El gobierno de la prudencia
A Kolakowski le sorprendía
que un ministro británico dijera en una entrevista televisiva que a todo el
mundo le gustaría ser primer ministro. El filósofo polaco consideraba que aunque
estuvieran capacitados a muchos les retrae “porque creen que debe de ser un
trabajo espantoso: incesantes quebraderos de cabeza, enormes responsabilidades
y el convencimiento de que, haga uno lo que haga, será blanco permanente de ataques
y ridiculización y de que se le atribuirán siempre las peores intenciones.”
A pesar de estos
inconvenientes no suelen faltar candidatos a ostentar el máximo poder ejecutivo
de un país. Además resulta necesario que alguien ocupe esa responsabilidad como
también apunta Kolakowski: “el poder no puede ser abolido, sólo puede mejorar o
empeorar mediante la sustitución de una clase de gobierno por otra… La propia
naturaleza humana hace que nuestros intereses difieran y entren en conflicto… Si
las instituciones del poder político se esfumasen… el resultado no sería la
hermandad universal sino la universal carnicería.” (1)
Puestos a elegir a alguien
que ocupe un cargo tan necesario para la comunidad, conviene valorar las
cualidades de los candidatos, por la cuenta que nos trae. Con el tono amable y
didáctico que le caracterizaba Albino Luciani, más adelante papa Juan Pablo I,
reflexionaba sobre ello en una carta dirigida ficticiamente a Bernardo de
Claraval. Tomaba como referencia un cónclave en el que había de elegirse papa y
los cardenales dudaban entre “tres candidatos señalados uno por la santidad, el
segundo por la alta cultura, el tercero por el sentido práctico”. Citando una
carta del santo, un cardenal puso fin a la discusión: “¿El primer candidato es
santo? Y bien, oret pro nobis, diga algún Padrenuestro por nosotros pobres
pecadores. ¿El segundo es docto? Tenemos tanto placer, doceat nos, escriba
algún libro de erudición. ¿El tercero es prudente? Iste regat nos, este nos
gobierne y sea Papa”. (2)
La influencia de Bernardo sobre
múltiples gobernantes de su tiempo parece que fue bastante notable. Luciani lo consideraba
“un gran monje y un gran hombre de estado”. Aunque no es santo de la devoción
de Carlo Cipolla que lo define como un 'pelma por antonomasia que tuvo una nefasta influencia sobre Luis VII de Francia' (3). A la prudencia le ocurre algo parecido cuando se la vincula inmerecidamente
al pusilánime, timorato o indeciso.
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| Carlo Cipolla |
En el intercambio epistolar
que utiliza Luciani para desarrollar el tema, Bernardo escribe que le “parece
justo que la prudencia sea dinámica, es decir, que mueva a la acción. Sin
embargo, hay que distinguir tres momentos: la deliberación, la decisión y la
ejecución”. A continuación describe cada uno de estos tres pasos: “Deliberar
quiere decir buscar medios que conduzcan al fin; se hace a base de reflexión,
de consultas, de un examen detenido… Decidir quiere decir: después de examinar
los distintos medios posibles, quedarse con uno… No es prudencia el eterno
vacilar, que todo lo deja en suspenso y sume al alma en la incertidumbre;
tampoco es prudente esperar, para decidir, la presencia de condiciones ideales.
Se dice que «la política es el arte de lo posible»; en cierto sentido, esto es
verdad.
La ejecución es el más
importante de los tres momentos… se asocia a la fortaleza para hacer frente al
desaliento ante las dificultades o los impedimentos. Es el momento en que uno
se revela jefe y guía.” Y aclara: “la prudencia es, ante todo, una virtud; por
lo tanto, sirve únicamente a causas nobles y adopta tan sólo medios lícitos.”
La prudencia entendida de
esta manera no es la única cualidad que debe adornar a un candidato pero sí que
es la principal para gobernar con sensatez y honestidad. La política ha de estar
al servicio de la comunidad, cuando se anteponen intereses personales, de
partido o ideológicos los ideales de convivencia y prosperidad quedan maltrechos.
(1) Leszek Kolakowski: Libertad, fortuna, mentira y traición.
Ensayos sobre la vida cotidiana. Título original: Freedom, Fame, Lying and
Bretrayal (1997). Ediciones Paidós. Colección Biblioteca del presente número
15. 1ª edición (2001). Traductor: Víctor Pozanco Villalba. 108 páginas. Capítulo
1. Del poder. Páginas 9-13
(2) Albino Luciani: Ilustrísimos señores. Cartas del patriarca
de Venecia. Título original: Illustrissimi. Editorial: BAC. Capítulo: A San
Bernardo, Abad de Claraval: Si gobiernas, sé prudente. El texto de este capítulo
se puede encontrar en: http://www.papaluciani.com/esp/ensenanzas/cartas/ilustrisimos/bernardo1.htm
(3) Ver Carlo M. Cipolla: Allegro ma non troppo. Artículo: El papel de las
especias (y de la pimienta en particular) en el desarrollo económico de la Edad
Media, número 9


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