dimecres, 18 d’abril del 2018

Títulos y competencia

De la teoría a la práctica

¿Me puede explicar cómo funciona la máquina?’, algo así le pregunto a mi padre el ingeniero recién llegado a la fábrica para ocupar un cargo de responsabilidad. Era su jefe y había visto durante la carrera muchos planos de máquinas parecidas pero todavía no había entrado en contacto directo con ninguna. Probablemente aprendió con rapidez el funcionamiento de aquellos artefactos necesarios para que la empresa, que ya hace bastantes años que ha desaparecido, fabricase los motores para motocicletas. El título había permitido al joven licenciado acceder a un puesto de directivo pero su competencia estaba aún por demostrar.

La formación académica aporta conocimientos y procedimientos (parte visible) y, por otra parte, abre la mente, amplia horizontes y agiliza el intelecto (parte invisible); herramientas de gran utilidad en el ámbito profesional, aunque el trabajo que se realice tenga poco que ver con lo que se ha estudiado.

Tener un título es tan solo es una expectativa de aptitud, una evaluación estática de unos saberes determinados. No basta para la competencia profesional, porque para ello es necesario saber aplicar las habilidades adquiridas a las circunstancias que rodean la tarea encomendada. La experiencia (el saber práctico) y la buena actitud son elementos esenciales para la capacitación y cuando a ellas se une la perspicacia (la destreza para atar cabos sueltos) se puede llegar a la excelencia.

Venanci Castellanos
Mientras confeccionaba este escrito pensaba en lo que me contaba mi madre de un médico que atendía a su numerosa familia en las casas baratas del barrio barcelonés de Horta (1). Mi abuela recurría a él con frecuencia y él acudía presto a la llamada, por intempestiva que fuera la hora, sin pensar siquiera en los emolumentos que recibiría a cambio -la economía familiar era precaria-. Mi madre me ha contado muchas anécdotas de su buen hacer, que podían resumirse en una sentencia: “era verle entrar por la puerta y ya estábamos medio curados”.

Era un gran profesional al que le avalaban los hechos, su proceder; como tantos otros que hay y que conviene aprender a reconocer, porque a veces nos creemos imbuidos de tantos derechos que nos volvemos incapaces de valorar adecuadamente el trabajo de los demás, sin apenas saber distinguir entre lo regular, lo correcto o lo excelente.

En el número 67 durant molts anys vivia el Dr. Castellanos, que  a més, passava consulta en el núm. 69 del mateix carrer. El Dr. Castellanos es traslladava a casa dels seus malalts molts cops en bicicleta i a l'hivern en el seu cotxe negre, la seva figura continua vigent en el record de molts hortencs que com jo mateixa el recordem pels carrer d'Horta amb el seu maletí instrumental negre fent les visites domiciliàries, cal afegir que la primera consulta del dr. Castellanos va estar situada en la plaça Eivissa, núm 9 bis, tal com ho demostra la tarja de visita del propi metge,  tan la foto del doctor com la seva tarja apareixen en el llibre d'en Mingo Borràs "HISTÒRIES D'HORTA".

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada