dilluns, 28 de març del 2016

Ramón de España y la fe

Un don inmerecido

Ramón de España relata en un rotativo su costumbre de acudir a un templo por estas fechas y su incapacidad, por mucho que se esfuerce, para decantarse hacía la creencia, tanto de los que confiesan a Dios como la de los que lo niegan. Los templos invitan a rezar o a reflexionar, pero también otros escenarios: el mar, la naturaleza u otros ambientes sosegados. Los templos son edificios construidos desde la fe, donde ésta se vive, se confiesa y se alienta, pero no son su refugio. Quien tiene fe va a todos lados con ella, forma parte de su ser. Es una realidad sobrenatural y, por eso, no es consecuencia inmediata de estrujarse las meninges, formar parte de una asociación piadosa, leer libros de religión, saberse de pe a pa el catecismo o, incluso, haber sido testigo de un milagro. Es un don, un regalo de Dios al que no se tiene derecho -esto suena a herejía laica en nuestra autoproclamada sociedad de los derechos-. Dado su carácter gratuito y discrecional no se puede reclamar, los que la tienen deberían agradecerlo y a los que querrían tenerla sólo les cabe estar bien dispuestos y pedirla, esperando recibir esta gracia conscientes de que nunca hay merecimiento suficiente. Cuesta de entender esto en una sociedad de raigambre católica donde hasta no hace mucho tiempo la fe se daba casi por supuesta, como impregnada en la nacionalidad.

La fe por sí sola no hace mejores a las personas, pero ayuda a ver las cosas desde una dimensión trascendente que da sentido a su vida, como constató el neurólogo y psiquiatra Víctor Frankl tras su experiencia en los campos de exterminio nazi, plasmado en El hombre en busca de sentido. Para conservarla es necesario estar dispuesto a esforzarse para ser consecuente tanto respecto al conocimiento y la práctica doctrinal como en el testimonio que se da obrando.


Entra en la lógica de la posición agnóstica del articulista que considere inconcebibles algunas cuestiones de fe, pero resulta que la realidad no depende de lo que uno sea capaz de comprender.

divendres, 25 de març del 2016

Flavià: persona y personaje

Dos en uno

Carles Flavià
Me enteré de la muerte de Carles Flavià por la radio mientras desayunaba. Tras la sorpresa inicial, unas autopreguntas rituales sobre los motivos y una brevísima oración, como suelo hacer cuando conozco el fallecimiento de alguien.

Flavià sabía que le quedaba muy poco tiempo de vida: ‘los minutos de la basura de su existencia’, según sus enigmáticas palabras de un mes antes, y preparó su última representación de acuerdo con la imagen pública que se había forjado. En ese sentido confluyen las informaciones que he leído del óbito y las exequias. Se remarcaba la irreligiosidad de ambos escenarios, probablemente por la condición de clérigo secularizado del finado. De hecho, tan solo hubiera necesitado, si lo deseaba, del concurso de su buen amigo el pare Manel, presente junto al lecho. Si este actuó en algún momento como sacerdote lo saben los que estaban presentes en la habitación del hospital.

No me atraía la polifacética actividad profesional de Flavià. Tampoco, cuando le escuché, el tono que empleaba, ni su horizonte vital. Sin embargo, me han llamado positivamente la atención otros aspectos, como esas amistades labradas durante muchos años, la vitalidad para sacar adelante gran cantidad de iniciativas, la actitud decidida para afrontar diversos retos profesionales, la colaboración en la labor social del pare Manel… Era alguien cuya presencia llamaba la atención y no dejaba indiferente.

El registro de su obra permitirá seguir hablando del personaje durante mucho tiempo; de la persona es de desear que guarden un grato recuerdo los que le han tratado y que descanse en paz.

dimarts, 22 de març del 2016

Reclamaciones y compromisos (modificado)

Gestos y hechos

Gilles Lipovetsky hace mención en El crepúsculo del deber * a algunas características del individualismo posmoderno: ‘no es antinómico con la preocupación de beneficencia, lo es con el ideal de la entrega personal: se quiere ayudar a los otros pero sin comprometerse demasiado’; ‘sí a la generosidad pero a condición de que sea fácil y distante, que no esté acompañada de una renuncia mayor’; ‘no es sinónimo de egoísmo: aunque se le haga cuesta arriba la retracción del yo, el individualismo no destruye la preocupación ética, genera en lo más profundo un altruismo indoloro de masas’; ‘ha disuelto el ideal de renuncia completa y regular, sólo reconoce la dedicación limitada, principalmente en situación de urgencia, en situaciones excepcionales de vida o muerte.’

