dissabte, 3 d’octubre del 2015

Conflicto de voluntades

Personal sanitario y comités éticos

Los padres de Andrea, una niña de doce años víctima de una enfermedad degenerativa, han decidido que, debido a su estado de salud, ya no tiene sentido mantenerla con vida y han pedido al hospital donde se le atiende que actúe en consecuencia. El comité de bioética asistencial les dé la razón, sin embargo el servicio de pediatría del hospital se niega a seguir los consejos de dicho comité, que no son vinculantes, y considera que están actuando dentro de los términos legales y los principios éticos adecuados.* El caso está ahora en manos de un juez.

Quizá sorprenda el desacuerdo entre el comité de bioética y el personal facultativo del hospital, pero se ha de tener en cuenta que contemplan la situación desde planos diferentes. El personal sanitario está en contacto permanente con el paciente y su tarea se centra en atenderlo lo mejor posible. Para los miembros del comité se trata de estudiar y decidir sobre un caso, donde entran en juego factores ajenos a la práctica médica. Advierte el filósofo Robert Spaemann que “pensar que las comisiones éticas son sujetos competentes de decisiones relevantes, que el médico puede delegar en ellas «lo ético», es un error, pues la composición de esas comisiones es completamente contingente y las decisiones que adoptan dependen, por su parte, de la contingencia de que existe en cierto momento un consenso mayoritario sobre ellas”.**

La petición de los padres, en uso de su patria potestad, es que se practique un infanticidio asistido. Hay dos maneras de llevarla a cabo, por acción, procurando la muerte directamente a Andrea, mediante la administración de fármacos, o por omisión, dejar de suministrarle alimento e hidratación, es decir, dejarla morir de hambre y sed.

No ha de extrañar que los promotores de la eutanasia quieran aprovechar el caso para reclamar que se legisle al respecto, de hecho el secretario general del PSOE ya ha anunciado que está dispuesto a regular la eutanasia. Pero el derecho a la eutanasia supone la obligación de que haya médicos que actúen como verdugos y convertir algunas habitaciones de clínicas u hospitales en cadalsos.

Es muy duro lo que están pasando los padres de Andrea, desesperados al ver como se deteriora el estado de su hija, y es comprensible que piensen que, ya que la situación es irreversible, se acabe cuanto antes. Pero la misión del personal sanitario es velar por la salud de sus pacientes, cuidar de su vida hasta su final natural. Aunque los progenitores lo estén pasando muy mal, no es justo trasladar esa angustia ejerciendo, de hecho, un chantaje emocional.

En la sociedad del bienestar que se quiere construir no se entrena para aceptar el sufrimiento y por ello tendemos a revelarnos cuando asoma a nuestras vidas, pero nos conviene aprender a afrontarlo. Etty Hillesum, una joven judía que murió en el campo de extermino de Auschwitz, nos lo recuerda: “El sufrimiento no afecta a la dignidad humana. Con esto quiero decir que se puede sufrir con y sin dignidad. La mayoría de la gente de Occidente no entiende el arte de sufrir y siente el miedo de mil formas.”. Y más adelante “También hay que tener fuerzas para sufrir en soledad y para no cargar a los demás con los propios miedos y preocupaciones.”***

**Robert Spaemann: Felicidad y benevolencia (Glück und Wohlwollen) – Rialp 1991

***Etty (Esther) Hillesum: Diario 1941-1943. Una vida conmocionada (Dagboek van Etty Hillesum 1941-1943) – Editorial Anthropos 2007 – Colección Memoria rota. Exilios y Heterodoxias - 2 de julio (1942). Jueves por la mañana, 7:30 horas. Páginas 114 a 116 – Traductor: Manuel Sánchez Romero



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