Artimañas perturbadoras
En No es un día cualquiera, programa radiofónico que ha dirigido Pepa
Fernández durante veinte años, había una sección dedicada a las palabras
moribundas, vocablos cuyo uso se ha extinguido o convertido en residual. Participaban
los ‘escuchantes’ que tenían alguna noción del significado de la palabra en
cuestión por el determinado uso que antaño se hacía en su entorno. Quizá en
alguna ocasión se trató del término malquistar, que descubrí en un libro de
Juan Manuel de Prada, definido en el diccionario de la RAE como “indisponer o
enemistar a alguien con otra u otras personas”.
La estrategia que está
siguiendo el PSOE con el objetivo de lograr la investidura de Pedro Sánchez
parece más orientada a desgastar a sus principales adversarios políticos que a
esforzarse por obtener los apoyos que necesita asumiendo compromisos
explícitos. La obsesión por conformar un gobierno monocolor sin ataduras
externas prevalece y, para ello, les dice a unos que lo apoyen para que pueda
haber un 'gobierno progresista' –palabra talismán y ambigua- y a otros que se
abstengan para evitar que tenga de depender de los votos de diputados
nacionalistas e independentistas.
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| Muñidores y ejecutores de la estrategia |
El discurso socialista y
las reuniones con un gran número de colectivos –que a lo sumo se traduce en
declaración de intenciones y tomar nota; muchos a la vez es como nadie a la
hora de concretar- parece ir dirigido exclusivamente a ejercer presión sobre
aquellos a los que se les pide –exige- que den su apoyo, sin necesidad de moverse
un ápice de la posición de partida, aunque se quiera dar la impresión de lo
contrario.Quizá malquistando Pedro Sánchez y su partido consigan lo que se proponen, pero es mal augurio para que la acción de gobierno se desarrolle en un clima favorable que redunde en beneficio del conjunto de los ciudadanos.


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