La crisis de los refugiados que pugnan por llegar a las costas europeas arriesgando su vida, y en demasiados casos perdiéndola, sobrecoge y cuesta entender las actitudes cicateras ante un drama humanitario de esta magnitud. Las autoridades de la UE están desbordadas por la avalancha y desconcertadas por la disparidad de criterios entre los países miembros. Parece que sobra dinero y falta unidad para redactar un protocolo de actuación que, preservando la dignidad de los seres humanos, sea sostenible en el tiempo.

Es muy fácil reclamar y alzar la voz cuando no se tiene la responsabilidad de resolver el problema, como lo es decir ‘cuenta conmigo para lo que quieras’ como muestra de cortesía pero sin asumir un compromiso real.

Clamar para acoger a los refugiados es loable y probablemente necesario para que los gobernantes se sientan interpelados, pero si se quiere ser honrado es preciso preguntarse al mismo tiempo qué renuncias al propio bienestar se está dispuesto a soportar.

La demagogia puede llenar titulares pero no aporta soluciones y en un tema tan sensible y delicado se necesitan sobre todo manos tendidas y sobran puños o brazos en alto.


* Gilles Lipovetsky: El crepúsculo del deber. La ética indolora de los nuevos tiempos democráticos (Le crépuscle du devoir. L’éthique indolore des nouveaux temps démocratiques) ‘1992’ -  Anagrama ‘2000’ – Argumentos número 148      Traducción: Juana Bignozzi - IV. Las metamorfosis de la virtud. El altruismo indoloro. Una ética mínima. Página 133


Reclamaciones y compromisos

Gestos y hechos

Gilles Lipovetsky hace mención en El crepúsculo del deber * a algunas características del individualismo posmoderno: ‘no es antinómico con la preocupación de beneficencia, lo es con el ideal de la entrega personal: se quiere ayudar a los otros pero sin comprometerse demasiado’; ‘sí a la generosidad pero a condición de que sea fácil y distante, que no esté acompañada de una renuncia mayor’; ‘no es sinónimo de egoísmo: aunque se le haga cuesta arriba la retracción del yo, el individualismo no destruye la preocupación ética, genera en lo más profundo un altruismo indoloro de masas’; ‘ha disuelto el ideal de renuncia completa y regular, sólo reconoce la dedicación limitada, principalmente en situación de urgencia, en situaciones excepcionales de vida o muerte.’

La crisis de los refugiados que pugnan por llegar a las costas europeas arriesgando su vida, y en demasiados casos perdiéndola, sobrecoge y cuesta entender las actitudes cicateras ante un drama humanitario de esta magnitud. Las autoridades de la UE están desbordadas por la avalancha y desconcertadas por la disparidad de criterios entre los países miembros. Parece que sobra dinero y falta unidad para redactar un protocolo de actuación que, preservando la dignidad de los seres humanos, sea sostenible en el tiempo.

Es muy fácil reclamar y alzar la voz cuando no se tiene la responsabilidad de resolver el problema, como lo es decir ‘cuenta conmigo para lo que quieras’ como muestra de cortesía pero sin asumir un compromiso real.

Clamar para acoger a los refugiados es loable y probablemente necesario para que las autoridades se sientan impelidas, pero si se quiere ser honrado es preciso preguntarse al mismo tiempo qué renuncias al propio bienestar se está dispuesto a soportar.

La demagogia puede llenar titulares pero no aporta soluciones y en un tema tan sensible y delicado se necesitan sobre todo manos tendidas y sobran puños en alto.

