dissabte, 12 de setembre del 2015

Leyes y conciencia

El caso Kim Davis

Cuando alguien me habla peyorativamente de los Estados Unidos suelo comentar que es un país muy diverso donde te puedes encontrar de todo y, por ello, difícil de encasillar ideológicamente. Hay un gran espíritu asociacionista y, a pesar de que hay dos grandes partidos, la política no está mediatizada por ellos sino por un sinfín de actores, tanto a nivel personal como de grupo. Los estados tienen amplias competencias en temas relacionados con la convivencia y sus legislaciones pueden diferir en temas relevantes, que en muchos casos son sometidos a votación.

El 17 de mayo de 2004 el estado de Massachusetts fue el primero en legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo (1). En noviembre de ese mismo año el estado de Kentucky aprobó en referéndum con la 75% de los votos favorables incluir la siguiente enmienda en su constitución: “Solo el matrimonio entre un hombre y una mujer será válido o reconocido en Kentucky. Un estatus legal idéntico o sustancialmente similar al del matrimonio para individuos no casados no será reconocido ni válido.” (2)

El pasado 26 de junio la Corte Suprema de los Estados Unidos, Tribunal Supremo, decidió establecer el matrimonio homosexual como un derecho garantizado por la Constitución para todos los ciudadanos estadounidenses (3). Hasta entonces era legal en 37 estados, tras el fallo es legal en los 50 estados.

Kim Davis es una funcionaria (county clerk) del condado de Rowan en Kentucky encargada de tramitar las licencias de matrimonio. Por cuestiones de conciencia se niega a firmar las correspondientes a uniones entre personas del mismo sexo. (4) Denunciada por ello, es juzgada en el tribunal federal de Ashland y, debido a su actitud persistente, el juez federal David L. Bunning ordena encarcelarla hasta que deponga su actitud. El magistrado señaló que decidió ordenar la detención de la mujer con el convencimiento de que si tan solo la hubiera multado, no hubiera sido suficiente para que cambiara su postura. (5) Cinco días después y tras comprobar que, como había ordenado, los ayudantes de la señora Davis estaban tramitando las licencias pendientes, el mismo juez declaró que debía de ser excarcelada con la condición de no interferir en la emisión de licencias por otros funcionarios. (6)

Estamos ante un caso claro de conflicto entre la ley y la conciencia. Para la acusada, primero está «la autoridad de Dios» que la de la ley y las sentencias del máximo tribunal estadounidense (4). Para el juez, “Davis tiene sin duda la libertad de estar en desacuerdo con la opinión de la Corte... pero eso no le exime de cumplir con ella. Sostener lo contrario sería sentar un peligroso precedente” (7).

El caso ha generado un amplio debate en la sociedad estadounidense entre partidarios y detractores de los protagonistas y es una muestra de la vitalidad de la sociedad civil en dicho país. Frente a la Unión por las Libertades Civiles de América, que exige el cumplimiento de la sentencia del Supremo, emerge el Consejo por la Libertad, cuyos abogados respaldan a Kim Davis y su derecho a ejercer «la libertad de conciencia». (4)

La Corte Suprema no tuvo en cuenta que la aplicación de su fallo violentaba la conciencia de muchos ciudadanos, especialmente en aquellos estados donde la mayoría de la población se había manifestado públicamente en sentido contrario. La imposición por un tribunal de una obligación que vulnera el sentir popular suele generar graves conflictos. Además, se le olvidó, o quizá ni se lo planteó, que podía dejar algún resquicio para permitir la objeción de conciencia.

(7) www.washingtonpost.com/news/post-nation/wp/2015/09/04/he-has-guts-judge-david-bunning-the-same-sex-marriage-decisions-unlikely-enforcer/ : “Davis is certainly free to disagree with the court’s opinion, as many Americans likely do, but that does not excuse her from complying with it. To hold otherwise would set a dangerous precedent.”





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