dissabte, 27 de juny del 2020

Rivalidad sin hostilidad

Reacción a un titular desafortunado


Complace ver que el medio de comunicación al que has enviado una carta decide publicarla. Sabes que te arriesgas a que recorten el contenido o modifiquen el formato; también que se incluya un titular distinto al que has propuesto, que suele ser lo habitual.

Un titular es a la vez reclamo y expectativa; llama la atención e insinúa el contenido. Por ello me sorprendo cuando el pasado día 22 observo que El Periódico publica una carta que había enviado el 25 de mayo, con el epígrafe ‘Encarcelados en la querencia’ titulándola: “Propongo un 'cordón sanitario' de entendimiento político que piense en el bien común”, una expresión que ni formaba parte del texto ni reflejaba lo argumentado en él.  Tras el desconcierto inicial, decidí dirigirme a la sección de participación del diario para dar cuenta de la disconformidad con el titular y hoy veo que el día 25 éste había pasado a ser “Propongo un corredor de entendimiento político en pro del bien común”, que considero adecuado.

La rápida respuesta ha renovado la confianza en El Periódico en el trato de las cartas de los lectores para continuar haciendo aportaciones. Un ejercicio que recomiendo a todos para verter las inquietudes sobre lo que ocurre a nuestro alrededor y dotar de consistencia a la opinión que nos formamos. Cuando uno se sienta a poner negro sobre blanco lo que le bulle en la cabeza, la reacción emocional se suele atemperar y los argumentos ganan en solidez. El simple hecho de remitirlo a un medio para que lo publique estimula una reflexión más serena que asienta el criterio, independientemente de que al final acabe publicándose o lo haga con tardanza. A los que se animen les diría que conviene evitar la ansiedad de ir consultando ávidamente si sale o no sale.

Esta experiencia revela también la importancia de no quedarse de brazos cruzados cuando se detecta alguna anomalía significativa en algo que nos afecta. El lamento estéril conduce con frecuencia al prejuicio, que no arregla nada y, además, agría el carácter, con las repercusiones que conlleva en la conducta.

Reproduzco a continuación el artículo enviado a El Periódico el 25 de mayo:

Encarcelados en la querencia

Las afinidades nos traicionan cuando crean una dependencia que asalta nuestra capacidad para juzgar con honestidad y equilibrio la realidad. También nos puede llevar a tener actitudes extrañas a nuestro modo habitual de comportarnos.

Desde la política institucional, partidista y asociativa, tanto en Catalunya como en el conjunto de España, percibo desde hace tiempo que crece el interés por fortalecerse en la división social y en la estigmatización del adversario. La teoría del cordón sanitario que convierte rivalidades en hostilidades -al enemigo ni agua-, empuja a los ciudadanos a decantarse emocionalmente sin dar apenas opción a valorar lo que tienen de bueno o malo, acertado o erróneo, unos u otros; estás en un lado del tablero y has de actuar en consecuencia: no puedes debilitar un ápice a los tuyos –hagan lo que hagan-, ni hacer nada que pueda favorecer remotamente a los adversarios –independientemente de la sensatez de sus propuestas-.

En esta tesitura quien está al frente de la facción puede moverse con una cierta holgura aunque no disponga de un apoyo abrumador, basta con que deje entrever a quienes pretendan quejarse por incomodidad, molestia o enfado el riesgo de dar alas a los de enfrente, para que los ladridos se conviertan en gañidos lastimeros racionalizados. Así se puede tragar lo que sea: el ninguneo, la desfachatez, la mentira, el cinismo…: ‘todo por el gobierno progresista’ o lo que sea. Y en medio de la confusión, honorables miembros del gabinete quedan sometidos a los desplantes del más avispado y ambicioso que no duda en poner en un brete a sus compañeros invadiendo sus competencias o riñéndoles públicamente, empujando a la portavoz a hacer malabarismos dialécticos para negar la evidencia.

Corredores sanitarios para ayudar al turismo. Corredores humanitarios para atender la precariedad. ¿Para cuándo un corredor de entendimiento político que rompa los diques de una contumaz obstinación narcisista pensando en el bien común de los ciudadanos?


A continuación la carta que remití a la sección de participación del medio por el titular que habían escogido:

Les agradezco la deferencia de publicar el día 22 la carta que les remití a finales de mayo titulada ‘Encarcelados en la querencia’, aunque esta vez –no había ocurrido antes- me ha sorprendido el título que han elegido al incluirlo en la web: "Propongo un 'cordón sanitario' de entendimiento político que piense en el bien común". En primer lugar porque el entrecomillado da a entender que recoge una expresión literal mía, cuando el texto no recoge nada parecido. En segundo lugar porque el contenido es contradictorio con lo que expreso en el escrito. El uso de la expresión ‘CORDÓN SANITARIO’ en política se suele utilizar con objeto de aislar a una o más formaciones políticas, como pienso que dejo manifiesto. En cambio utilizo la expresión ‘CORREDOR DE ENTENDIMIENTO POLÍTICO’ en la pregunta final para expresar que hay que abrir cauces de diálogo pensando en el bien común de los ciudadanos.

Tengo claro que está en sus manos decidir cómo titulan los escritos que les remitimos los lectores al aceptar las condiciones de publicación. Sin embargo, en está ocasión, como me ha parecido inadecuado el que han escogido, considero que tenía que poner en su conocimiento la discrepancia. A pesar de ello, no ha mermado la confianza de recibir el habitual buen trato que me han dispensado hasta ahora en posteriores escritos.

Saludos a toda la redacción y buen ánimo para afrontar los retos que derivan de una situación tan peculiar como la que estamos viviendo.

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