dimecres, 30 de setembre del 2015

La importancia de un buen descanso

...Siempre que dependa de nosotros

Estaba haciendo COU, pero tenía pendiente la Física de sexto de bachillerato. Excepcionalmente, aquel curso hubo una convocatoria para examinarse de las asignaturas pendientes de bachillerato en febrero. Si no se aprobaba se perdía el curso, ya que para examinarse de COU era imprescindible haber completado el bachillerato. El director de la academia organizó clases especiales para preparar el examen que teníamos que realizar en el instituto, que resultaron muy provechosas. El día anterior al examen nos dio unos consejos, el que más me sorprendió era que durmiésemos nueve horas. Le hice caso y superé el examen con notable. Pude acabar COU ese curso y empezar en la universidad el siguiente.

Cuenta Louis de Wohl en La luz apacible * que Tomás de Aquino tenía el encargo de defender a la Orden de Predicadores, los dominicos, ante la curia de la Santa Sede de las acusaciones que se habían vertido sobre ella y la orden franciscana en un texto denominado Sobre los peligros de los tiempos modernos promovido por un personaje influyente, Guillermo de Saint Amour. Estaba en juego la supervivencia de la orden. Tomás conoció con 36 horas de antelación el texto al que había que responder. Para preparar la intervención dedicó las primeras doce horas a rezar, las siguientes doce horas a estudiar el texto de Saint Amour y las siguientes doce horas a descansar. Su exposición desmontando los argumentos de la acusación fue brillante y, después de oír todos los testimonios y deliberar, el tribunal comunicó al Papa su decisión y éste promulgó una Bula condenando el texto acusatorio.

Me contaron del presidente de un organismo internacional de ámbito mundial que al aceptar el cargo reclamó disponer de diez horas diarias para él, y con esta premisa organizaba su día. Permaneció más de veinte años en el cargo y lo dejó siendo ya octogenario.

Buena preparación y descanso suficiente para afrontar los momentos importantes de nuestra vida. ¿Y los otros?, en la medida de lo posible, también.


*Louis de Wohl, La luz apacible (The Quiet Light) 1950 – Ediciones Palabra 3ª edición 1984. Libro tercero, capítulo XV, páginas 298-305. Traductor: Joaquín Esteban Perruca.


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