dissabte, 30 de novembre del 2019

La experiencia del duelo

Reflexiones jóbicas (3) *


Tras el trauma inicial protagonizado por la muerte de un ser querido llega lo que yo denomino el día después, que tiene lugar tras desaparecer el ajetreo del velatorio y las exequias: el momento a partir del cual la ausencia se hace más presente. No lo experimenté en toda su crudeza hasta que falleció mi padre hace más de dos décadas, sin saber muy bien lo que me pasaba. Y no empecé a entenderlo hasta que leí Acompañando en la pérdida (1), el libro en el que Alfons Gea vierte su larga experiencia profesional en el tratamiento del duelo, que continúa divulgando en el canal de Youtube que ha puesto en marcha recientemente (2), donde lo va tratando desde distintos ángulos en espacios de corta duración -no sobrepasan los 10 minutos y un buen número no llega ni a los 5-.

Fotograma de uno de los
videos de Alfons Gea en Youtube
En Soportar la desgracia (3) dejé el recorrido por el libro de Job en su respuesta inicial al gran número de desgracias que le habían acontecido, en las que perdió a todos sus hijos y todo su patrimonio y la enfermedad se cebó con su cuerpo. Además tuvo que soportar la reprimenda de su esposa que le recriminó que siguiera confiando en Dios después de todo lo que les había pasado. La reacción de Job es a la vez admirable e incomprensible para el común de los mortales; leyéndola recordé una chocante oración que profería quien de una forma un tanto burda expresaba su lamento ante una contrariedad: 'Dios de la gran bondad, si tan fastidiados nos tienes será porque nos conviene, ¡hágase tu voluntad!'

Escribe Alfons Gea en el libro citado: Una pérdida significativa es psicológicamente traumática en la misma medida que una herida y, por lo tanto, siempre es dolorosa: la persona necesita un tiempo y un proceso para volver al equilibrio normal. El trance es personal y viene acompañado de muchos interrogantes: porqués, paraqués y ahoraqués, pero resulta beneficioso –imprescindible en muchos casos- contar con apoyo para ayudar a conducir ese tránsito a buen puerto.

A pesar de lo que pudieran dar a entender sus primeros comentarios, Job se encuentra abatido –hundido en la miseria como se dice popularmente-. Tres de sus amigos extranjeros se enteraron de la desgracia que le había sobrevenido y acudieron desde sus respectivos países… Los tres se pusieron de acuerdo para ir a compartir su pena y consolarlo.” Verle tan desmejorado les mueve a la compunción: “Al verlo de lejos no lo reconocieron. Empezaron entonces a llorar a gritos, rasgaron sus mantos y echaron polvo sobre sus cabezas”. Deciden sin embargo no alterar el silencio introspectivo del patriarca: Se sentaron en el suelo a su lado durante siete días y siete noches, sin decirle una sola palabra, viendo su terrible dolor.”

La introspección duradera conduce a un callejón sin salida que acarrea somatización; el hematoma moral que ha generado el trauma recibido necesita drenarse para que la sangre putrefacta deje de corroer las entrañas del alma: El dolor puede trabajarse cuando se expresa, pero no cuando se oculta o se reprime. En consecuencia, lo primero que hay que hacer es exteriorizarlo: facilitar que la persona libere sus sentimientos de angustia, principalmente, dice Alfons Gea.

Al salir de su ensimismamiento Job vierte su amargura en un largo y poético discurso: “Finalmente Job empezó a hablar y maldijo el día de su nacimiento con estas palabras: «Muera el día en que nací, la noche que anunció: '¡Ha sido concebido un varón!'. Que ese día se vuelva tinieblas, que Dios, desde lo alto, no lo eche en falta, que la luz no brille sobre él… ¿Por qué dio luz a un desdichado, vida a los que viven amargados…; a los hombres carentes de futuro porque Dios les ha cerrado el paso?… Me sucede lo que más temía, me encuentro con lo que más me aterraba. Carezco de paz y tranquilidad, no descanso, todo es sobresalto.” La oscuridad se cierne sobre el ánimo de Job, su esperanza se desvanece, la confianza en Dios se resquebraja… Aún queda mucho texto por delante.

Me parece oportuno traer a colación unas palabras del papa Francisco pronunciadas durante una homilía en la capilla de la casa Santa Marta: «el Señor nos aconseja dos cosas. Dos cosas que son distintas según cómo vivimos. Porque es diferente vivir en el momento y vivir en el tiempoEl cristiano es, hombre o mujer, aquél que sabe vivir en el momento y sabe vivir en el tiempoEl engaño es creernos dueños del tiempo. El tiempo no es nuestro. El tiempo es de DiosEl cristiano para vivir el momento sin dejarse engañar debe orientarse con la oración y el discernimientoPero deja el tiempo a la esperanza. El cristiano sabe esperar al Señor en cada momento; pero espera en el Señor al final de los tiempos. Hombre y mujer de momentos y de tiempo, de oración y discernimiento y de esperanza» (4).

*Libro de Job, versión de la Biblia de Jerusalén, 3ª edición. Fragmento considerado: del capítulo 2, versículo 11 al capítulo 3, versículo 26. Enlace: https://www.bibliatodo.com/la-biblia/Biblia-de-jerusalem-3-edicion/job-3
(1) Alfons Gea Romero: Acompañando en la pérdida. Editorial San Pablo - Colección Salud y Vida número 12 – 2ª edición (2007). 183 páginas.
(2) Alfons Gea: Duelo y consciencia. Acompañar y sentir. Canal de Youtube al que se accede desde el siguiente enlace https://www.youtube.com/channel/UCqsjFW20tiJg8nipK1Yp93g/videos?disable_polymer=1
(3) Joaquim Montoliu: Soportar la desgracia, blog Quimsaments. Enlace https://quimmontoliu.blogspot.com/2019/10/soportar-la-desgracia.html
(4) Papa Francisco: El dueño del tiempo, Misas matutinas en la capilla de la casa Santa Marta, 26 de noviembre de 2013. Enlace http://www.vatican.va/content/francesco/es/cotidie/2013/documents/papa-francesco_20131126_tiempo.html

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