divendres, 24 de desembre del 2021

Prestigiar lo bueno

Despojarlo de versiones estereotipadas

Quizá León Tolstoi dio una mala pista a las artes escénicas, como insinuaba un conferenciante, al iniciar Anna Karenina con la frase: «Todas las familias felices se parecen; las desdichadas lo son cada una a su modo.» (1) Algo que algún que otro cineasta ha dado a entender al justificar el tono escabroso de sus películas aduciendo que en caso contrario carecerían de atractivo para el espectador. En el voluminoso libro La tabla rasa, el psicólogo Steven Pinker parece corroborarse esta sensación: «el bien y el mal son asimétricos: hay más formas de dañar a las personas que de ayudarlas, y los actos dañinos pueden herirlas en un grado mayor de lo que los actos virtuosos pueden hacer que se sientan mejor.» (2)

Esta visión del ser humano y sus relaciones contrasta con el principio que recoge Francisco Fernández-Carvajal: «El bien es atractivo por sí mismo. El mal produce rechazo, desconfianza.» (3) Tomás de Aquino reflexiona además en su obra cumbre sobre lo expresado por Dionisio: «el bien es difusivo de sí mismo y del ser» (4), es decir, no solo atrae sino que tiende a expandirse, a producir un contagio benefactor. Entonces, cabría preguntarse por qué la manifestación de lo dañino, lo pernicioso, lo agrio, lo áspero, está tan presente en el mundo audiovisual, en internet y en las redes sociales. ¿Por qué tiene tanto seguimiento, tanta audiencia?

Hace tiempo que pienso que uno de los motivos es que hay un factor psicológico por el cual tendemos a rechazar aquello que nos compromete y acoger a lo que nos exonera. Podemos interpretar el bien (la virtud) que observamos en otro como una acusación hacia nuestra conducta y reaccionar buscando la manera de ensombrecerlo en lugar de que nos sirva como acicate para mejorar. Sin embargo, contemplar las manifestaciones explícitas del mal -perversión, corrupción, insultos, discordias…-, siempre que no nos perjudiquen directamente, parecen tener un efecto liberador que nos disculpa de transgresiones, deslices y enredos en que hayamos incurrido.

Billie Eilish
Pero el alivio que se experimenta de esta manera no es inocuo, porque tiene efectos perturbadores: encallece el gusto por lo bueno e incita a la morbosidad, como experimentó la joven cantante californiana Billie Eilish, que cuenta con millones de seguidores, que declaró en el programa ‘The Howard Stern Show’ de Sirius XM radio: «Creo que el porno es una vergüenza. Solía ver mucho porno, para ser honesta. Empecé a ver porno cuando tenía como 11 años… Creo que realmente destruyó mi cerebro y me siento increíblemente devastada por haber estado expuesta a tanta pornografía.» La información de CNN añade que dijo: “que sufría pesadillas porque parte del contenido que veía era muy violento y abusivo.” (5)

Billie se ha percatado de lo que le ha supuesto un uso inadecuado de las nuevas tecnologías, algo que está afectando a usuarios de edades cada vez más tempranas que ven alterada la percepción de lo bueno al adentrarse por vericuetos nocivos que les lastiman interiormente y emponzoñan la manera de relacionarse con los demás. Para no llevarse a engaño, conviene tener en cuenta que no son cosas que solo afecten a los niños, ninguno –tengamos la edad que tengamos- estamos inmunizados.

Tolstoi traslada la sensación de un estado de beatitud familiar cargada de previsibilidad y aburrimiento que la incapacita para ser motivo de una narración. También hay quien aplica el mismo criterio para referirse al cielo, no les vale con la expectativa que transmite san Pablo (6). La realidad poco tiene que ver con este planteamiento, porque todo lo bueno requiere esfuerzo y se ha de ir actualizando constantemente. Vivir la vida supone crecimiento, dinamismo, adaptación a las circunstancias cambiantes. La felicidad no es un molde ni un escaparate, casa mal con el acomodo, el apoltronamiento, la relajación… que se produce cuando uno se encuentra tan gusto que piensa que ya ha llegado a la meta. Lo que no se cuida se deteriora y solo apreciando lo bueno y observando la riqueza de sus múltiples matices se estará en condiciones de mejorarlo y disfrutarlo. Mientras vivimos estamos en camino, con sus luces y sombras; la bondad y felicidad que lo adornen nunca remitirán a situaciones estandarizadas.

(1) León Tolstoi, Anna Karenina, comienzo de la primera parte.

(2) Steven Pinker: La tabla rasa. Título original: The Blank Slate (2002). Editorial: Paidós – Colección: Transiciones, número 49 – 1ª edición (2003). Traductor: Roc Filella Escolà. 704 páginas. Primera parte, capítulo 1, página 32

(3) Francisco Fernández Carvajal: Pasó haciendo el bien. Ediciones Palabra - Edición Ebook. 350 páginas. Página 19

(4) Referencia de Tomás de Aquino a Dionisio en el capítulo IV De divinis nominibus, incluido en Summa Theologiae, Del bien, artículo 1 [1]  cuestión 4, respuesta 4. Recogido de https://tomasdeaquino.org/del-bien/

(5) Religión en Libertad 16-12-2021, https://www.religionenlibertad.com/personajes/52222985/billie-eilish-adiccion-pornografia-11-anos-cerebro.html,con enlace que remite a la información de CNN Entertainment del mismo día: https://edition.cnn.com/2021/12/15/entertainment/billie-eilish-porn-scli-intl/

(6) Referencia a 1ª Carta a los Corintios, capítulo 2, versículo 9: «según escrito está: “Ni el ojo vio, y ni el oído oyó, ni vino a la mente del hombre lo que Dios ha preparado para los que le aman.”»

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