Entre la utilidad y la
dependencia
José María Pemán cuenta en
uno de los relatos que componen el libro Signo
y viento de la hora (1) que estaba en la antesala del despacho de un señor
importante, donde había otras personas importantes esperando ser recibidas. Le habían
comentado amablemente que tendría que esperar un poquito. Durante la espera
sonó el teléfono y observó que la secretaria no tardaba en pasar la llamada a
su jefe, mientras las visitas seguían esperando. Esta escena se repitió varias
veces y valorando las expectativas de ser recibido decidió marcharse y llamar
desde una cabina al teléfono del señor importante siendo atendido
inmediatamente.
Las novedades tecnológicas
inciden en los hábitos y prioridades de las personas. De ordinario no se les
puede aplicar una valoración moral por sí mismas, además suelen aportan
utilidad y atractivo. El problema surge cuando pasan a ejercer una posición de
dominio sobre la persona. En este caso de la utilidad se pasa a la dependencia.
 |
La aceleración en la era de
Internet (José Luis Merino) |
El pasado domingo publicabael
digital de La Vanguardia un extenso artículo de Xavi Ayén titulado La aceleración provocada por la era digital,
a debate. (2) Su contenido me recordó las primeras experiencias con
internet a finales del siglo pasado. Me sorprendió entonces la avidez de
respuesta que mostraban algunos de mis interlocutores. En ese momento nos
comunicábamos por correo electrónico. Con la llegada de las redes sociales y
Whatsapp está tensión comunicativa ha crecido exponencialmente. El estudio
realizado por el psiquiatra extremeño, citado por Ayén, Jesús de la Gandara,
autor del libro Cibernícolas,
corrobora esta impresión: ‘El vicio más extendido es el del apresuramiento, que
“tiene que ver con la veloz obsolescencia de las cosas y en ocasiones de las
personas. Vivimos una sociedad de consumo donde impera lo efímero”.’ Apenas hay
tiempo para digerir lo que se transmite y de tanto tragar se puede llegar al
empacho.
El tema principal del
artículo, a tenor de lo que expresa la entradilla es la absorción de tiempo
asociada a las nuevas tecnologías: ‘Los
expertos se enfrentan al reto de explicar cómo las tecnologías que fueron
creadas para facilitarnos la vida acaban consumiendo todo nuestro tiempo.’ Tenemos
una dilatada experiencia y abundante literatura sobre los efectos de la
televisión en la vida familiar. Las nuevas tecnologías tienen una gran
capacidad para captar la atención. La exposición a los ordenadores y los
Smartphone pueden producirnos efectos hipnóticos, manteniéndonos largo tiempo
pendientes de la pantalla. Las redes sociales y la mensajería instantánea puede
provocarnos estados de ansiedad, que nos inhabilitan transitoriamente para
otras tareas. En este sentido se manifiesta la socióloga australiana Judy
Wajcman, de la London School of Economics, citada también en el artículo y autora
de Pressed for time: “Muchos
sociólogos opinan que el drama de los ciudadanos modernos es encontrar tiempo
para sí mismos. Lo que yo llamo la paradoja del tiempo es que todas las
máquinas y la tecnología digital que deberían habernos liberado de la presión y
el agobio del tiempo, porque nacieron para facilitarnos la vida, en realidad
nos han convertido en seres más ocupados que nunca, en vez de liberarnos. Las
encuestas indican que nos sentimos más agobiados y ansiosos que antes”.
No ha de extrañar la
controversia al valorar las nuevas tecnologías, para algunos son fantásticas y
sólo les ven ventajas; otros sólo se fijan en los problemas y alertan de sus
perjuicios; y la mayoría valora su utilidad y considera que los efectos serán
positivos o negativos en función de su uso. En este sentido Wajcman indica “la
experiencia o vivencia que tengamos del tiempo depende, ante todo, del
significado y los valores que otorgamos a nuestras actividades, no de la
tecnología”.
Aprender a gestionar la
tecnología. Quizá sea necesario librar una batalla, más o menos dura, contra la
propia tendencia y zafarnos de la presión de nuestro entorno social. El
objetivo debería consistir en que la tecnología esté a nuestro servicio y no se
convierta en nuestro señor.
(1) José María Pemán: Signo
y viento de la hora – Editorial Salvat – Colección: Biblioteca básica Salvat,
libro RTV 84 ‘1970’ – Selección de Emilio Gasco ‘El señor que llama por
teléfono’ Páginas 66 a 69.