dissabte, 7 de gener del 2023

Sortear trampas en el lenguaje

Usos que distorsionan el significado

Hace un tiempo me pregunté por qué el uso del lenguaje distorsiona el significado original de algunos términos, modificando significativamente su carga positiva o negativa. Me refiero, por ejemplo, a soberbia que como sustantivo se define en su primera acepción como “altivez y apetito desordenado de ser preferido a otros” y como adjetivo incluye “grandioso, magnífico”. En sentido inverso encontramos a la humildad, cuya primera acepción indica: “virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento”, pero las otras dos acepciones: “bajeza de nacimiento o de otra cualquier especie” y “sumisión, rendimiento”. De esta manera la soberbia puede aparecer como una virtud que enaltece una obra, cualidad o habilidad y la humildad, sin embargo, como un defecto o carencia propia de pusilánimes o menesterosos.

El inicio de una glosa de Silvano Borruso del libro Una guía para los perplejos –A Guide for the Perplexed- de E. F. Schumacher, me ha sugerido este comentario: «Muy raras veces ocurre en la vida leer un libro que suscita envidia. Envidia, se entiende, no mala, sino buena, la de exclamar: ¡Cuánto me gustaría haberlo escrito! reconociendo, sin embargo, no tener la más mínima adequatio para hacerlo» (1). Me pregunto ¿hay una envidia buena? El diccionario de la RAE incluye dos acepciones de este término: “tristeza o pesar del bien ajeno” y “emulación, deseo de algo que no se posee”. Borruso expresa un sentimiento que se adecúa a la segunda, aunque ‘desear haberlo escrito’ es una manera -inconsciente en este caso- de querer apropiarse de algo que corresponde a otro. Podría haber utilizado ‘admiración’ o ‘satisfacción’ o ‘entusiasmo’ para mostrar su complacencia con el texto glosado; o quizás, ‘imitación’ o ‘emulación’ si se quería expresar deseo de contagio; en cualquiera de esas opciones no hubiera sido preciso puntualizar para aclarar su sentido.

Las palabras de Borruso me han servido de ejemplo para hacer una apreciación sobre el uso del lenguaje, en ningún caso una crítica personal a este ingeniero napolitano, fallecido hace un año, que ha llevado a cabo durante muchos años una ingente labor educativa en Kenia. Su reseña del libro de Schumacher la reproduciré en posteriores publicaciones.

El significado social o popular del lenguaje obliga en ocasiones a hacer precisiones. En estos días en los que tanto se ha escrito sobre Benedicto XVI me ha llamado especialmente la atención en este sentido leer unas palabras que el fallecido Santo Padre dirigió a jóvenes genoveses en 2008 –aplicables a todos los que tenemos uso de razón-, que ha reproducido el obispo José Ignacio Munilla en un tuit: «Estad unidos entre vosotros, ayudaos a vivir y a crecer en la fe y en la vida cristiana, para que podáis ser testigos intrépidos del Señor. Estad unidos, pero no cerrados. Sed humildes, pero no tímidos. Sed sencillos, pero no ingenuos. Sed sensatos, pero no complicados Entrad en diálogo con todos, pero sed vosotros mismos» (2).

(1) Silvano Borruso: Guía para perplejos, publicado en la revista Nuestro Tiempo, número 387, septiembre de 1986.

(2) Discurso del papa Benedicto XVI en el Encuentro con los jóvenes en la plaza Matteotti de Génova el 18 de mayo de 2008. Extraído de https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/speeches/2008/may/documents/hf_ben-xvi_spe_20080518_genova-giovani.html

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