dissabte, 17 d’agost del 2019

Malquistar no es buena opción

Artimañas perturbadoras


En No es un día cualquiera, programa radiofónico que ha dirigido Pepa Fernández durante veinte años, había una sección dedicada a las palabras moribundas, vocablos cuyo uso se ha extinguido o convertido en residual. Participaban los ‘escuchantes’ que tenían alguna noción del significado de la palabra en cuestión por el determinado uso que antaño se hacía en su entorno. Quizá en alguna ocasión se trató del término malquistar, que descubrí en un libro de Juan Manuel de Prada, definido en el diccionario de la RAE como “indisponer o enemistar a alguien con otra u otras personas”.

La estrategia que está siguiendo el PSOE con el objetivo de lograr la investidura de Pedro Sánchez parece más orientada a desgastar a sus principales adversarios políticos que a esforzarse por obtener los apoyos que necesita asumiendo compromisos explícitos. La obsesión por conformar un gobierno monocolor sin ataduras externas prevalece y, para ello, les dice a unos que lo apoyen para que pueda haber un 'gobierno progresista' –palabra talismán y ambigua- y a otros que se abstengan para evitar que tenga de depender de los votos de diputados nacionalistas e independentistas.

Muñidores y ejecutores
de la estrategia
Las maniobras de la formación socialista han originado tensiones internas especialmente en Ciudadanos –deserciones y contestación de miembros significados- y en la amalgama de grupos que conforman Podemos cuestionando el liderazgo de Iglesias. En menor medida en el PP, que también padece las presiones de los que tienen prisa para que finalice la situación de interinidad del ejecutivo, a poder ser con un 'gobierno moderado’.

El discurso socialista y las reuniones con un gran número de colectivos –que a lo sumo se traduce en declaración de intenciones y tomar nota; muchos a la vez es como nadie a la hora de concretar- parece ir dirigido exclusivamente a ejercer presión sobre aquellos a los que se les pide –exige- que den su apoyo, sin necesidad de moverse un ápice de la posición de partida, aunque se quiera dar la impresión de lo contrario.

Quizá malquistando Pedro Sánchez y su partido consigan lo que se proponen, pero es mal augurio para que la acción de gobierno se desarrolle en un clima favorable que redunde en beneficio del conjunto de los ciudadanos.

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