dilluns, 15 de juny del 2015

Irene Villa

Desde que leí Saber que se puede quedó grabado en mi memoria el siguiente fragmento: “La gente que venía a verme (al hospital) se asombraba de que pudiera sonreír. Pero yo me sentía feliz. Porque hice caso a mi madre. Ella me dijo:
-Irene, tenemos dos opciones. La primera es vivir siempre amargadas, sufriendo, maldiciendo a quienes nos han hecho esto y encerrarnos a llorar. La segunda es mirar hacia delante y luchar con valor y optimismo por recuperar nuestras vidas.
No me lo pensé dos veces y, a pesar de mi corta edad, contesté:
-Mamá, elijo lo segundo. Decido que mi vida empieza aquí. Que he nacido sin piernas.” (1)

Se han hecho públicos unos lamentables comentarios vertidos en Twitter por el concejal del Ayuntamiento de Madrid Guillermo Zapata, que en algún caso la mencionaban. Y ¿cómo ha reaccionado Irene? Una vez más de manera sorprendente para el común de los mortales, dejando perplejo al periodista radiofónico que la entrevistaba.

Pero es que Irene demuestra día a día que lo que he transcrito de su libro no era una simple anécdota o un bonito relato literario sino una actitud que encarna en su vida.

A raíz de lo ocurrido viene al caso exponer también otro fragmento del mismo libro donde Irene expresa sus deseos: “Me encantaría poder abrir las mentes de los intolerantes, vaciar de odio a los violentos, enseñar al mundo a ser feliz. Todo sería mucho más fácil si fuéramos capaces de comprender a los demás, de ver la realidad desde otro punto de vista y de poder sonreír en los momentos más difíciles. Si pudiéramos comprender los motivos de quien piensa de otro modo, existiría el entendimiento. Si al menos fuéramos capaces de respetar otras posturas, existiría la paz.

Nunca me he sentido víctima porque creo que esa actitud no ayuda. Además, no se puede vivir pensando que te han puesto una bomba. Sencillamente, volví a nacer. Pero sin piernas. Pensar lo otro solo conseguiría sembrar deseos de venganza. Crearía resentimiento y desesperanza. No hay tiempo para el odio porque no hay paz sin perdón. Perdono para vivir. Creo que algún día llegará la convivencia pacífica de todas las culturas.” (2)

(1) Irene Villa: Saber que se puede. Veinte años después. Editorial Martínez Roca. II. Las barreras las pones tú. La fuerza del corazón. Página 147
(2) Ibidem. Introducción. Página 21


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