diumenge, 6 d’octubre del 2019

Gestionar el bienestar

Reflexiones jóbicas (1) *


Hojeaba la prensa a disposición de los clientes en el hotel de la Costa Dorada donde pasaba unos días con mi familia cuando me sorprendió el titular de un artículo de Pilar Rahola situado en un lugar destacado de La Vanguardia: “Libro de Job: el absurdo de una deidad que tolera la injusticia contra las buenas personas” (1). Dejé para más adelante la lectura del contenido con ánimo de replicarlo –la reacción emocional instantánea y prejuiciosa-, pero para poder hacerlo honestamente debería volver a leer el texto bíblico que tiene 42 capítulos y cotejar mis impresiones con la exposición de la articulista.

Pilar Rahola
Advertí que el llamativo titular del periódico trasladaba una visión reduccionista del artículo, extrapolando una frase de la autora, que finaliza su escrito con el siguiente párrafo: “Todo el libro de Job es, pues, un enigma fascinante, espiritualmente profundo, intelectualmente retador, literariamente maravilloso. Sólo hace unos 3.000 años que fue ­escrito.” También descubrí la gran riqueza que encierran los versículos de esta legendaria narración, hasta el punto de considerar que convenía leerlo poco a poco y, más tarde, que valía la pena escribir sobre lo que me iba sugiriendo su lectura, sin intención de hacer una exégesis para la que no estoy preparado, pero pensando que este ejercicio me ayudaría en su comprensión.

El relato presenta a Job como una persona ‘íntegra y recta, temerosa de Dios y alejada del mal’. Su situación era envidiable, se podría decir que gozaba de bienestar pleno: material, físico, emocional, espiritual… ‘Era el hombre más potentado de todo el Oriente y su amplia familia estaba unida, pero no se vanagloriaba por ello, sino que ofrecía sacrificios a Dios para reparar las posibles ofensas que pudieran cometerse en el seno de su familia.

La ostentación de poder o la riqueza material pueden derivar en un comportamiento altanero –mirar de arriba abajo-, excluyente –alternar solo con los de la misma clase social o superior-, sobrevalorador de uno mismo –soy el mejor, me lo merezco…-, desdeñador hacia Dios –tanto da si existe o no, no le necesito-… propio de quien está encantado de haberse conocido. Hay quien se piensa superior a los demás gracias exclusivamente a sus cualidades: no debe nada a nadie, ni tiene nada que agradecer.

Job no sigue ese criterio, es bueno con todos y agradecido con Dios a quien teme ofender con su conducta o la de sus allegados, de la misma manera que quien ama teme herir a su amado o amada. Su posición privilegiada no le convierte en presuntuoso.

El esfuerzo es crucial para conseguir nuestras metas. El azar no se improvisa, como dice Séneca: «suerte es lo que sucede cuando la preparación y la oportunidad se encuentran y fusionan». Tampoco las musas aterrizan en un erial, como recuerda Picasso: «La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando». Pese a ello, muchas de las cosas buenas que tenemos nos han venido dadas o no dependen de nosotros. ‘Es de bien nacidos ser agradecidos’, dice el refrán, por aquello que sabemos y por lo que ignoramos, como expresa la oración que rezaba y difundía Josemaría Escrivá, el santo barbastrense: «Gratias tibi, Deus, gratias tibi, pro universis beneficiis tuis etiam ignotis!» (te doy gracias, Señor, por todos tus dones, también por los beneficios que me concedes y que no conozco) (2). En nuestra vida hay muchos motivos para el agradecimiento, solo hace falta tener la humildad de reconocerlo.

* Fragmento considerado: Antiguo Testamento, Libro de Job, capítulo 1, versículos 1 a 5.
(1) En la edición digital el artículo se titula Job, el castigo del inocente. Fuente: https://www.lavanguardia.com/opinion/20190803/463819736263/job-el-castigo-del-inocente.html
(2) Una de las fuentes: https://rsanzcarrera.wordpress.com/2016/10/29/algo-sobre-las-acciones-de-gracias/

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