dissabte, 30 de març del 2019

Poner atención en el ‘por qué’

Enseñanzas de la experiencia didáctica


Hace bastantes años se hizo famoso un libro titulado Antología del disparate escrito por un profesor de instituto que reproducía respuestas ‘sorprendentes’ en exámenes que había corregido. Era un libro que se prestaba a la comicidad, a reírse con las pifias, invenciones y desatinos de los demás. Se podría haber incluido la descripción que hice de un pozo artesiano en un examen de Ciencias Naturales de 5º de Bachillerato (equivalente al 4º de ESO actual) que suspendí -iba a poner me suspendieron, ¡ese subconsciente!-. A la mala calificación se unió el varapalo emocional que sufrí tras pedir una revisión de examen que sirvió para dejar constancia, en presencia de algunos compañeros de clase que me acompañaron, del desaguisado que había cometido. ¡Glups!

José Antonio Fernández Bravo
Sin embargo –especialmente cuando se trata de niños- no siempre una respuesta incorrecta –no se ajusta al guion previsto- se debe considerar equivocada, mucho menos un disparate. Lo explica el profesor José Antonio Fernández Bravo cuando le preguntan qué había aprendido de los niños: “Muchas veces decimos que no razonan porque desconocemos la causa por la cual se expresan. Que las respuestas que tenemos no coincidan con las que esperamos no significa en modo alguno que no razonen, sino simplemente que hay discrepancia entre lo que nosotros deseamos y lo que obtenemos.” (1)

Un ejemplo es la imagen que acompaña a un tuit con el siguiente texto (2): “Aquí va un ejercicio de mates de mi hijo (7 años). Yo creo que quien no lo ha entendido bien es el profe.


La lógica del docente que plantea la pregunta espera una respuesta determinada, pero el niño entiende el enunciado de una manera distinta y responde ajustándose perfectamente a esa lógica. Aquí es donde entra en juego la pericia, la flexibilidad y el discernimiento del docente para valorarlo adecuadamente. En un tono poético el maestro Fernández Bravo lo desarrolla distinguiendo dos actitudes, la del ‘que quiere’ y la del ‘que ama’: “Al maestro que quiere, a la maestra que quiere, le preocupa mucho el acierto. Prepara a los niños para responder. Les prepara para acertar. Por eso es muy difícil que estén preparados para aprender. El maestro que ama ve que en la equivocación hay un proceso de aprendizaje, que hay que partir del error, y que lo grande es que no saben y que la escuela tiene sentido porque se va a pasar del no saber al saber, del saber al saber más. Y entonces envuelve de generosidad todo lo que ofrece. Al maestro que quiere le importa el lucir de los procesos, al maestro que ama le importa el alumbrar de los resultados.

La experiencia didáctica, nutrida de múltiples anécdotas como la referida, ayuda a conciliar los dos retos a los que se enfrenta la educación en la escuela: la adquisición de conocimientos y competencias -educare: formar, instruir- y el desarrollo personal del alumno según sus capacidades -educere: guiar, conducir- (3).

(1) Intervención de José Antonio Fernández Bravo en el proyecto de educación BBVA Aprendemos juntos. Fuente: https://aprendemosjuntos.elpais.com/especial/todo-lo-que-me-ensenaron-los-ninos-jose-antonio-fernandez-bravo/
(2) Pablo Cantó: 19 respuestas incorrectas de niños en exámenes que merecen sobresaliente, publicado el 6 de marzo de 2018. Fuente: https://verne.elpais.com/verne/2018/02/06/articulo/1517932902_313940.html
(3) Ver, por ejemplo, en los apuntes de Elena Martín Cabañas: Educación: ¿Educere o Educare?, publicado el 28 de septiembre de 2015. Fuente: https://lena879.wixsite.com/educacion/single-post/2015/12/05/EDUCACI%C3%93N-%C2%BFEDUCERE-O-EDUCARE

dijous, 28 de març del 2019

Consejos para blogueros

Llamada a la autoevalución

Leo en una publicación de hace más de una década un decálogo de consejos dirigidos a blogueros principiantes:
José Luis Orihuela
pronunciando la conferencia

1. Comienza leyendo blogs
2. Prueba varias herramientas
3. Escoge un tema
4. Cuida la calidad
5. Enlaza a tus fuentes
6. No te preocupes de las visitas
7. Espera para promoverlo
8. Participa en las actividades de la blogosfera
9. Recuerda que es un medio público
10. Y, siempre, trata de divertirte

Proceden de José Luis Orihuela, profesor en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra –subdirector del Laboratorio de Comunicación Multimedia, en aquel momento-, autor del blog eCuaderno.com y del libro La revolución de los blogs, en el marco de una conferencia titulada Blogosfera hispana: la desmitificación pronunciada en el Primer Congreso Evento Blog España celebrado en Sevilla en noviembre de 2006. (1)

El profesor Orihuela es un experto al tratar sobre blogs y, al ser una actividad en la que participo desde hace más de tres años, me siento concernido por lo que dice y me pongo a cotejar sus recomendaciones con los pasos que he ido dando en esta aventura.

Ser bloguero nace, en mi caso, de una necesidad de exteriorizar preocupaciones e inquietudes que bullen en mi interior sin posibilidad de verse colmadas por otros medios: conversaciones, debates, cartas… En un primer momento se trata de un desahogo emocional e intelectual que te autoexamina y pone a prueba tus habilidades discursivas. Me doy cuenta luego que este ejercicio te ayuda a comprender un poco más la realidad, a huir de los juicios apriorísticos, a profundizar en los temas, a buscar argumentos que fortalezcan o corrijan percepciones prejuiciosas…

Todo esto podría canalizarse por otros medios, pero el blog es un medio ágil que me da la oportunidad de ponerlo a disposición de un público indeterminado que abarca toda la extensión de nuestro planeta, a través del inmenso escaparate que es la red. Estando expuesto a tantas miradas desconocidas evalúas lo que quieres decir y cómo te parece más apropiado decirlo. En este punto pienso que lo importante es no traicionarse, no poner el foco en las reacciones que se pueden producir, sino en expresarse razonadamente con sinceridad, es el mejor servicio que puedes hacer a tus hipotéticos lectores.

Como me quedó claro desde que leí Tus zonas erróneas no hay que temer a lo que puedan pensar los demás de uno por lo que escribe –algo que no podemos controlar-. No tener que depender económicamente de tus publicaciones te da mayor libertad para expresarte, por eso valoro especialmente a aquellos autores que se han puesto en riesgo dinero y fama por ser intelectualmente honestos; como Hannah Arendt tras la publicación de Eichmann en Jerusalén que decía en una entrevista: “Por la libertad merece la pena pagar un precio”… “Hay un precio por la libertad”… “Sé que hay que pagar un precio por la libertad, pero no puedo decir que me guste pagarlo.” (2) También como el recientemente fallecido Robert Spaemann, filósofo admirado al que he destinado un blog para difundir su pensamiento (3).

Haberme introducido en el universo blog está resultando una experiencia gratificante, a pesar de los inconvenientes que arrastra cualquier actividad creativa que se emprenda. En mi caso el proceso de elaboración no suele ser divertido, como aconseja Orihuela, aunque sí estimulante. Se aprende mucho, se amplían los horizontes de interés y se abre la mente. Esta es mi experiencia.

(1) Fuentes:
Revista Nuestro Tiempo, números 631-632, enero febrero 2007. Cosas que pasan: Hablemos de blogs, página 12
(2) Fuentes:
Entrevista a Hannah Arendt realizada en 1964 por Günter Gauss: Hannah Arendt: ¿Qué queda? Queda la Lengua Materna. Fuente: www.youtube.com/watch?v=WDovm3A1wI4
(3) foro-spaemann.blogspot.com

divendres, 22 de març del 2019

Examen de candidatos

El gobierno de la prudencia


A Kolakowski le sorprendía que un ministro británico dijera en una entrevista televisiva que a todo el mundo le gustaría ser primer ministro. El filósofo polaco consideraba que aunque estuvieran capacitados a muchos les retrae “porque creen que debe de ser un trabajo espantoso: incesantes quebraderos de cabeza, enormes responsabilidades y el convencimiento de que, haga uno lo que haga, será blanco permanente de ataques y ridiculización y de que se le atribuirán siempre las peores intenciones.”

