Ordenado; no excluyente
Una consulta generalizada
en Google tras un día ajetreado en que casi nada había salido como estaba
previsto me llevó hacia una reflexión que ponía el acento en el valor de cada
persona humana. Su autor, comentaba el fragmento del Evangelio que habla de la
oveja perdida, que el pastor busca con denuedo hasta encontrarla y llevarla al redil
donde ya se encuentran las otras noventa y nueve de su rebaño. Hay escenas evangélicas
que inicialmente desconciertan, al menos a mí, porque rompen los esquemas
materiales que a uno le bullen en la cabeza. ¿Cómo abandona a noventa y nueve
para ir a buscar a una que se ha descarriado? (1)![]() |
| Juan José de León |
El autor de la reflexión, Juan
José de León Lastra, pone el acento en que cada ser humano es valioso para Dios
y debiera serlo para cada uno de nosotros, el grupo no anula la persona: “En la
medida en que no se ve al ser humano más allá de un número de la sociedad, o un
simple instrumento que, como tal, no tiene valor en sí mismo, desaparece la
dignidad humana.” (2) Las consecuencias que se pueden derivar son terribles si
se juzga a los seres humanos siguiendo criterios de utilidad para el conjunto.
Recordé el estribillo del
bolero Piel Canela: ‘me importas tú’
(3). Tú como persona -con tu nombre y apellidos-, no como miembro de una
comunidad, un colectivo, una etnia…; no como seguidor de una ideología, un
credo, un club… Me importas tú es como decir te amo, pero no podemos amar a
todos de la misma manera, nuestra condición contingente lo impide, lo propio es
el ordo amoris, el orden en los afectos,
que supone priorizar y aplicar un distinto grado de intensidad, pero en ningún
caso eso significa excluir.
‘Me importas tú y tú y tú y
solamente tú y tú y tú / Me importas tú y tú y tú y nadie más que tú. Ojos negros piel canela que me llegan a desesperar’. Sólo cuando
el tú se convierte en Tú, se difumina la exclusividad de ese amor sin perder su
intensidad, porque ese Tú se ve reflejado en el otro, en el prójimo, en el
próximo, cualquiera que sea su condición: los ojos negros y la piel canela
adquieren una tonalidad multicolor y no hay espacio para la desesperación.
Cuando enviemos o recibamos
una felicitación de Navidad personal –no comercial- pensemos que hay un mensaje
subliminal que acompaña las palabras que se transmiten, aunque sean muy
triviales: ¡me importas tú!; aunque apenas nos veamos sigues ocupando un
espacio en mi vida, en mi corazón.
(1) Ver Evangelio según san
Mateo, capítulo 18, versículos 12-14
(2) https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/10-12-2019/
(3) Los Panchos: Piel Canela. Letra y música en https://www.letras.com/trio-los-panchos/1153972/

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