dimecres, 16 de novembre del 2016

Pudo más la aversión

Palabras que pudieron hacer mella

Bernardo Erlich
Mi amiga y antigua compañera de clase Ana compartió en Facebook la publicación de Alex Picazo, que reproducía una viñeta de Bernardo Erlich. Junto a la barra de un bar dos hombres con sus carteras y consumiciones sobre el mostrador y la prensa en sus manos. Quien echa una ojeada a la televisión dice “Cuanto más veo la tele, leo los diarios y oigo la radio menos entiendo lo que pasa”. Y el que está hojeando el periódico le contesta “Esa es la idea”. Introduje un comentario: “O sea, si te quieres enterar aprende a seleccionar y, además, que tengas acierto en la elección.” Y Ana respondió con tino: “Yo diría mejor, aprende a discernir. Con el bombardeo informativo es más saludable filtrar”.

Mucho discernimiento hará falta para entender lo que ha ocurrido en las elecciones USA. Hillary tenía aparentemente todo a su favor: amplia trayectoria política, experiencia en cargos de responsabilidad, conocimiento profundo de la administración, apoyo casi unánime de los medios de comunicación tanto nacionales como internacionales… y enfrente un contrincante inédito políticamente al margen de su candidatura, que además se superaba a diario por mostrarse más antipático a amplios sectores de la sociedad con sus hirientes, zafias y groseras declaraciones.

Trump y Clinton
A pesar de ello las encuestas vaticinaban un resultado más apretado de lo esperado a favor de la candidata demócrata, que arrastraba un alto grado de impopularidad. Algunos comentaristas políticos decían que los estadounidenses iban a votar entre ‘susto o muerte’. Una vez conocido el resultado se puede colegir que se ha preferido, según la imagen que se proyectaba de los candidatos, ‘lo peor por conocer’ -en la práctica- a ‘lo malo conocido’.

Probablemente le hubiera ido mejor a Clinton enfrentarse a un candidato convencional. Pienso que la campaña ha mostrado que no estaba suficientemente preparada para contrarrestar la estrategia de Trump, que consiguió llevar el discurso a su terreno.

Olga Merino
Francisco Robles
¿Por qué la candidata Hillary generaba tanto rechazo? ¿Por su pasado? ¿Por su personalidad? La periodista y escritora Olga Merino destacaba la ambición atrofiada por ir acompañada de autosuficiencia, arrogancia y desprecio. (1) Algo parecido resaltaba el periodista Francisco Robles cuando respondía “porque los mira desde arriba” al comentario de su contertulio Antonio Papell, que exponía que había fracasado (electoralmente) con las mujeres y las minorías negras y latinas. (2)

Cabe enmarcar en este contexto las elocuentes palabras que Hillary Clinton pronunció en la cumbre anual de la organización Women in the world el 24 de abril del pasado año: Los códigos culturales profundamente arraigados, las creencias religiosas y las fobias estructurales han de modificarse. Los gobiernos deben emplear sus recursos coercitivos para redefinir los dogmas religiosos tradicionales”.  (3) O sea, decididamente partidaria de la imposición ideológica desde elites políticas, organismos internacionales y grandes fortunas que andan empeñadas en esta tarea desde hace bastante tiempo, pretendiendo implantar su credo en todos los países, pasando por encima –despreciando- sus tradiciones culturales y religiosas.

No se ha hecho apenas publicidad de estas explícitas pretensiones, pero quizá su actitud no ha pasado desapercibida a muchos votantes, que quizá han recordado el texto bíblico:  “No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo a la Gehena”. (4) O, simplemente, no quieren que el primer mandatario de su país se proponga como objetivo dirigir sus vidas y decirles cómo tienen que pensar.

(3) Intervención completa de Hillary Clinton: https://hillaryspeeches.com/2015/04/24/women-in-the-world-summit-3/
Resumen informativo en español: https://www.youtube.com/watch?v=17sG5Aj79Ww
Artículo en la prensa española basado en estas palabras:
(4) http://www.vatican.va/archive/ESL0506/__PUK.HTM (Evangelio de San Mateo 10, 28)

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