* Gilles Lipovetsky: El crepúsculo del deber. La ética indolora de los nuevos tiempos democráticos (Le crépuscle du devoir. L’éthique indolore des nouveaux temps démocratiques) ‘1992’ -  Anagrama ‘2000’ – Argumentos número 148      Traducción: Juana Bignozzi - IV. Las metamorfosis de la virtud. El altruismo indoloro. Una ética mínima. Página 133


dimarts, 15 de març del 2016

Contrastar antes de juzgar

Digerir la información

El pasado domingo escuché de nuevo el fragmento del evangelio que narra el episodio de Jesús con la mujer acusada de adulterio. ¿Cuántas veces lo había oído hasta entonces? Innumerables. Y, a pesar de ello, por primera vez –que recuerde- presté atención a un detalle: el motivo de la acusación, el adulterio flagrante, es cosa de dos, pero sólo la mujer es acusada. Probablemente debe haber muchos escritos que glosan esta apreciación, pero los desconozco. Han pasado bastantes siglos y esta discriminación todavía se produce en algunos países, incluso se dan casos de mujeres a las que se condena adulterio tras haber sido violadas. * Una situación lamentable y lacerante, una lacra social que lastra a algunas culturas.

A la discriminación referida se puede unir también la actitud hipócrita de los acusadores. Aparentan estar movidos por el cumplimiento de la ley, pero el objetivo principal está al margen de la justicia: se pretende erosionar el crédito de quien se considera un adversario molesto poniéndolo en un aprieto. Esta postura se escenifica con demasiada frecuencia en el ámbito político con el inestimable amparo de medios de comunicación.

Sufrimos un bombardeo informativo de asuntos transmitidos de forma sesgada e interesada que deberíamos aprender a poner en su sitio si queremos tener un criterio equilibrado antes de opinar o emitir un juicio. Muchos comentarios están contaminados por la simpatía o animadversión hacia determinadas personas o colectivos y, si se quiere ser objetivo, corremos el peligro de fiarnos exclusivamente de lo que transmite un único grupo mediático. ¡Cuántas conversaciones reproducen miméticamente los mensajes transmitidos por algún medio como si fueran cosecha propia!

La sensatez invita a reflexionar antes de juzgar; a digerir lo que se nos transmite para evitar, en lo posible, ser manipulados;  a procurar no dejarse llevar por el ruido mediático y las declaraciones altisonantes de los comunicadores y personajes públicos.

Muchos malentendidos, estigmatizaciones y crispaciones se ahorran si se toma la precaución de contrastar aquello que llama más la atención. Se trata, en definitiva, de valorar los hechos en su justa medida.





dimecres, 9 de març del 2016

Interesante pero disperso

Derroteros de un artículo


(carta enviada al director de La Vanguardia)

Un titular es el escaparate que pretende atraer la atención del lector, también una expectativa de contenido que en ocasiones viene reforzado por una entradilla. Eso me ocurrió al fijarme en la presentación del artículo de Xavi Ayén ‘La aceleración provocada por la era digital, a debate’ * y su complemento: “Los expertos se enfrentan al reto de explicar cómo las tecnologías que fueron creadas para facilitarnos la vida acaban consumiendo todo nuestro tiempo”. ¿Hace justicia el contenido a estos anuncios? Sí en las primeras dos terceras partes. ¿Y luego? El escrito toma otros derroteros que lo alejan de lo que augura. ¿Dispersión voluntaria o involuntaria? ¿Relleno necesario para alcanzar los caracteres predeterminados? El texto es interesante y el redactor da la impresión de estar versado en lo que trata. ¿Algún inconveniente? Ya que se habla del aprovechamiento del tiempo sería de agradecer más concreción para poner la guinda.

www.lavanguardia.com/cultura/20160306/40232509338/la-aceleracion-era-digital.html


dimarts, 8 de març del 2016

Gestionar la tecnología

Entre la utilidad y la dependencia

José María Pemán cuenta en uno de los relatos que componen el libro Signo y viento de la hora (1) que estaba en la antesala del despacho de un señor importante, donde había otras personas importantes esperando ser recibidas. Le habían comentado amablemente que tendría que esperar un poquito. Durante la espera sonó el teléfono y observó que la secretaria no tardaba en pasar la llamada a su jefe, mientras las visitas seguían esperando. Esta escena se repitió varias veces y valorando las expectativas de ser recibido decidió marcharse y llamar desde una cabina al teléfono del señor importante siendo atendido inmediatamente.

