dilluns, 13 de setembre del 2021

El señuelo de la multitud

Crecer con medida

El tema destacado que aborda la tercera y última temporada de la serie televisiva danesa Borgen es la creación de un nuevo partido político por la ex primera ministra, Birgitte Nyborg, que ha abandonado su anterior formación desencantada por el rumbo que están marcando sus actuales dirigentes. La relevancia Nyborg y las expectativas que ofrece el nuevo proyecto atraen a muchos que ven la posibilidad de que encajar sus ideas políticas en la nueva organización. La sede social se convierte en un guirigay de entusiastas propuestas discordantes que aspiran a formar parte del ideario del nuevo partido. Tras reunirse con el núcleo duro de la formación, Nyborg, llama la atención de los concentrados para exponerles las líneas maestras que identificarán al partido, que contrastan con algunas de las propuestas que se están impulsando, propiciando el abandono de bastantes de los allí reunidos que ven frustradas sus expectativas.

‘¿Queréis ser más? ¡Sed mejores!’ Tengo grabada esta frase que oí desde hace mucho tiempo. El deseo por contagiar a muchos lo que a uno le ilusiona, le llena de entusiasmo, da sentido a su vida; aquello por lo que considera que merece la pena comprometerse y luchar, es un noble anhelo. La fecundidad de un ideal produce una satisfacción indescriptible. Pero el afán de expansión puede pervertir en ocasiones el fundamento, la multitud se convierte en un señuelo que arrebata o difumina la razón de ser del ideal. A muchas organizaciones sociales, culturales, religiosas, políticas… el éxito numérico de adhesiones les aboca a desnaturalizarse; tener muchos seguidores se convierte en más importante que el por qué y el para qué están; pensando que si son más es que lo están haciendo bien, aunque acaben por no saber lo que realmente son en realidad; a fuerza de bailar al compás de la moda pierden el atractivo característico de sus señas de identidad.

En estas palabras se conjuga la experiencia vivida y la observación. Pensé en ello tras leer y oír el discurso de Jesús sobre el pan de vida que provoca una estampida de seguidores: “es dura esta enseñanza, ¿quién puede escucharla?”. Por si fuera poco, a continuación Jesús pregunta a sus apóstoles si quieren seguir el mismo camino –como publicista tendría poco futuro hoy en día-. Los apóstoles, aunque probablemente no entendieron la profundidad del mensaje, se fían de él –la fe no es evidencia- y Pedro toma la palabra en su nombre: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna, nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Santo de Dios.” A pesar de ello, el impulsivo y noble Pedro no quedará exento de que se le paren los pies cuando se pasa de frenada y recibir alguna reprimenda más. El seguimiento de Jesús, apto para todos los públicos, no es fácil: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame”. Hay una fuerte tendencia a olvidarse de ello o hacerse el distraído.

No se ha de perseguir aguar el buen vino para satisfacer a más paladares, sino educar los paladares para que sean capaces de apreciar y digerir el buen vino. La manera en que se sirva puede variar con el paso del tiempo, haciéndolo más presentable a los gustos del momento, pero su esencia permanece. Se puede pensar que esto aboca a la rigidez, al inmovilismo. Pero no es así. Los hábitos sociales cambian, pero hay elementos sustanciales en el ser humano que no, a pesar de los multimillonarios intentos de la idolatría tecnológica por desnaturalizarlo o robotizarlo.

Una iniciativa o un mensaje benefactor para las personas y para la sociedad, más aún si tiene carácter intemporal, puede proclamarse de distintas formas y, según el momento en que se produzca o la sensibilidad de quien lo proclame, poner mayor énfasis en una cuestión u otra, sin que ello conlleve perder su raíz, su fundamento. Si éste se pone en riesgo por el deslumbramiento que genera el ansia de una gran aceptación o seguimiento, aquello que constituía su razón de ser puede convertirse con mayor o menor rapidez en un guiñapo más o menos vistoso.

En las bíblias católicas consultadas
se omite el versículo 14
Otro fragmento evangélico puede ser propicio para ilustrar el argumento. Va dirigido a unos personajes determinados, pero es aplicable a todos, especialmente aquellos que dirigen organizaciones y asociaciones de carácter social, político, religioso, cultural…: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino de los Cielos! Vosotros ciertamente no entráis; y a los que están entrando no les dejáis entrar. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y, cuando llega a serlo, le hacéis hijo de condenación el doble que vosotros!

Para evitar que valiosos proyectos personales y colectivos que adquieren relevancia social se conviertan en una farsa, a la frase que iniciaba el segundo párrafo: ‘¿Queréis ser más? ¡Sed mejores!’, le iría bien complementarla con esta otra no apta para advenedizos: ‘y los que vengan han de querer y esforzarse por ser mejores’. 

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