Evitar el enquistamiento
Un sacerdote relataba su
experiencia en el trato con reclusos comentando que resultaba muy complicado
hablar con ellos mientras eran preventivos. Sorprendentemente, su actitud cambiaba
positivamente cuando conocían la condena, aunque fuera dura.
Con algunas variantes se
difundía por las redes sociales el siguiente mensaje: ‘llevamos dos meses sin
recortes, sin subida de impuestos, sin leyes represivas, con el precio de la
gasolina más bajo que nunca en los últimos años y con los políticos corruptos
ante la Justicia. ¿Estamos seguros de que es necesario que se forme gobierno?’
Tanto el contenido de la
misiva como lo ocurrido en las sesiones de investidura evocan la primera
estrofa del poema Las dos linternas de
Campoamor:
De Diógenes compré un día
la linterna a un mercader;
distan la suya y la mía
cuanto hay de ser a no ser.
Blanca la mía parece;
la suya parece negra;
la de él todo lo entristece;
la mía todo lo alegra.
Y es que en el mundo traidor
nada hay verdad ni mentira;
todo es según el color
del cristal con que se mira.
la linterna a un mercader;
distan la suya y la mía
cuanto hay de ser a no ser.
Blanca la mía parece;
la suya parece negra;
la de él todo lo entristece;
la mía todo lo alegra.
Y es que en el mundo traidor
nada hay verdad ni mentira;
todo es según el color
del cristal con que se mira.
La incertidumbre puede ser
atractiva durante un tiempo, como lo son unas vacaciones tras una época de
trabajo intenso, pero si dicha situación pasa de ser transitoria a indefinida la
perspectiva cambia. Prevalece la tendencia a centrarse en conservar lo que se tiene,
vivir al día, y evitar embarcarse en nuevos proyectos.
Con la situación política
estancada y un horizonte nebuloso es difícil promover iniciativas que redunden
en un fructífero progreso social por el riesgo que implica llevarlas a cabo.
Parafraseando a
Saint-Exupéry se podría decir a nuestros representantes políticos que más que
en mirarse unos a otros (o unos contra otros, o a sí mismos), miren juntos en
una misma dirección, poniéndose de acuerdo en coger el timón para evitar que su
terquedad lleve el país a la deriva.
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