divendres, 25 de març del 2016

Flavià: persona y personaje

Dos en uno

Carles Flavià
Me enteré de la muerte de Carles Flavià por la radio mientras desayunaba. Tras la sorpresa inicial, unas autopreguntas rituales sobre los motivos y una brevísima oración, como suelo hacer cuando conozco el fallecimiento de alguien.

Flavià sabía que le quedaba muy poco tiempo de vida: ‘los minutos de la basura de su existencia’, según sus enigmáticas palabras de un mes antes, y preparó su última representación de acuerdo con la imagen pública que se había forjado. En ese sentido confluyen las informaciones que he leído del óbito y las exequias. Se remarcaba la irreligiosidad de ambos escenarios, probablemente por la condición de clérigo secularizado del finado. De hecho, tan solo hubiera necesitado, si lo deseaba, del concurso de su buen amigo el pare Manel, presente junto al lecho. Si este actuó en algún momento como sacerdote lo saben los que estaban presentes en la habitación del hospital.

No me atraía la polifacética actividad profesional de Flavià. Tampoco, cuando le escuché, el tono que empleaba, ni su horizonte vital. Sin embargo, me han llamado positivamente la atención otros aspectos, como esas amistades labradas durante muchos años, la vitalidad para sacar adelante gran cantidad de iniciativas, la actitud decidida para afrontar diversos retos profesionales, la colaboración en la labor social del pare Manel… Era alguien cuya presencia llamaba la atención y no dejaba indiferente.

El registro de su obra permitirá seguir hablando del personaje durante mucho tiempo; de la persona es de desear que guarden un grato recuerdo los que le han tratado y que descanse en paz.

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