La eficacia de las
estructuras está en las personas
Una de las
definiciones de empresa que incluye el diccionario es: “unidad de organización
dedicada a actividades industriales, mercantiles o de prestación de servicios
con fines lucrativos.” (1)
Es habitual que muchas
empresas, al menos las más grandes, informen de cuáles son sus principios
rectores: el objeto social y la misión, visión y valores corporativos. (2) Se
podría decir que ahí está plasmada su razón de ser, que para poderse llevar a
cabo necesitará del concurso de personas y su supervivencia dependerá de la viabilidad
económica y financiera de su actividad.
Hay una organización
que tiene registrada la denominación Empresas
con alma. (2) En su página web define una empresa con alma como “aquella
capaz de inspirar a sus trabajadores, clientes y proveedores a comprometerse
con un proyecto común que les permite aportar lo mejor de su conocimiento y
capacidades”; y el alma de una empresa como “su esencia, aquello que le da vida
y la hace diferente de cualquier otra, siendo esta esencia el motor que provoca
interés, generando energía y voluntad en las personas que participan de la
empresa para así trabajar, seguir adelante, luchar y comprometerse con ella y
sus objetivos.”
Desconozco la
trayectoria de esta entidad y su forma de trabajar para lograr sus objetivos, pero
discrepo en el calificativo que quiere asociar a las empresas, porque no es
propio de las empresas tener alma. Lo que le da vida a una empresa no es la
estructura, por muy bien diseñada que esté -organizativa, social y económicamente-,
sino las personas que participan en ese proyecto. Entre ellas, las que tienen
el encargo de dirigirlas, que son las que pueden permitir que con una buena gestión se
cree un clima de cooperación que redunde en un beneficio social y económico.
Los proyectos son importantes, las personas que los deben llevar a cabo son
fundamentales.
A veces denoto una
confianza desorbitada en las estructuras, como si fueran capaces por si solas de
resolver los problemas que les atañen, sin tener en cuenta la importancia de las personas que forman
parte de ellas, que son las que las dotan de eficacia; las almas que les dan
vida.













