Usos que distorsionan el significado
Hace un tiempo me pregunté por qué el uso del lenguaje distorsiona el significado original de algunos términos, modificando significativamente su carga positiva o negativa. Me refiero, por ejemplo, a soberbia que como sustantivo se define en su primera acepción como “altivez y apetito desordenado de ser preferido a otros” y como adjetivo incluye “grandioso, magnífico”. En sentido inverso encontramos a la humildad, cuya primera acepción indica: “virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento”, pero las otras dos acepciones: “bajeza de nacimiento o de otra cualquier especie” y “sumisión, rendimiento”. De esta manera la soberbia puede aparecer como una virtud que enaltece una obra, cualidad o habilidad y la humildad, sin embargo, como un defecto o carencia propia de pusilánimes o menesterosos.El inicio de una glosa de Silvano Borruso del libro Una guía para los perplejos –A Guide for the Perplexed- de E. F. Schumacher, me ha sugerido este comentario: «Muy raras veces ocurre en la vida leer un libro que suscita envidia. Envidia, se entiende, no mala, sino buena, la de exclamar: ¡Cuánto me gustaría haberlo escrito! reconociendo, sin embargo, no tener la más mínima adequatio para hacerlo» (1). Me pregunto ¿hay una envidia buena? El diccionario de la RAE incluye dos acepciones de este término: “tristeza o pesar del bien ajeno” y “emulación, deseo de algo que no se posee”. Borruso expresa un sentimiento que se adecúa a la segunda, aunque ‘desear haberlo escrito’ es una manera -inconsciente en este caso- de querer apropiarse de algo que corresponde a otro. Podría haber utilizado ‘admiración’ o ‘satisfacción’ o ‘entusiasmo’ para mostrar su complacencia con el texto glosado; o quizás, ‘imitación’ o ‘emulación’ si se quería expresar deseo de contagio; en cualquiera de esas opciones no hubiera sido preciso puntualizar para aclarar su sentido.
Las palabras de Borruso me han servido de ejemplo para hacer
una apreciación sobre el uso del lenguaje, en ningún caso una crítica personal a
este ingeniero napolitano, fallecido hace un año, que ha llevado a cabo durante muchos años una
ingente labor educativa en Kenia. Su reseña
del libro de Schumacher la reproduciré en posteriores publicaciones.
(1) Silvano Borruso: Guía para perplejos, publicado en la
revista Nuestro Tiempo, número 387, septiembre de 1986.



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