divendres, 9 d’octubre del 2015

Renta básica universal

Enviado a El Periódico de Catalunya el 9 de octubre de 2015

Demagogia o ingenuidad

Renta básica universal. Suena bien. ¿Qué significa? Garantizar que todos los ciudadanos dispongan de una renta suficiente para tener una vida digna. Si va unido a asegurar el acceso a la vivienda y el uso de los servicios energéticos básicos, la panacea.

Surgen varias preguntas: ¿De dónde van a salir los recursos? ¿Cómo se va a administrar? ¿Qué efectos tendrá en el mercado laboral?

La respuesta a la primera ofrece varias opciones: más impuestos, incremento de la deuda, eliminación o reducción de otros gastos o enajenación de patrimonio. Queda en el aire hasta qué punto es posible y durante cuanto tiempo.

Para la segunda se habrá de considerar que a la pobreza real se une la mendicidad profesional. ¿Tendrá la administración suficiente capacidad de discernimiento?

De la tercera se derivan dos situaciones. Una de ellas es el desincentivo laboral: si se tiene asegurado lo básico, ¿vale la pena trabajar? La otra, la presumible tendencia creciente del volumen de demandantes. El efecto que se puede derivar de ambas es que si cada vez hay menos trabajadores y se piden más ayudas la situación económica se encamine al colapso.

No se puede olvidar, además, que la picaresca está muy enraizada en nuestra cultura. Las medidas solidarias para ayudar a los menesterosos pueden alcanzar un amplio consenso ciudadano. Pero, por desgracia, ante dichas actuaciones surgen los espabilados, que aguzan el ingenio para aprovecharse de beneficios sociales aunque no formen parte del colectivo al que van destinados. 

Por último, no hay que desdeñar el riesgo de que se pueda producir un efecto llamada.

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