confeccionaba este escrito pensaba en lo que me
contaba mi madre de un médico que atendía a su numerosa familia en las casas
baratas del barrio barcelonés de Horta (1). Mi abuela recurría a él con frecuencia
y él acudía presto a la llamada, por intempestiva que fuera la hora, sin pensar
siquiera en los emolumentos que recibiría a cambio -la economía familiar era precaria-. Mi madre me ha contado muchas anécdotas de su buen hacer, que
podían resumirse en una sentencia: “era verle entrar por la puerta y ya
estábamos medio curados”.
Era un gran profesional al que le avalaban los hechos, su
proceder; como tantos otros que hay y que conviene aprender a reconocer, porque
a veces nos creemos imbuidos de tantos derechos que nos volvemos incapaces de valorar
adecuadamente el trabajo de los demás, sin apenas saber distinguir entre lo regular,
lo correcto o lo excelente.
En el número 67 durant molts anys vivia el Dr. Castellanos, que a més, passava consulta en el núm. 69 del
mateix carrer. El Dr. Castellanos es traslladava a casa dels seus malalts molts
cops en bicicleta i a l'hivern en el seu cotxe negre, la seva figura continua
vigent en el record de molts hortencs que com jo mateixa el recordem pels
carrer d'Horta amb el seu maletí instrumental negre fent les visites
domiciliàries, cal afegir que la primera consulta del dr. Castellanos va estar
situada en la plaça Eivissa, núm 9 bis, tal com ho demostra la tarja de visita
del propi metge, tan la foto del doctor
com la seva tarja apareixen en el llibre d'en Mingo Borràs "HISTÒRIES
D'HORTA".

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