divendres, 5 de gener del 2018

Tengamos la fiesta en paz

Los niños son los protagonistas


Un compañero de la empresa electromecánica donde trabajaba me comentó la estrategia que había seguido un directivo de su anterior empresa a quien parecía no gustarle que se entregaran lotes de Navidad a los empleados. Cambió la uniformidad de los lotes para repartirlos discrecionalmente de distinto tamaño y contenido. Las discusiones que generó esta iniciativa entre el personal -¿por qué el tuyo es más grande o por qué tiene esto o lo otro y el mío no?- le dieron pie para justificar la supresión de esta práctica con el fin de evitar que fuera motivo de conflicto entre los trabajadores.

Se puede romper una costumbre o una tradición arrancándola de cuajo o desintegrándola con iniciativas que la desvirtúen o la desnaturalicen.

El régimen castrista quería que el pueblo que dirigía quería que centrase su mirada, su razón de ser en la Revolución. La fiesta de la infancia no podía quedar inmune a este propósito, como cuenta César Leante: “Cuando Fidel Castro suprimió los Reyes Magos y trasladó el tradicional regalo de juguetes a los niños para el mes de julio, alegó que los niños cubanos habían nacido el 26 de julio de 1953, día en que asaltó el cuartel Moncada con un grupo de seguidores, y que para él inicia la Revolución” (1). El escritor cubano esgrime tres razones en su artículo, la tercera indica “crear la dependencia de la ciudadanía del Estado desde una corta edad, pues los juguetes ya no se los traían míticos monarcas orientales sino se obtenían mediante la presentación de una libreta de racionamiento, es decir, que eran dádiva gubernamental” (1).
Como reproduce Aymara Matos, Fidel Castro en 1974 lo ‘vendía’ a un grupo de niños de la siguiente manera:
Fidel Castro hablando a un grupo de niños
«Les voy a explicar: antes, el Día de los Niños era el 6 de enero, ¿lo recuerdan?… Pero no era la época de vacaciones, los niños estaban en clases; no era el mejor período del año para el Día de los Niños, y para los juguetes, para divertirse…
»Entonces la Revolución tomó una decisión: ‘Vamos a cambiar la fecha, vamos a ponerla en julio. ¿Pero qué día de julio?” Dijimos: “Bueno, como era el 6, vamos a ponerla el 6 de julio”. ¿Pero saben lo que hemos descubierto? Que nos equivocamos al escoger la fecha…
»…tenemos dos problemas, dos: uno, los exámenes, que son los primeros días de julio; y otro, los días de la semana, que no cae domingo el Día de los Niños… ¿No sería mejor que nosotros buscáramos otra fecha?…
»Bueno, me alegra mucho que ustedes digan el 26 de Julio, pero el día 26 de Julio hay tremendas movilizaciones, actos de masa, y entonces no resulta un buen día. Debiéramos buscar un día que se acerque al 26 de Julio…
»Entonces, ustedes están proponiendo un tercer domingo de julio que sea el “Día de los Niños”, que sea un domingo, y caerá en plenas vacaciones…»

Como pasa con otras celebraciones, el tirón popular del día de Reyes se pretende aprovechar para que la atención se desvíe a otros aspectos que desdibujan tanto su sentido religioso: epifanía, manifestación planetaria –todas las personas de todo el mundo- de la Buena Nueva de Belén, como social: ‘fiesta de la infancia’. Del mismo modo que los dirigentes cubanos quieren convertirlo en un medio para apuntalar el régimen, en nuestro territorio hay que pretende aprovecharlo para dejar constancia de sus reivindicaciones políticas o ideológicas. ¿Qué queda entonces para los niños? Dulces, juguetes y, quizá, mucha incomprensión.

(1) César Leante: Fidel Castro y los niños (elpais.com/diario/2000/04/25/opinion/956613608_850215.html)
(2) Aymara Massiel Matos Gil: Fidel y el Día de los Niños en Cuba (www.cubahora.cu/sociedad/fidel-y-el-dia-de-los-ninos-en-cuba)

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