dimecres, 25 de gener del 2017

Juicios de valor retrospectivos

El equilibrio requiere esfuerzo

En un corrillo con  antiguos compañeros/as de colegio durante la celebración de un cumpleaños,  uno de ellos expresó con rotundidad: “antes la gente estaba mal, pero ahora está desquiciada”. Una aseveración que cabe enmarcar tanto en su contexto –un desahogo emocional en el transcurso de una conversación informal- y reflejaba una preocupación ante muchos de los casos que tenía que tratar profesionalmente como educador social.

Constataba un deterioro psicológico bastante generalizado achacable a circunstancias culturales y ambientales. Estoy convencido que hablaba con conocimiento de causa, aunque quizá le faltaban referencias compensatorias que hicieran de contrapeso para que el juicio fuese más ecuánime.

La alusión temporal –antes y ahora- cuestiona cómo influyen las mejoras en las condiciones de vida material y social en el bienestar emocional de las personas. Se observa que no hay una correlación directa, porque, aunque parezca paradójico, vivir más cómodamente no supone necesariamente vivir mejor.

En los juicios de valor, sobre todo si se expresan espontáneamente, influyen poderosamente los estados de ánimo. Conscientes de la distorsión subjetiva que se puede producir se debería juzgar el pasado con prudencia, sobre todo si se hace con baremos del presente o con tintes nostálgicos. Somos los mismos pero no somos idénticos a como éramos anteriormente, tanto por el rol social que desempeñamos, como por las circunstancias internas y externas que nos acompañan.


Un buen juicio necesita de una actitud serena, que es fruto de un equilibrio interior. Una armonía que detesta la pasividad, porque hay que ganarla día a día con esfuerzo y tesón, para corregir los desajustes que producen nuestras acciones y las de los demás.

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada