Reflexiones jóbicas (2)
¡No te fíes! ¡Ve con cuidado, no vaya a liarte! Llamadas
a la precaución que se hacen cuando se va a dialogar con alguien que despierta
reparos en quien nos alerta. Eso mismo da ganas de decirle a Dios cuando el
libro de Job (1) cuenta que se dirige a Satán *, el ángel caído, que ha venido con
los otros ángeles a presentarse ante el Señor, una escena que se repite más
adelante.
La acción del maligno se reconoce en sus manifestaciones,
que a nivel individual se concretan en las tentaciones. Se aconseja no dialogar
con ellas. ¿Por qué? Porque hurgan hábilmente en nuestra sensibilidad ofreciendo
algo apetecible, atractivo, a corto plazo. Al mismo tiempo, esconden las
consecuencias que conlleva -la resaca, en sentido amplio-, o las ensombrecen –no
pasa nada por probarlo, nadie se va a enterar, todo el mundo lo hace…-. Como
una bengala nos deslumbran con su fogonazo, pero tarde o temprano la huella que
dejan es un palitroque chamuscado. Dialogar con la tentación es dar la
iniciativa al elefante emocional que llevamos dentro, que difícilmente puede
controlarse por la razón cuando se ve desbordada por la fuerza de la apetencia
que la tentación ha suscitado. (2)
¿Qué notas destaca el libro de Job de Satán? Lo presenta
primero como un merodeador, alguien que deambula por el planeta: “¿De dónde
vienes?”, le pregunta el Señor. “De dar vueltas por la tierra, recorriéndola
entera”, responde Satán. Más tarde el diálogo se repite. ¿Qué estaría tramando?
Cuando el Señor alaba la fidelidad de Job: “Nadie hay como él en toda la tierra; es íntegro y recto, temeroso de Dios y alejado del mal”, Satán se muestra envidioso y desconfiado, dando a entender que ‘con la privilegiada vida que tiene, así cualquiera’: “¿Acaso Job teme a Dios de balde?” Envidioso y desconfiado es el segundo aspecto destacado.
Satán desconfía de la excelencia
de Job –extrapolable a la de cualquier ser humano- y duda de su entereza si van
mal dadas. Sin embargo, el Señor confía en la fidelidad de Job a pesar de los
pesares y arriesga su prestigio dejando margen de maniobra a Satán para que
actúe: primero sobre su patrimonio y descendencia (“en tus manos dejo cuanto
posee, pero a él no lo toques”); y luego sobre su salud (“te lo dejo en tus
manos; eso sí, has de respetar su vida”).
Satán solo sabe provocar
desolación, pero además con ensañamiento –expele odio y resentimiento por los
poros-. Como no se sale con la suya a la primera, a pesar del destrozo que
provoca, quiere más carnaza para doblegar la voluntad de Job: al dolor moral producido
por la pérdida de sus posesiones e hijos añade un dolor físico extremo. Una
actitud corrosiva que se plasma en la conducta de los psicópatas, los
extorsionadores, los acosadores, los escrachadores, los calumniadores y difamadores… que se ceban con sus víctimas.
A pesar de todo lo que le ocurre,
Job sigue confiando en Dios. Tras perder posesiones y descendencia: “Desnudo
salí del vientre de mi madre y desnudo volveré. El Señor me lo dio, el Señor me
lo quitó. Bendito sea el nombre del Señor”. La crueldad que sufre sobre su
propio cuerpo, se ve agravada por las palabras que le dirige su esposa:
“¿Todavía te mantienes firme en ti integridad? Maldice a Dios y muérete”, pero
no sucumbe: “Hablas como la más necia de las mujeres. Si aceptamos de Dios los
bienes, ¿cómo no vamos a aceptar también los males?”
¿Cómo responderíamos a tal cúmulo
de desgracias concatenadas? La reacción de Job es admirable, aunque es lógico
sentir resistencia a comprenderla: ¿Por qué Dios lo permite? Las reacciones
ante tamaña desgracia no se anticipan y más vale no darle vueltas, para no
amargarse con suposiciones trágicas. Cada día tiene su propio afán, y es ahí
donde hay que centrarse.
Job es el icono de la paciencia,
pero aflora también otra cualidad: la resiliencia.
* Satán, es uno de los nombres
que se aplica al diablo. El vocablo procede del hebreo y significa «adversario»
y «acusador».
(1) Libro de Job, versión de la Biblia de Navarra, edición
popular. Fragmento considerado: del capítulo 1, versículo 6 al capítulo 2,
versículo 10.
(2) En la publicación Dominar al elefante del blog Ver, oír y comentar se hace mención a la metáfora del elefante y el jinete. https://txukim.blogspot.com/2019/10/dominar-al-elefante.html


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