Personal sanitario y
comités éticos
Los padres de Andrea,
una niña de doce años víctima de una enfermedad degenerativa, han decidido que,
debido a su estado de salud, ya no tiene sentido mantenerla con vida y han
pedido al hospital donde se le atiende que actúe en consecuencia. El comité de bioética asistencial les dé la razón,
sin embargo el servicio de pediatría del hospital se niega a seguir los
consejos de dicho comité, que no son vinculantes, y considera que están
actuando dentro de los términos legales y los principios éticos adecuados.* El
caso está ahora en manos de un juez.
La petición de los
padres, en uso de su patria potestad, es que se practique un infanticidio
asistido. Hay dos maneras de llevarla a cabo, por acción, procurando la muerte
directamente a Andrea, mediante la administración de fármacos, o por omisión,
dejar de suministrarle alimento e hidratación, es decir, dejarla morir de hambre
y sed.
No ha de extrañar que los
promotores de la eutanasia quieran aprovechar el caso para reclamar que se
legisle al respecto, de hecho el secretario general del PSOE ya ha anunciado
que está dispuesto a regular la eutanasia. Pero el derecho a la eutanasia
supone la obligación de que haya médicos que actúen como verdugos y convertir
algunas habitaciones de clínicas u hospitales en cadalsos.
Es muy duro lo que están
pasando los padres de Andrea, desesperados al ver como se deteriora el estado de
su hija, y es comprensible que piensen que, ya que la situación es
irreversible, se acabe cuanto antes. Pero la misión del personal sanitario es velar
por la salud de sus pacientes, cuidar de su vida hasta su final natural. Aunque los progenitores lo estén pasando muy mal, no es justo trasladar esa angustia ejerciendo, de
hecho, un chantaje emocional.
**Robert Spaemann: Felicidad y benevolencia (Glück und
Wohlwollen) – Rialp 1991
***Etty (Esther)
Hillesum: Diario 1941-1943. Una
vida conmocionada (Dagboek van Etty Hillesum 1941-1943) –
Editorial Anthropos 2007 – Colección Memoria rota. Exilios y Heterodoxias - 2
de julio (1942). Jueves por la mañana, 7:30 horas. Páginas 114 a 116 –
Traductor: Manuel Sánchez Romero


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