Que se lo hagan mirar
Cuando tuve ocasión de presidir una mesa electoral el voto por correo se registraba antes de empezar el escrutinio, depositando el sobre en la urna correspondiente tras hacer las comprobaciones en las listas del censo que disponíamos: voto no presencial acreditado que se unía al voto presencial antes de abrir las urnas. Piensas que es una forma lógica de proceder para evitar que se produzcan actuaciones fraudulentas ligadas al voto no presencial. Sin embargo, las elecciones en los Estados Unidos han mostrado que en países civilizados existen otros criterios para contabilizar estos votos; es más, no hay una norma común para todo el país, sino que cada estado fija las suyas, que en algunos casos parecen esperpénticas aunque sean legales.
También ha sorprendido en este proceso electoral el ingente número de voto por correo registrado: más de un tercio del censo electoral y superior al voto presencial. Se puede atribuir a la intensa campaña de los dirigentes demócratas en favor del voto por correo -que ha contado con la inestimable colaboración de algunas redes sociales- amparados en la evolución de la pandemia del Covid 19 –excusa y oportunidad estratégica-. Es un hecho que el voto no presencial ha sido determinante en algunas circunscripciones que han sido claves para decantar el resultado final.Desde semanas antes al día de las elecciones recelaba el presidente Trump públicamente de cómo se iba a desarrollar el voto por correo, quizá alertado por la estrategia seguida por el partido demócrata: '¿qué estarán tramando estos cuando ponen tanto énfasis en promocionar el voto por correo?' Si, como ha ocurrido en Pensilvania, la ventaja de 600.000 votos entre los que han acudido a las urnas resulta insuficiente para contrarrestar, varios días después, el escrutinio del voto no presencial que favorecía al candidato Biden, no ha de extrañar que piense que sus sospechas se confirman. Sabe, sin embargo, que no basta con intuirlo, hay que demostrarlo.



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