dijous, 24 d’octubre del 2019

Soportar la desgracia

Reflexiones jóbicas (2)


¡No te fíes! ¡Ve con cuidado, no vaya a liarte! Llamadas a la precaución que se hacen cuando se va a dialogar con alguien que despierta reparos en quien nos alerta. Eso mismo da ganas de decirle a Dios cuando el libro de Job (1) cuenta que se dirige a Satán *, el ángel caído, que ha venido con los otros ángeles a presentarse ante el Señor, una escena que se repite más adelante.

La acción del maligno se reconoce en sus manifestaciones, que a nivel individual se concretan en las tentaciones. Se aconseja no dialogar con ellas. ¿Por qué? Porque hurgan hábilmente en nuestra sensibilidad ofreciendo algo apetecible, atractivo, a corto plazo. Al mismo tiempo, esconden las consecuencias que conlleva -la resaca, en sentido amplio-, o las ensombrecen –no pasa nada por probarlo, nadie se va a enterar, todo el mundo lo hace…-. Como una bengala nos deslumbran con su fogonazo, pero tarde o temprano la huella que dejan es un palitroque chamuscado. Dialogar con la tentación es dar la iniciativa al elefante emocional que llevamos dentro, que difícilmente puede controlarse por la razón cuando se ve desbordada por la fuerza de la apetencia que la tentación ha suscitado. (2)

¿Qué notas destaca el libro de Job de Satán? Lo presenta primero como un merodeador, alguien que deambula por el planeta: “¿De dónde vienes?”, le pregunta el Señor. “De dar vueltas por la tierra, recorriéndola entera”, responde Satán. Más tarde el diálogo se repite. ¿Qué estaría tramando?

Cuando el Señor alaba la fidelidad de Job: “Nadie hay como él en toda la tierra; es íntegro y recto, temeroso de Dios y alejado del mal”, Satán se muestra envidioso y desconfiado, dando a entender que ‘con la privilegiada vida que tiene, así cualquiera’: “¿Acaso Job teme a Dios de balde?” Envidioso y desconfiado es el segundo aspecto destacado.

Satán desconfía de la excelencia de Job –extrapolable a la de cualquier ser humano- y duda de su entereza si van mal dadas. Sin embargo, el Señor confía en la fidelidad de Job a pesar de los pesares y arriesga su prestigio dejando margen de maniobra a Satán para que actúe: primero sobre su patrimonio y descendencia (“en tus manos dejo cuanto posee, pero a él no lo toques”); y luego sobre su salud (“te lo dejo en tus manos; eso sí, has de respetar su vida”).

Satán solo sabe provocar desolación, pero además con ensañamiento –expele odio y resentimiento por los poros-. Como no se sale con la suya a la primera, a pesar del destrozo que provoca, quiere más carnaza para doblegar la voluntad de Job: al dolor moral producido por la pérdida de sus posesiones e hijos añade un dolor físico extremo. Una actitud corrosiva que se plasma en la conducta de los psicópatas, los extorsionadores, los acosadores, los escrachadores, los calumniadores y difamadores… que se ceban con sus víctimas.

A pesar de todo lo que le ocurre, Job sigue confiando en Dios. Tras perder posesiones y descendencia: “Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré. El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó. Bendito sea el nombre del Señor. La crueldad que sufre sobre su propio cuerpo, se ve agravada por las palabras que le dirige su esposa: “¿Todavía te mantienes firme en ti integridad? Maldice a Dios y muérete”, pero no sucumbe: “Hablas como la más necia de las mujeres. Si aceptamos de Dios los bienes, ¿cómo no vamos a aceptar también los males?

¿Cómo responderíamos a tal cúmulo de desgracias concatenadas? La reacción de Job es admirable, aunque es lógico sentir resistencia a comprenderla: ¿Por qué Dios lo permite? Las reacciones ante tamaña desgracia no se anticipan y más vale no darle vueltas, para no amargarse con suposiciones trágicas. Cada día tiene su propio afán, y es ahí donde hay que centrarse.

Job es el icono de la paciencia, pero aflora también otra cualidad: la resiliencia.

* Satán, es uno de los nombres que se aplica al diablo. El vocablo procede del hebreo y significa «adversario» y «acusador».
(1) Libro de Job, versión de la Biblia de Navarra, edición popular. Fragmento considerado: del capítulo 1, versículo 6 al capítulo 2, versículo 10.
(2) En la publicación Dominar al elefante del blog Ver, oír y comentar se hace mención a la metáfora del elefante y el jinete. https://txukim.blogspot.com/2019/10/dominar-al-elefante.html

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