Figuras, equipos
y el ‘sindrome de Apolo’
Miguel Induráin
ha sido un gran campeón de ciclismo al que le faltó por conseguir el campeonato
del mundo de fondo en carretera. Tuvo una gran oportunidad en la prueba que se
disputó en Colombia en 1995, pero antepuso asegurar la victoria de un miembro
del equipo. En el tramo final de la
prueba Abraham Olano contaba con una ligera ventaja sobre Induráin y dos
corredores más que formaban el grupo perseguidor. Afrontó los últimos metros
con una rueda pinchada, pero gracias a la estrategia del corredor navarro, que logró
imponer el ritmo a todo su grupo, pudo llegar victorioso a la meta. La reacción
que propició la actitud de Induráin no fue unánime: muchos alabaron su
generosidad, (1) pero otros tantos se la reprocharon, (2) porque había de haber
sido más egoísta mostrándose como el campeón que era, además había perdido la
oportunidad de obtener un galardón que engrandecía su palmarés. Sea como fuere,
la decisión de Induráin proporcionó el oro y la plata al equipo español en la
prueba. ¿Qué hubiera pasado si hubiese optado por ir a la ‘caza’ de Olano para
ganar? Quien sabe cómo se hubieran repartido las medallas.
¿Cuál debe ser el
papel y comportamiento de una figura dentro de un equipo? En los deportes
colectivos tener los mejores jugadores no asegura los triunfos de un conjunto;
hace falta que se coordinen bien y que cada uno dé lo mejor de sí mismo con la
mirada puesta en el objetivo del grupo. En los grandes clubs deportivos una de
las tareas principales del entrenador es gestionar el ‘ego’ de sus afamados y
millonarios jugadores.
Cuando se
concentran en un equipo componentes con un alto grado de preparación y
competencia, puede peligrar la cohesión y el objetivo común del grupo por la
actitud arrogante de algunos de sus miembros, que no quieren que su criterio quede
supeditado, lo que puede hacer ineficaz el trabajo del colectivo. Este fenómeno
aplicado al mundo de la empresa fue denominado ’síndrome de Apolo’ por R.
Meredith Belbin. ¿Puede enderezarse el rumbo una vez detectado el problema? La
propuesta consta de tres medidas: reconocimiento de las diferentes cualidades
personales, prescindir de los individuos excesivamente dominantes y poner al
frente del grupo un buen directivo con capacidad para integrar, estimular y
propiciar una comunicación fluida. (3)
En las escuelas
cada vez se da mayor importancia al trabajo colaborativo, que puede ser tener
efectos sinérgicos si está bien aplicado. No se trata de anular la
individualidad sino potenciar las cualidades personales poniéndolas al servicio
de los demás. Un enriquecedor feed-back.
(3) He tomado como referencias el artículo de María Martín-Lunas
El ‘síndrome de Apolo’ en la empresa
publicado en Expansión el 4 de enero de 1992 y el contenido de los enlaces http://historias-de-jp.blogspot.com.es/2010/03/el-sindrome-de-apolo.html y http://spanishpmo.com/index.php/el-sindrome-de-apolo-en-la-oficina/
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