Las novedades tecnológicas inciden en los hábitos y prioridades de las personas. De ordinario no se les puede aplicar una valoración moral por sí mismas, además suelen aportan utilidad y atractivo. El problema surge cuando pasan a ejercer una posición de dominio sobre la persona. En este caso de la utilidad se pasa a la dependencia.

La aceleración en la era de Internet
(José Luis Merino)
El pasado domingo publicabael digital de La Vanguardia un extenso artículo de Xavi Ayén titulado La aceleración provocada por la era digital, a debate. (2) Su contenido me recordó las primeras experiencias con internet a finales del siglo pasado. Me sorprendió entonces la avidez de respuesta que mostraban algunos de mis interlocutores. En ese momento nos comunicábamos por correo electrónico. Con la llegada de las redes sociales y Whatsapp está tensión comunicativa ha crecido exponencialmente. El estudio realizado por el psiquiatra extremeño, citado por Ayén, Jesús de la Gandara, autor del libro Cibernícolas, corrobora esta impresión: ‘El vicio más extendido es el del apresuramiento, que “tiene que ver con la veloz obsolescencia de las cosas y en ocasiones de las personas. Vivimos una sociedad de consumo donde impera lo efímero”.’ Apenas hay tiempo para digerir lo que se transmite y de tanto tragar se puede llegar al empacho.

El tema principal del artículo, a tenor de lo que expresa la entradilla es la absorción de tiempo asociada a las nuevas tecnologías:  ‘Los expertos se enfrentan al reto de explicar cómo las tecnologías que fueron creadas para facilitarnos la vida acaban consumiendo todo nuestro tiempo.’ Tenemos una dilatada experiencia y abundante literatura sobre los efectos de la televisión en la vida familiar. Las nuevas tecnologías tienen una gran capacidad para captar la atención. La exposición a los ordenadores y los Smartphone pueden producirnos efectos hipnóticos, manteniéndonos largo tiempo pendientes de la pantalla. Las redes sociales y la mensajería instantánea puede provocarnos estados de ansiedad, que nos inhabilitan transitoriamente para otras tareas. En este sentido se manifiesta la socióloga australiana Judy Wajcman, de la London School of Economics, citada también en el artículo y autora de Pressed for time: “Muchos sociólogos opinan que el drama de los ciudadanos modernos es encontrar tiempo para sí mismos. Lo que yo llamo la paradoja del tiempo es que todas las máquinas y la tecnología digital que deberían habernos liberado de la presión y el agobio del tiempo, porque nacieron para facilitarnos la vida, en realidad nos han convertido en seres más ocupados que nunca, en vez de liberarnos. Las encuestas indican que nos sentimos más agobiados y ansiosos que antes”.

No ha de extrañar la controversia al valorar las nuevas tecnologías, para algunos son fantásticas y sólo les ven ventajas; otros sólo se fijan en los problemas y alertan de sus perjuicios; y la mayoría valora su utilidad y considera que los efectos serán positivos o negativos en función de su uso. En este sentido Wajcman indica “la experiencia o vivencia que tengamos del tiempo depende, ante todo, del significado y los valores que otorgamos a nuestras actividades, no de la tecnología”.

Aprender a gestionar la tecnología. Quizá sea necesario librar una batalla, más o menos dura, contra la propia tendencia y zafarnos de la presión de nuestro entorno social. El objetivo debería consistir en que la tecnología esté a nuestro servicio y no se convierta en nuestro señor.

(1) José María Pemán: Signo y viento de la hora – Editorial Salvat – Colección: Biblioteca básica Salvat, libro RTV 84 ‘1970’ – Selección de Emilio Gasco ‘El señor que llama por teléfono’ Páginas 66 a 69.

