Pena capital al fin y al cabo
Afortunadamente, muchos países
del mundo han abolido el ajusticiamiento, la ejecución de la condena a muerte
dictada por un tribunal. Sin embargo, la legislación de muchos de estos países
–casi todos-, aunque no lo parezca, contemplan otras modalidades de pena
capital sobre un ser humano sin que precisen habitualmente el dictamen
de un juez.
Parlamento europeo
Pena capital legal es, al fin y al cabo, la que se inflige a un ser humano no nacido, determinada teóricamente por la mujer gestante. Digo teóricamente porque no es extraño que en esa decisión pretendidamente deliberada –atendiendo al eufemístico ‘interrupción voluntaria del embarazo’- interfieran factores distorsionantes de la voluntad: presiones del entorno -familiar, social, profesional, cultural-, aislamiento, amenaza de abandono, falta de información sobre alternativas y efectos secundarios…
Pena capital legal, menos
extendida por ahora, es también la eutanasia, aunque en este caso sea teóricamente
autoimpuesta por quien va a perder la vida. Digo teóricamente porque en algunos
casos es otro el que toma la decisión por él, haciéndose interprete unos deseos
formulados en el pasado –reales, supuestos o ficticios-, cuando no está en
condiciones de poderlos aseverar. También por la presión psicológica a la que
se puede verse sometido, haciéndole ver -más o menos sutilmente- que su estado
de salud es una carga excesivamente devoradora de recursos humanos, económicos y
sociales. Tampoco se le suele ofrecer un tratamiento paliativo eficaz que le
prepare física y psicológicamente para sobrellevar el trance de su maltrecha
situación de la mejor manera posible.
Hay una intensa campaña instada por organismos internacionales, con la ONU a la cabeza, para que la práctica del aborto se extienda a todos los países del planeta utilizando para ello múltiples estrategias, entre ellas algunas coactivas y engañosas con países con una situación económica precaria. Corolario de este malsano interés es el informe Matić que ha aprobado el Parlamento Europeo. Su propuesta considera el aborto un derecho humano universal que requiere una atención médica esencial. Para él, la denegación del aborto supone una violación de los derechos humanos y una forma de violencia contra las mujeres. Es decir, no hay objeción de conciencia que valga para practicar un aborto. ¡Qué paradoja!: considerar derecho humano universal la eliminación de seres humanos y obligar a los médicos a ejercer de verdugos.
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| Predraj Matić |



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