dilluns, 27 de setembre del 2021

Aunque no lo parezca

Pena capital al fin y al cabo

Parlamento europeo
Afortunadamente, muchos países del mundo han abolido el ajusticiamiento, la ejecución de la condena a muerte dictada por un tribunal. Sin embargo, la legislación de muchos de estos países –casi todos-, aunque no lo parezca, contemplan otras modalidades de pena capital sobre un ser humano sin que precisen habitualmente el dictamen de un juez.

Pena capital legal es, al fin y al cabo, la que se inflige a un ser humano no nacido, determinada teóricamente por la mujer gestante. Digo teóricamente porque no es extraño que en esa decisión pretendidamente deliberada –atendiendo al eufemístico ‘interrupción voluntaria del embarazo’- interfieran factores distorsionantes de la voluntad: presiones del entorno -familiar, social, profesional, cultural-, aislamiento, amenaza de abandono, falta de información sobre alternativas y efectos secundarios…

Pena capital legal, menos extendida por ahora, es también la eutanasia, aunque en este caso sea teóricamente autoimpuesta por quien va a perder la vida. Digo teóricamente porque en algunos casos es otro el que toma la decisión por él, haciéndose interprete unos deseos formulados en el pasado –reales, supuestos o ficticios-, cuando no está en condiciones de poderlos aseverar. También por la presión psicológica a la que se puede verse sometido, haciéndole ver -más o menos sutilmente- que su estado de salud es una carga excesivamente devoradora de recursos humanos, económicos y sociales. Tampoco se le suele ofrecer un tratamiento paliativo eficaz que le prepare física y psicológicamente para sobrellevar el trance de su maltrecha situación de la mejor manera posible.

Así como el ajusticiamiento suele ser un acto público, las otras modalidades de pena capital se reservan al entorno íntimo y privado de un centro de salud. Y es al personal sanitario, aquel que teóricamente debe velar por preservar la salud de los pacientes, el encargado de ejecutarlo dentro de los parámetros legales que se han establecido. Muchos profesionales de la sanidad consideran que no son actos propiamente médicos y que contravienen los principios básicos de su profesión, negándose a realizar estas prácticas acogiéndose a la objeción de conciencia. Saben que se exponen a que se complique su empleabilidad y sus posibilidades de promoción, porque recae sobre ellos la presión de muchos políticos y otros actores para vencer su resistencia a realizar estas prácticas.

Hay una intensa campaña instada por organismos internacionales, con la ONU a la cabeza, para que la práctica del aborto se extienda a todos los países del planeta utilizando para ello múltiples estrategias, entre ellas algunas coactivas y engañosas con países con una situación económica precaria. Corolario de este malsano interés es el informe Matić que ha aprobado el Parlamento Europeo. Su propuesta considera el aborto un derecho humano universal que requiere una atención médica esencial. Para él, la denegación del aborto supone una violación de los derechos humanos y una forma de violencia contra las mujeres. Es decir, no hay objeción de conciencia que valga para practicar un aborto. ¡Qué paradoja!: considerar derecho humano universal la eliminación de seres humanos y obligar a los médicos a ejercer de verdugos.

Predraj Matić
Predraj Fred Matić planteaba su propuesta con grandilocuentes manifestaciones la víspera de la votación: “mañana es un gran día para Europa y todo el mundo progresista. Mañana decidimos posicionar a Europa como una comunidad que elige vivir en el siglo XXI o XVII. No dejes que la historia nos recuerde como los últimos” (1). El arrogante afán redentor del político croata –y los que le han apoyado- obvia o desdeña la masacre que promueve, el progresivo endurecimiento de corazón que se produce en los profesionales que lo practican y el sufrimiento, presente y latente, que sufren durante largo tiempo muchas de las mujeres a las que se pretende liberar.

(1) Extraído de va https://www.ucv.es/actualidad/todas-las-noticias/artmid/5804/articleid/7283/derecho-a-matar-derecho-a-matarse-una-pandemia-moral-amenaza-a-europa-julio-tudela

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