(2) Xavi Ayén: La aceleración provocada por la era digital, a debate. La Vanguardia 06/03/2016 11:24. www.lavanguardia.com/cultura/20160306/40232509338/la-aceleracion-era-digital.html



dissabte, 5 de març del 2016

Paraules i actituds

Estratègia que no encaixa

Des de que lidera el PSOE he tingut la sensació que Pedro Sánchez representa un guió que no és el seu. El canvi de protagonista ha aportat un nou estil, però el discurs roman. Els mateixos dubtes sobre l’autor em produeix la lectura de l’article Oportunidad de cambio y progreso.*

La trajectòria de Pedro Sánchez al capdavant del partit socialista ha estat plena de contradiccions  i els que primer ho han patit han estat els seus companys, que han hagut d’empassar-se molts gripaus. Sento molts comentaris que el donen per amortitzat si no aconsegueix ser president del govern, com passa a les banquetes dels equips de futbol quan els resultats no acompanyen.

Hi ha però un ungüent que uneix els socialistes: el desig de desnonar Rajoy i el PP de la Moncloa.  A l’article queda clar el que s’ha repetit amb insistència: ‘La disjuntiva... és clara: o progrés o Rajoy.’ Tot i admirar Simeone sembla que políticament es prefereix l’estratègia Mourinho.

El que més afebleix a Sánchez és el seu comportament erràtic. En el seu intent de ser investit ha estat donant pals de cec esperant encertar amb l’olla per obtenir els vots que necessitava, presentant-se com a pal de paller del canvi i capaç d’aconseguir unir al seu voltant formacions amb programes antagònics. El resultat obtingut era de preveure, tot i afirmar el que l’estratègia de negociació del PSOE ha contradit:  ‘la lògica del canvi implica coherència entre el que es diu i el que es fa’, y apel·lar a l’inconsistent argument estètic de la coincidència de vot:  ‘Podem no pot dir que vol el canvi i votar per impedir-lo’. Fa un temps hauria fet trontollar voluntats, ara ja no cola. El vot negatiu constata que no se’n refien.

La incertesa continua i seria desitjable un acord socialment aglutinador. Qualsevol intent de formar un govern que aporti mesures destinades a fragmentar la societat intentant emmotllar-la ideològicament seria perniciós.


dijous, 3 de març del 2016

Elogios a la incertidumbre

Evitar el enquistamiento

Un sacerdote relataba su experiencia en el trato con reclusos comentando que resultaba muy complicado hablar con ellos mientras eran preventivos. Sorprendentemente, su actitud cambiaba positivamente cuando conocían la condena, aunque fuera dura.

Con algunas variantes se difundía por las redes sociales el siguiente mensaje: ‘llevamos dos meses sin recortes, sin subida de impuestos, sin leyes represivas, con el precio de la gasolina más bajo que nunca en los últimos años y con los políticos corruptos ante la Justicia. ¿Estamos seguros de que es necesario que se forme gobierno?’

Tanto el contenido de la misiva como lo ocurrido en las sesiones de investidura evocan la primera estrofa del poema Las dos linternas de Campoamor:
De Diógenes compré un día
la linterna a un mercader;
distan la suya y la mía
cuanto hay de ser a no ser.
Blanca la mía parece;
la suya parece negra;
la de él todo lo entristece;
la mía todo lo alegra.
Y es que en el mundo traidor
nada hay verdad ni mentira;
todo es según el color
del cristal con que se mira.

La incertidumbre puede ser atractiva durante un tiempo, como lo son unas vacaciones tras una época de trabajo intenso, pero si dicha situación pasa de ser transitoria a indefinida la perspectiva cambia. Prevalece la tendencia a centrarse en conservar lo que se tiene, vivir al día, y evitar embarcarse en nuevos proyectos.

Con la situación política estancada y un horizonte nebuloso es difícil promover iniciativas que redunden en un fructífero progreso social por el riesgo que implica llevarlas a cabo.


Parafraseando a Saint-Exupéry se podría decir a nuestros representantes políticos que más que en mirarse unos a otros (o unos contra otros, o a sí mismos), miren juntos en una misma dirección, poniéndose de acuerdo en coger el timón para evitar que su terquedad lleve el país a la deriva.