dimarts, 31 de gener del 2017

El alma de las empresas

La eficacia de las estructuras está en las personas

Una de las definiciones de empresa que incluye el diccionario es: “unidad de organización dedicada a actividades industriales, mercantiles o de prestación de servicios con fines lucrativos.” (1)

Es habitual que muchas empresas, al menos las más grandes, informen de cuáles son sus principios rectores: el objeto social y la misión, visión y valores corporativos. (2) Se podría decir que ahí está plasmada su razón de ser, que para poderse llevar a cabo necesitará del concurso de personas y su supervivencia dependerá de la viabilidad económica y financiera de su actividad.

Hay una organización que tiene registrada la denominación Empresas con alma. (2) En su página web define una empresa con alma como “aquella capaz de inspirar a sus trabajadores, clientes y proveedores a comprometerse con un proyecto común que les permite aportar lo mejor de su conocimiento y capacidades”; y el alma de una empresa como “su esencia, aquello que le da vida y la hace diferente de cualquier otra, siendo esta esencia el motor que provoca interés, generando energía y voluntad en las personas que participan de la empresa para así trabajar, seguir adelante, luchar y comprometerse con ella y sus objetivos.

Desconozco la trayectoria de esta entidad y su forma de trabajar para lograr sus objetivos, pero discrepo en el calificativo que quiere asociar a las empresas, porque no es propio de las empresas tener alma. Lo que le da vida a una empresa no es la estructura, por muy bien diseñada que esté -organizativa, social y económicamente-, sino las personas que participan en ese proyecto. Entre ellas, las que tienen el encargo de dirigirlas, que son las que pueden permitir que con una buena gestión se cree un clima de cooperación que redunde en un beneficio social y económico. Los proyectos son importantes, las personas que los deben llevar a cabo son fundamentales.

A veces denoto una confianza desorbitada en las estructuras, como si fueran capaces por si solas de resolver los problemas que les atañen, sin tener en cuenta la importancia de las personas que forman parte de ellas, que son las que las dotan de eficacia; las almas que les dan vida.


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