A pesar de estos inconvenientes no suelen faltar candidatos a ostentar el máximo poder ejecutivo de un país. Además resulta necesario que alguien ocupe esa responsabilidad como también apunta Kolakowski: “el poder no puede ser abolido, sólo puede mejorar o empeorar mediante la sustitución de una clase de gobierno por otra… La propia naturaleza humana hace que nuestros intereses difieran y entren en conflicto… Si las instituciones del poder político se esfumasen… el resultado no sería la hermandad universal sino la universal carnicería.” (1)

Puestos a elegir a alguien que ocupe un cargo tan necesario para la comunidad, conviene valorar las cualidades de los candidatos, por la cuenta que nos trae. Con el tono amable y didáctico que le caracterizaba Albino Luciani, más adelante papa Juan Pablo I, reflexionaba sobre ello en una carta dirigida ficticiamente a Bernardo de Claraval. Tomaba como referencia un cónclave en el que había de elegirse papa y los cardenales dudaban entre “tres candidatos señalados uno por la santidad, el segundo por la alta cultura, el tercero por el sentido práctico”. Citando una carta del santo, un cardenal puso fin a la discusión: “¿El primer candidato es santo? Y bien, oret pro nobis, diga algún Padrenuestro por nosotros pobres pecadores. ¿El segundo es docto? Tenemos tanto placer, doceat nos, escriba algún libro de erudición. ¿El tercero es prudente? Iste regat nos, este nos gobierne y sea Papa”. (2)

La influencia de Bernardo sobre múltiples gobernantes de su tiempo parece que fue bastante notable. Luciani lo consideraba “un gran monje y un gran hombre de estado”. Aunque no es santo de la devoción de Carlo Cipolla que lo define como un 'pelma por antonomasia que tuvo una nefasta influencia sobre Luis VII de Francia' (3). A la prudencia le ocurre algo parecido cuando se la vincula inmerecidamente al pusilánime, timorato o indeciso.

Carlo Cipolla
En el intercambio epistolar que utiliza Luciani para desarrollar el tema, Bernardo escribe que le “parece justo que la prudencia sea dinámica, es decir, que mueva a la acción. Sin embargo, hay que distinguir tres momentos: la deliberación, la decisión y la ejecución”. A continuación describe cada uno de estos tres pasos: Deliberar quiere decir buscar medios que conduzcan al fin; se hace a base de reflexión, de consultas, de un examen detenido… Decidir quiere decir: después de examinar los distintos medios posibles, quedarse con uno… No es prudencia el eterno vacilar, que todo lo deja en suspenso y sume al alma en la incertidumbre; tampoco es prudente esperar, para decidir, la presencia de condiciones ideales. Se dice que «la política es el arte de lo posible»; en cierto sentido, esto es verdad.

La ejecución es el más importante de los tres momentos… se asocia a la fortaleza para hacer frente al desaliento ante las dificultades o los impedimentos. Es el momento en que uno se revela jefe y guía.” Y aclara: “la prudencia es, ante todo, una virtud; por lo tanto, sirve únicamente a causas nobles y adopta tan sólo medios lícitos.

La prudencia entendida de esta manera no es la única cualidad que debe adornar a un candidato pero sí que es la principal para gobernar con sensatez y honestidad. La política ha de estar al servicio de la comunidad, cuando se anteponen intereses personales, de partido o ideológicos los ideales de convivencia y prosperidad quedan maltrechos.

(1) Leszek Kolakowski: Libertad, fortuna, mentira y traición. Ensayos sobre la vida cotidiana. Título original: Freedom, Fame, Lying and Bretrayal (1997). Ediciones Paidós. Colección Biblioteca del presente número 15. 1ª edición (2001). Traductor: Víctor Pozanco Villalba. 108 páginas. Capítulo 1. Del poder. Páginas 9-13
(2) Albino Luciani: Ilustrísimos señores. Cartas del patriarca de Venecia. Título original: Illustrissimi. Editorial: BAC. Capítulo: A San Bernardo, Abad de Claraval: Si gobiernas, sé prudente. El texto de este capítulo se puede encontrar en: http://www.papaluciani.com/esp/ensenanzas/cartas/ilustrisimos/bernardo1.htm
(3) Ver Carlo M. Cipolla: Allegro ma non troppo. Artículo: El papel de las especias (y de la pimienta en particular) en el desarrollo económico de la Edad Media, número 9

divendres, 8 de març del 2019

El pretexto de las ‘malas compañías’


