dilluns, 20 de juny del 2016

Moderar las expectativas políticas

Promesas y limitaciones

Con la hiperactividad discursiva de los candidatos, el martilleo de los mensajes y las aspiraciones programáticas cobra actualidad en la campaña electoral el refrán ‘del dicho al hecho hay un largo trecho’. Las formaciones venden, con fundamento o no, expectativas a los ciudadanos, que éstos compran, quizá con reticencias, cuando se vota a una de ellas.

Es conocida la frase de Tierno Galván: las promesas electorales están hechas para no cumplirlas”, que refleja la inconsistencia del discurso de muchos políticos. De hecho, sólo se debería prometer lo que se está en condiciones de poder cumplir si no surgen imponderables. Si no es así, el discurso se convierte en verborrea, en engaño y, tarde o temprano, en descrédito.

Enrique Tierno Galván
Del iceberg político la mayoría de los ciudadanos apenas conocemos lo que sobresale. Están fuera de nuestro alcance muchos de los manejos que se producen en su entorno; además se nos escapan gran parte de las decisiones que se toman, de las que se hace muy poca publicidad, salvo en los tediosos boletines oficiales.

Políticos y ciudadanos deberían moderar sus expectativas. Los primeros porque no basta la voluntad política para resolver muchos de los problemas que surgen; y los segundos porque no han de pretender, ni les conviene, que el poder político les solucione todos sus problemas. ¿Por qué? Porque cuanta mayor sea la dependencia, más se resentirá la libertad y más elevada será la exposición a medidas arbitrarias.

El vaticinio de las encuestas y los anuncios de los candidatos parecen abocarnos a una nueva versión de Atrapado en el tiempo. O cambian algunos mensajes y actitudes, o el bucle será muy difícil de desenredar. Sería preciso abandonar maximalismos. Poco a poco, con paso firme y buena orientación se consiguen grandes transformaciones. Los cambios bruscos, aunque sean bienintencionados, acostumbran a generar tensión y división. Piano, piano, si arriva lontano. Gobernar un país no es dirigir un partido.


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