Los
niños son los protagonistas
Un
compañero de la empresa electromecánica donde trabajaba me comentó la
estrategia que había seguido un directivo de su anterior empresa a quien
parecía no gustarle que se entregaran lotes de Navidad a los empleados. Cambió
la uniformidad de los lotes para repartirlos discrecionalmente de distinto
tamaño y contenido. Las discusiones que generó esta iniciativa entre el
personal -¿por qué el tuyo es más grande o por qué tiene esto o lo otro y el
mío no?- le dieron pie para justificar la supresión de esta práctica con el fin
de evitar que fuera motivo de conflicto entre los trabajadores.
Se
puede romper una costumbre o una tradición arrancándola de cuajo o
desintegrándola con iniciativas que la desvirtúen o la desnaturalicen.
El
régimen castrista quería que el pueblo que dirigía quería que centrase su
mirada, su razón de ser en la Revolución. La fiesta de la infancia no podía
quedar inmune a este propósito, como cuenta César Leante: “Cuando Fidel Castro
suprimió los Reyes Magos y trasladó el tradicional regalo de juguetes a los
niños para el mes de julio, alegó que los niños cubanos habían nacido el 26 de
julio de 1953, día en que asaltó el cuartel Moncada con un grupo de seguidores,
y que para él inicia la Revolución” (1). El escritor cubano esgrime tres
razones en su artículo, la tercera indica “crear la dependencia de la
ciudadanía del Estado desde una corta edad, pues los juguetes ya no se los
traían míticos monarcas orientales sino se obtenían mediante la presentación de
una libreta de racionamiento, es decir, que eran dádiva gubernamental” (1).
Como
reproduce Aymara Matos, Fidel Castro en 1974 lo ‘vendía’ a un grupo de niños de
la siguiente manera:
 |
| Fidel Castro hablando a un grupo de niños |
«Les voy a explicar: antes, el Día de los Niños era el 6
de enero, ¿lo recuerdan?… Pero no era la época de vacaciones, los niños estaban
en clases; no era el mejor período del año para el Día de los Niños, y para los
juguetes, para divertirse…
»Entonces
la Revolución tomó una decisión: ‘Vamos a cambiar la fecha, vamos a ponerla en
julio. ¿Pero qué día de julio?” Dijimos: “Bueno, como era el 6, vamos a ponerla
el 6 de julio”. ¿Pero saben lo que hemos descubierto? Que nos equivocamos al
escoger la fecha…
»…tenemos dos problemas, dos: uno, los exámenes, que son
los primeros días de julio; y otro, los días de la semana, que no cae domingo
el Día de los Niños… ¿No sería mejor que nosotros buscáramos otra fecha?…
»Bueno, me alegra mucho que ustedes digan el 26 de Julio,
pero el día 26 de Julio hay tremendas movilizaciones, actos de masa, y entonces
no resulta un buen día. Debiéramos buscar un día que se acerque al 26 de Julio…
»Entonces, ustedes están proponiendo un tercer domingo de
julio que sea el “Día de los Niños”, que sea un domingo, y caerá en plenas
vacaciones…»
Como pasa con otras celebraciones, el tirón popular del
día de Reyes se pretende aprovechar para que la atención se desvíe a otros
aspectos que desdibujan tanto su sentido religioso: epifanía, manifestación
planetaria –todas las personas de todo el mundo- de la Buena Nueva de Belén,
como social: ‘fiesta de la infancia’. Del mismo modo que los dirigentes cubanos
quieren convertirlo en un medio para apuntalar el régimen, en nuestro
territorio hay que pretende aprovecharlo para dejar constancia de sus
reivindicaciones políticas o ideológicas. ¿Qué queda entonces para los niños? Dulces,
juguetes y, quizá, mucha incomprensión.
(2) Aymara Massiel Matos
Gil: Fidel y el Día de los Niños en Cuba (www.cubahora.cu/sociedad/fidel-y-el-dia-de-los-ninos-en-cuba)