La bondad requiere fortaleza


Discrepaba con un compañero del equipo de fútbol en el que jugaba sobre un tipo de comportamiento. Mis reparos fueron contraargumentados estadísticamente citando un famoso libro de aquella época, que sentenciaba que un porcentaje muy elevado de chicos de nuestra edad actuaban como él decía. No consiguió convencerme, pero sí dejarme algo tocado: ¿seré un tipo raro?; ese sentimiento de aislamiento sobre el que trabajó la socióloga Noelle-Neumann buscando explicaciones a los comportamientos del electorado que plasmó en La espiral del silencio.

En esa etapa, llevado por una curiosidad malsana, también hubo espacio para emular otros comportamientos nocivos, que aunque poco tiempo después llegué percibirlos como tales y abandonarlos, primero por propia reflexión y luego por trabar amistad con personas cuyos horizontes vitales transcurrían por otros derroteros, no merecen justificarse aduciendo que les pasan cosas parecidas o peores a muchos a esa edad –‘mal de muchos… ¡epidemia!’-, como dan a entender quienes con tono jocoso se refieren a sus pretéritos desmanes: ‘no hablo de ello públicamente porque todavía no ha prescrito’.

Haciendo referencia a personas que han caído en la delincuencia o la drogadicción hemos oído en muchas ocasiones a los progenitores o personas allegadas comentar que ‘es un buen chico, pero las malas compañías lo han llevado por un camino equivocado’. Probablemente ese comentario podría aplicarse a casi todos los miembros de esas ‘malas compañías’. Por distintos motivos el mal se presenta atractivo, la transgresión por sí misma parece que a uno le engrandece, le reafirma en su propio yo, y en épocas emocionalmente inestables, como la adolescencia, ejerce un efecto estimulante que arrastra.

También incide en el comportamiento el cobijo que ofrece el grupo, que muchas veces es dominado por aquel que tiene las ideas más disparatadas, temerarias o radicales. En ese contexto adquiere relevancia la frase de Edmund Burke: “Lo único que se necesita para que triunfe el mal es que los hombres buenos no hagan nada”. Si en el grupo no hay nadie que sea capaz de pararle los pies a quien quiere conducirlos por una senda perversa todos los que permanecen en él quedarán manchados y aprisionados por el temor a quedar aislados, amparados –a veces- en una malentendida lealtad: ¿qué va a ser de mi si me aparto del grupo, qué van a pensar si no sigo sus decisiones o consignas?

La bondad se confunde muchas veces con la pusilanimidad –no crea problemas, es dócil, no ha roto nunca un plato…-. El pusilánime bondadoso se suele sustentar en principios inestables –es lo que toca hacer- inmaduros y superficiales, que se desvanecen cuando se hace preciso defenderlos. La volubilidad es habitual en estas personas, que se contagian con facilidad del ambiente que les rodea: ‘donde fueres haz lo que vieres’. (1)

La bondad requiere la fortaleza de ánimo que aporta la siguiente definición: “En situaciones ambientales perjudiciales a una mejora personal, resiste las influencias nocivas, soporta las molestias y se entrega con valentía en caso de poder influir positivamente para vencer las dificultades y para acometer empresas grandes.” (2) Es una cualidad que conviene a todos los públicos y se entrena esforzándose en dominar las tendencias falsamente pacificadoras de la conciencia en forma de comodidad, pereza, reclusión tecnológica, falta de compromiso, pasotismo, relativismo, indiferentismo… Para ser bueno también hay que ser mental y anímicamente fuerte.

(1) Refrán 'Donde fueres haz lo que vieres': Recomienda, por educación, acomodarse a las costumbres y usos del país en el que uno se encuentra, al tiempo que aconseja no singularizarse saliendo de los modos y usos establecidos en cada lugar para evitar conflictos. Fuente: https://cvc.cervantes.es/lengua/refranero/ficha.aspx?Par=58540&Lng=0